Después de pasar por el Festival de Berlín, donde ganó el Premio Teddy (que distingue a la mejor película de temática LGTBI del certamen), se ha presentado en el Festival de Málaga Iván & Hadoum, la ópera prima de Ian de la Rosa.
El largometraje, ambientado en los invernaderos de Almería, se presenta como un relato clásico de amor con protagonistas poco habituales: ella, una joven hispano-marroquí (a la que insultan llamándole ‘la mora’), y él, un hombre transgénero, convirtiéndose e una propuesta que desafía las narrativas predecibles al centrar la acción en un entorno marcado por la explotación laboral y las tensiones identitarias.
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La historia de Iván (interpretado por Silver Chicón) y Hadoum (Herminia Loh) se desarrolla en el marco de un invernadero del sur español: Iván trabaja en un puesto inferior en la empresa familiar, mientras Hadoum, tras sufrir un accidente laboral (ejerce de ‘envasadora’) en la cadena, se erige como una voz combativa entre los empleados.
Una historia de amor sin artificios
El vínculo romántico entre ambos tiene la particularidad de trascender los conflictos de género y de origen para enfrentarse a obstáculos más sutiles pero igual de determinantes, como las diferencias jerárquicas, la desigualdad y la presión empresarial.
Iván & Hadoum no se limita a relatar el tránsito de género ni la problemática de la inmigración. La cinta articula una historia de amor al mismo tiempo que explora cuestiones como el racismo, la rebelión frente a la autoridad y el arraigo a una tierra de contrastes sociales y culturales.
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“Quería hacer una historia de amor clásica con personajes que no lo son. Dentro de eso, estaba el chico transgénero, que se aproximaba a mí a nivel personal como persona ‘trans’ que soy. Y luego estaba la intención de ir más allá del género y llegar al concepto de lo transcultural, que tiene que ver con el background o con orígenes culturalmente diferentes, entre los que suele haber conflictos y prejuicios. Y unir todo eso a través del amor”, cuenta Ian de la Rosa a Infobae.
Evitar los clichés en torno a lo ‘trans’
La narrativa evita deliberadamente el dramatismo extremo y las representaciones binarias de conflicto. Así, los personajes centrales conviven en un ambiente donde la afabilidad y el respeto parecen la norma, evitando los clichés de familias tradicionalistas o intolerantes.
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Esta elección narrativa permite que las tensiones surjan de forma menos explícita y más estructural: las diferencias de poder, el condicionamiento económico y la posición del inmigrante y del hombre trans dentro de una estructura social conservadora emergen como los verdaderos generadores de conflicto. El hecho de que la aceptación de Iván dependa de su capacidad para asumir decisiones duras y que Hadoum deba mantener un perfil bajo para ser tolerada, constituye el núcleo de una reflexión más amplia sobre los límites de la integración en entornos todavía marcados por la desconfianza y la desigualdad.

El tiempo dedicado a la gestación de Iván & Hadoum es una constante que atraviesa la visión del director: Ian de la Rosa ha explicado que el proyecto le persigue desde hace once años, y que solamente al cabo de ese proceso ha logrado plasmar su perspectiva sobre los cuerpos y los relatos que deseaba trasladar a la pantalla. Una aspiración que superar los arquetipos y nos devuelve la verdad más íntimaa unos espacios condenados, a menudo, a cumplir un papel accesorio en el cine.
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Tanto en la dirección como en la puesta en escena, De la Rosa opta por una aproximación ‘observacional’, manteniéndose al lado de los personajes y evitando en todo momento el énfasis retórico o el conflicto explícito.
Así, la película se impregna de una humanidad singular, respetando incluso las contradicciones y esclareciendo que la diferencia entre “los que tienen y los que no”, o entre “los españoles y los inmigrantes” se hace especialmente notoria al abordar cuestiones de dinero y poder.

La zona de Almería donde se tiene lugar la película se convierte también en un personaje más. “Almería tiene también para mí una cosa ‘trans’. Es un lugar bisagra entre Europa y África y alberga diferentes culturas que se reúnen en esa pequeña esquina del mundo maravillosa”, dice el director.
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El resultado es una obra marcada por una sinceridad desprovista de artificios, que enfrenta los peligros de la convivencia y las amenazas latentes desde una perspectiva deliberadamente realista y sin concesiones al tremendismo. “Yo quería hacer una película en la que los cuerpos ‘trans’ fueran deseados, poniendo de manifiesto las contradicciones de la sociedad y el sistema en el que vivimos. No quería que hubiera didactismo sino que fuera una carta de amor. Creo que el deseo es una fuerza poderosa y motor de una revolución”.
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