Elvira Sastre, escritora: “He descubierto que hay cosas que las palabras no pueden contar”

La poeta y novelista publica ‘En defensa de la memoria’, un íntimo álbum fotográfico en el que, a través de imágenes y textos, reflexiona sobre temas como el amor, los recuerdos, el duelo y el poder de la escritura

Guardar
La escritora Elvira Sastre publica
La escritora Elvira Sastre publica 'En defensa de la memoria'. (Archivo autor / cubierta de Alfaguara)

Sucedió hace años, aunque no recuerde cuántos exactamente y ni el libro ni la idea del libro existieran. Por aquel entonces, Elvira Sastre ya llevaba siempre una cámara consigo y se encontraba en París. Allí, visitó una exposición (sobre quién es algo que tampoco recuerda) donde se vio cautivada por una imagen con unas cuantas palabras escritas en su superficie: “El fotógrafo hacía referencia a que ese día su hermana se puso de parto y, como él estaba lejos y no podía ir, decidió ir al mar y hacer una foto para, en un futuro, enseñarle a su sobrino cómo estaba el mar cuando nació. Pensé: ‘Voy a hacer esto cuando tenga un sobrino’”.

Así nació En defensa de la memoria (Alfaguara), un libro en el que las palabras complementan las fotografías analógicas que Elvira Sastre, conocida habitualmente por su exitosa carrera como escritora (además de ser una de las poetas más leídas de nuestro país, en 2019 ganó el Premio Biblioteca Breve por su primera novela, Días sin ti), lleva tomando desde hace mucho tiempo. Son imágenes de sus seres queridos, de los lugares que transita y, también, de los secretos que intuye allí donde no parece haber más que formas y preguntas sin respuesta.

Imágenes del interior de 'En
Imágenes del interior de 'En defensa de la memoria', de Elvira Sastre. (Alfaguara)

A partir de este particular álbum, se reconstruye silenciosamente una época en la que, nos cuenta, entendió la fotografía como un salvavidas con el que sobrevivir a la creciente certeza de que muchas personas importantes en su vida “iban a desaparecer”. “Afrontar esas emociones que tenía dentro suponía un esfuerzo emocional para el que no estaba preparada”, explica. Y, como afrontar para ella era escribir, en realidad En defensa de la memoria resultó ser, paradójicamente, un paréntesis en su escritura. “Sé y he descubierto que hay cosas que con las palabras no puedo contar”, dice al respecto.

Así, el libro se compone de imágenes de las que acaba naciendo el impulso de explicar tanto lo que se ve como lo que no. “Empecé a establecer una relación con la fotografía analógica, con todo lo que supone”, sigue. “La paciencia, la incertidumbre, la espera, los defectos y fracasos. Viéndolo ahora, creo que me dio bastante equilibrio en un momento de ansiedad por las cosas que podían pasar”.

Imágenes del interior de 'En
Imágenes del interior de 'En defensa de la memoria', de Elvira Sastre. (Alfaguara)

“No sé si se puede decir que uno acepta la muerte, pero claramente forma parte de la vida”

- Pregunta: ¿La fotografía se convirtió en una afición, una pasión o una obsesión?

- Respuesta: “Tiendo a ser muy obsesiva, y cuando algo me gusta o me entusiasma, no lo suelto. Yo creo que fue más como una pulsión. Me encantaba pasar por el proceso de espera a que llegaran los revelados, esa expectación. Me gustaba tanto que me enganché.

- P: ¿Existía la necesidad de convertir los recuerdos en algo físico?

- R: Sí. Yo creo que viene un poco del miedo, de la resistencia y la angustia un poco anticipatoria de las cosas con las que convivo e intento trabajar. En 2025 he tenido tres pérdidas muy grandes: mi perra, mi suegra y mi abuela. Venía también de las otras dos de mis abuelos, y de repente me vi existiendo en un mundo en el que ya no era nieta de nadie vivo. De ahí surgió la necesidad tremenda de capturar esos momentos, esos días y lo que vivimos. Recuerdo hacerle fotos a mi perra de forma compulsiva, como si pensara que cuando ella muriese, yo juntaría esas fotos y la podría armar de nuevo, tenerla de nuevo. En cierta manera es un poco así. Tengo muchas fotos de mis perros en casa, y es una manera de tener cerca todas esas emociones, más que a esos seres.

- P: ¿La muerte es todavía una herida abierta?

- R: Creo que, en el momento en el que hacía las fotos, la muerte estaba completamente rodeada de miedo. Pero el duelo y acompañar a quien está en el duelo me han hecho bajar mucho el ego que tenemos todos: te das cuenta de que no puedes salvar a todos los que querrías, y de eso también hablo un poco en el libro, de ese reconocimiento y de los límites. En el proceso creativo de este libro he hecho un poco las paces con eso. No sé si se puede decir que uno acepta la muerte, pero claramente forma parte de la vida, y claramente la vida sigue después.

