El cine español continúa tachando casillas en su to-do list; algunas de ellas impensables hace apenas unos años. La última ha sido construir un universo heredado de la ficción que reinó el año pasado a nivel mundial, también en el plano nacional: F1. La película protagonizada por Brad Pitt logró arrastrar a 1,2 millones de españoles a las salas y recaudar cerca de diez millones de euros. El pasado 23 de enero, España, de la mano de Warner, llevó a los cines Ídolos, una ficción que toma lo mejor de nuestra propia Fórmula 1, el Mundial de MotoGP.
Protagonizada por Ana Mena y Óscar Casas, junto a Enrique Arce (La casa de papel), el italiano Claudio Santamaría (Casino Royale) y dirigida por el británico Mat Whitecross, la película sigue a Edu (Casas), un joven piloto de motos marcado por su agresividad que recibe una última oportunidad en el Mundial de Moto2 bajo la tutela de su padre (Santamaría), del que lleva años distanciado.
La ambición del proyecto —con el permiso de la cinta ahora nominada al Oscar— ha tardado cerca de una década en salir a la luz. “Seguro que hay mucha gente que quiso hacer esta película antes”, cuenta Whitecross, que asegura que no sabe si “hablar de este proceso como un sueño o una pesadilla, porque fue increíble”. El guion y la producción llevan la firma de Jordi Gasull, que, como explica el director, ha pasado años “ganándose la confianza de todos los de Dorna [empresa organizadora del Mundial de Motociclismo] y de los pilotos”.

El director llegó al proyecto como un triple extranjero: al cine español —es una producción hispano-italiana-, al idioma y al universo MotoGP. Pese a que su madre es argentina y él es británico de nacimiento, aprendió español en pleno rodaje. Se le nota el acento mientras conversa con Infobae en una de las habitaciones del VP Plaza España, una semana antes del estreno de la cinta, cuyo primer fin de semana ha recaudado 680.102 euros. “He hecho documentales en el pasado sobre deporte, uno sobre boxeo y otro sobre los Juegos Paralímpicos, pero el mundo de MotoGP es como viajar a otro planeta”, reconoce.
El director venía de trabajar con bandas como Coldplay y Oasis en sus respectivos documentales Coldplay: A Head Full of Dreams (2018), y Oasis: Supersonic (2016). Por si fuera poco, la banda que interpreta el himno Viva la vida promocionó la cinta en su Instagram el mismo día de su estreno. Pero ¿qué tienen en común la música y el deporte? “Cuando yo veo un deporte es que conecto con los protagonistas”, apunta.
“No quería que la gente pensara que esto es solo una película de motos”
Esa misma lógica fue la que marcó su aproximación a Ídolos. “No quería que la gente pensara que esto es solo una película de motos”, insiste. “En realidad es una historia de amor”, asegura, que se articula en dos direcciones: la relación rota entre padre e hijo y la historia sentimental entre Edu y Luna, el personaje interpretado por Ana Mena (y que ha traspasado la pantalla). “La película habla de cómo se pueden superar no solo los obstáculos de un deporte, sino también los obstáculos que tenemos en las relaciones familiares y de pareja. Y yo conecté con eso primero y después las motos”, resume.
“Cuando al principio había menos historia entre Edu y Luna, quise enfocarme más en esa relación”, explica Whitecross, especialmente cuando supo que los protagonistas serían Casas y Mena. “Había una magia entre ellos y necesitábamos salir un poco del mundo de MotoGP para mostrar otro aspecto del personaje”.

De hecho, Óscar mandó un vídeo a Whitecross haciendo una carrera por el desierto con su hermano, Mario Casas. “Yo sabía que lo podía hacer, pero una cosa es montarse en una moto de calle y otra una MotoGP. Es como subir a un avión”, y explica que el menor de los Casas entrenó con el Team Aspar en Valencia, dónde el último día tuvo “un accidente horrendo”.
¿Y qué tenían Ana y Óscar para interpretar estos papeles? El cineasta lo tuvo claro desde el primer encuentro. “Estaba mirando sus películas y me encantó. Hay algo muy mágico, algo que las estrellas tienen, y nos enganchamos inmediatamente”, dice sobre Casas. “Tiene algo muy vulnerable. No es una estrella de acción. Tiene algo muy real, muy de la calle, y eso me atrajo”.
Con Ana Mena, el flechazo fue similar. “Hacía tiempo que no actuaba, porque es una estrella de la música, pero tenía mucha pasión por este proyecto y por el cine”, recuerda, puesto que ya la había visto en otros trabajos, como en La piel que habito, de Pedro Almodóvar, donde actuó de adolescente.
Para Enrique Arce y Claudio Santamaría, Ídolos se construyó desde dentro del paddock, el centro de operaciones donde se encuentran los técnicos. Literalmente. Ambos actores se empaparon del mundo real del MotoGP conviviendo con pilotos, mecánicos y sus respectivos equipos durante el rodaje.
Santamaría, que interpreta al padre del protagonista, recuerda que uno de sus principales referentes fue Valentino Rossi. “En Italia es un dios”, afirma. “Rodar ahí fue muy importante porque todos nos decían como mirar, cómo hablar”, explica a Infobae el italiano, que intenta expresarse en español. Para lograrlo incluso se modificaron líneas del guion tras consultar con miembros reales del circuito para comprobar si lo que se decía “era real”. La experiencia fue tal que incluso se subió con Fonsi Nieto a una moto como pasajero en pleno circuito de Misano, alcanzando los 250 kilómetros por hora. “Cuando salí de ahí comprendí algo muy fuerte de mi personaje”, asegura. “Hay una locura, una manera de vivir diferente. Todo el tiempo hay una confrontación con la muerte”.

Arce, por su parte, reconoce que partía con la ventaja de su afición al motociclismo. “Soy un gran fanático, sobre todo de los pilotos valencianos”, explica, y al igual que su compañero de reparto, durante el rodaje recurrió en numerosas ocasiones a figuras como Jorge Martínez o Fonsi Nieto para resolver dudas.
Más allá del espectáculo, ambos actores coinciden en señalar una diferencia clave respecto a las grandes producciones internacionales. “La diferencia es el dinero y el tiempo”, apunta Santamaría, que ha trabajado en producciones como Casino Royale, la primera misión de James Bond protagonizada por Daniel Craig. “Creo que Hollywood tira dinero por tirar. Muchas veces me ha dado esa sensación de decir: 'Joder, esto en España lo hubiéramos hecho con la mitad o menos y hubiera salido igual de bien'”, explica Arce, que saltó al terreno internacional tras el éxito que le generó ser Arturo Román en La casa de papel, con participación en producciones como Criminales en el mar 2 junto a Adam Sandler y Jennifer Aniston, o Terminator: Dark Fate.
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