
El estreno de la película de Cumbres Borrascosas ha supuesto un impacto inmediato en el interés por la obra de Emily Brontë. La autora, responsable de uno de los grandes clásicos de la literatura del gótico romántico, es a día de hoy una autora de referencia en la narrativa universal, al igual que sus hermanas, Anne y, sobre todo, Charlotte Brontë, a quien conocemos por su novela Jane Eyre.

Cumbres borrascosas
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Sin embargo, el éxito de las hermanas Brontë no fue inmediato ni igual para todas ellas. Si Charlotte no tardó en convertirse en toda una celebridad con su novela, tanto Agnes Grey como Cumbres Borrascosas serían duramente criticadas por buena parte de la crítica. En el caso de esta última, los ‘expertos’ veían en la complejidad psicológica de sus personajes (lo que hoy más se valora del libro) ciertas licencias morales poco toleradas en la época. Sería un siglo después, de hecho, cuando el libro empezara a valorarse como el clásico que es hoy.
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Además, si la historia de Cumbres Borrascosas y su autora no es la de un éxito repentino, tampoco lo es de una publicación sencilla. Al contrario, Anne, Charlotte y Emily Brontë tuvieron que sortear numerosos obstáculos para publicar sus respectivas novelas, entre ellas numerosas dificultades económicas, prejuicios y más de un rechazo editorial, que las empujó finalmente a financiar su propia publicación.
Un primer fracaso editorial
Las hermanas Brontë crecieron en una situación económica estable, pero muy ajustada. Hijas de un clérigo rural con ingresos modestos, carecían de cualquier tipo de capital propio y, como mujeres solteras en la Inglaterra victoriana, veían cómo sus opciones laborales se limitaban a ser institutrices o maestras. Esto no supuso un problema para Charlotte o Anne, pero sí para Emily, que detestaba profundamente esa vida y dimitía de todos sus empleos a los pocos meses.
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Desde muy jóvenes, las tres mostraron, al igual que su hermano Branwell Brontë, una fuerte vocación artística. Sin embargo, la idea de publicar un libro se antojaba casi imposible: las mujeres escritoras no estaban bien vistas ni desde un punto de vista literario (se creía que escribían peor que los hombres) ni social. Por ello, muchas autoras tenían que poner mucho dinero de su parte para que finalmente sus libros pudieran ver la luz... bajo pseudónimo, claro está.
Así ocurrió, de hecho, con el primer libro que publicaron las Brontë, un poemario cuyos costes de impresión pagaron ellas mismas. La cantidad total, según indica la Encyclopaedia Britannica, fue de “alrededor de 50 libras en total”, una cantidad bastante elevada para la época, que superaría hoy en día los 9.000 euros, y prácticamente prohibitiva para las mujeres.
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A pesar de esto, las hermanas Brontë ahorraron juntas varios meses y finalmente pudieron permitirse la publicación de ese poemario. Por desgracia, su obra fue considerada un fracaso estrepitoso, ya que solo consiguió vender un total de dos ejemplares, si bien eso las animó a pensar inmediatamente en un nuevo campo en el que probar suerte: el de la novela.

El acuerdo final para publicar y el trágico final de las hermanas
Poco más de un año después, en 1847, ya habrían salido las primeras ediciones de Jane Eyre, Cumbres Borrascosas y Agnes Grey. Eso sí, lograr este hito supuso una nueva odisea para las hermanas Brontë, que decidieron que aquella vez tenían que encontrar a un editor que, al menos, asumiera una parte de los gastos de impresión de las novelas. Charlotte lo consiguió de la mano de Smith, Elder & Co., una editorial que vio en su libro un gran potencial. Sin embargo, Emily y Anne tuvieron que conformarse con Thomas Catley Newby, un editor de mucho menor rango que les pidió otras 50 libras a cambio de que, si conseguían vender 250 ejemplares, les devolvería ese dinero.
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Esta cifra fue alcanzada por Jane Eyre, que incluso llegó a agotar todas sus ediciones y despertó una gran curiosidad por los hermanos Bell (pseudónimo que utilizaban las tres Brontë), pero no por las novelas de sus hermanas, que enfrentaron duras valoraciones de sus respectivos libros. Lamentablemente, a los pocos meses fallecería Emily, quien no llegó a intuir que su novela sería considerada una obra maestra. Su identidad como escritora se conocería, también, tras el deceso.
Por si fuera poco, Anne Brontë también fallecería en aquella época, concretamente en 1849, mientras que Charlotte (embarazada) lo haría en 1855, haciendo que ningún miembro de la familia llegara a alcanzar los 40 años y que todos ellos murieran de tuberculosis, una enfermedad con una mortalidad altísima en la época, ya que aún no se había descubierto la bacteria que la provocaba. Eso sí, en 1850, Charlotte publicaría una biografía de sus dos hermanas escritoras, revelando cómo había sido todo el proceso de escritura de sus obras y aportando una nueva edición de ellas.
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