Imágenes del interior de 'En
Imágenes del interior de 'En defensa de la memoria', de Elvira Sastre. (Alfaguara)

Una ventana abierta

- P: ¿Fue duro escribir En defensa de la memoria?

- R: Depende. En el libro quise también ser testigo de lo luminoso. Hago muchas fotos a mis sobrinos, del mayor he documentado toda su existencia. Estoy todo el día colgada de la cámara, y es algo que también me pone muy contenta: el poder de documentar el crecimiento de alguien, sobre todo cuando ese alguien es tan pequeño y su vida tan corta. El día que León nació, me fui al campo, a la sierra, a hacer fotos de cómo estaban las flores y de cómo estaba el cielo. Luego me fui al hospital y me puse a hacer fotos de absolutamente todo con la sensación de tener un propósito.

- P: ¿Has sentido la crianza de tus sobrinos como una suerte de maternidad?

- R: No. El papel de tía es muy divertido y no creo que eso tenga que ver con la maternidad en sí, aunque sí sea un inicio, una ventana a un camino que después será distinto. Es verdad que tengo un vínculo muy especial con mi hermana, y que el embarazo de León lo viví de forma paralela a ella. Exploto al máximo mis funciones de tía, pero es una sensación nueva e increíble. León me hace estar en el presente y es de los pocos que consigue que no quiera estar en otro sitio; no tengo otro lugar en el mundo en el que estar, y eso es algo que no me suele pasar a menudo.

- P: ¿Qué tipo de tía eres?

- R: (Resopla). La que hace el tonto todo el rato, la que inventa historias y entra en sus juegos, la que espera pacientemente que crezca porque quiere saber qué piensa.

Cubierta de 'En defensa de
Cubierta de 'En defensa de la memoria'. (Alfaguara)

El deseo de volver a cuando todo era posible

- P: Al final del libro, haces un alegato a favor de la memoria. ¿Es una reivindicación personal o colectiva?

- R: No me gusta imponer miradas ni maneras de existir. Todo lo que comparto es algo puramente individual, pero lo que pasa es que eso siempre está atravesado por algo colectivo. Prácticamente todo lo que hago lo está, aunque luego lo cuente desde mi punto de vista. Para mí, la memoria es una palabra que había que poner al lado de la palabra defensa, porque la memoria lo engloba absolutamente todo: es una manera de existir. Para mí es importante acordarme de mi familia, tener superpresentes a mis abuelos y todo el trabajo que hicieron, todas las cosas feas que pasaron y a las que se sobrepusieron trabajando para que mis padres, mi hermana, mis sobrinos y yo estemos en el mundo.

- P: En este libro, creo que habrá muchas personas que conecten contigo por el mero hecho de que la fotografía analógica ha vuelto a ser algo muy extendido.

- R: Yo lo veo mucho en gente de mi edad. Es esa nostalgia de la buena que tenemos. Nacimos siendo niños burbuja, niños muy especiales en mitad de toda esa cosa del progreso. Claramente nos lo creímos, sentimos que había un lugar al que llegar, y de repente, en mitad de todo, la crisis hizo que todo se viniera abajo. Somos una generación a la que se le hace poco caso. Prácticamente sin ayudas, con trabajos muy precarios, lo de la vivienda... Todo eso nos hace querer volver a la infancia, a cuando todo era posible. Creo que por eso ha vuelto la analógica, y que por eso nos refugiamos en series de nuestra adolescencia y nos resistimos un poco a esos avances tecnológicos para quedarnos en lo que conocemos. La incertidumbre es una putada, la verdad.

- P: Has dicho nostalgia de la buena. ¿Cuándo es nostalgia de la mala?

- R: Cuando miente. Cuando la nostalgia está torcida y manipulada. No me gusta cuando las palabras se pervierten y se gestionan mal, como también ocurre con la palabra libertad. Las palabras importan mucho y las pienso mucho antes de decirlas. Cuando eso se pervierte o se lleva a lugares feos que no me gustan, intento redefinirlas de nuevo.

Más de 200 fotografías de 23 películas invitan a repasar el Madrid de Almodóvar en Condeduque (Europa Press)

- P: Al principio de la entrevista decías que con la fotografía habías descubierto que hay cosas que las palabras no pueden expresar, pero ahora has defendido su importancia. ¿Cómo se concilia eso?

- R: No creo que sea la palabra la que tenga el límite expresivo. Somos las personas las que a veces atravesamos momentos en los que las palabras no alcanzan. Para alguien que escribe eso puede ser muy duro. Yo intento tener una buena relación con mi proceso de escritura: intento protegerlo, que no se cuelen ni el pudor ni la exigencia, aunque sea complicado, porque intento protegerlo más allá de que sea mi oficio. Entonces, cuando de repente atraviesas momentos en los que sabes que puedes usar palabras, que están a tu disposición, pero no te alcanzan a nombrar lo que te está pasando, vives ese momento con un poco de angustia. Hay gente que hace fotos, hay gente que canta, hay gente que pinta. Las palabras están ahí, pero depende de cada uno decidir si nos sirven del todo o necesitamos otras cosas.