
El fallecimiento del maestro de la alta costura Valentino Garavani, a los 93 años, ha desatado un torrente de recuerdos sobre su larga trayectoria en la moda, desde sus icónicos vestidos rojos hasta su inesperada aparición cinematográfica en El diablo viste de Prada. Su breve pero recordado cameo en la película —en la que aparece como él mismo saludando a Miranda Priestly— encapsula una curiosa anécdota del cine y la moda que aún hoy resuena en Hollywood y París.
La escena de Valentino en la película casi no existe. Según el relato de David Frankel, director del film, y de la guionista Aline Brosh McKenna, recogido por testimonios de la producción, la idea de incluir a diseñadores reales era un sueño para dar autenticidad al universo de Runway (la revista ficticia del largometraje). Pero casi todos dijeron que no. En una divertida anécdota que la guionista ha contado varias veces, Wendy Finerman, la productora, se acercó a Valentino en una fiesta la noche antes del rodaje y le preguntó directamente: “¿Te gustaría estar en nuestra película mañana?”. Valentino, con su característico aplomo, aceptó al instante, encantado con la idea de trabajar junto a Meryl Streep y el resto del elenco.
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En la película, Valentino aparece brevemente detrás del escenario de un desfile en París. Caminando entre bastidores, se acerca a Miranda Priestly (Streep) y la saluda diciendo: “Miranda, cómo estás? Qué gusto verte. Gracias por venir. ¿Te gustó la colección?”. Luego se vuelve hacia Andy Sachs (Anne Hathaway) con una sonrisa elegante, un gesto mínimo pero cargado de significado. Esa línea, aunque simple, fue filmada con cariño. Valentino sabía que no estaba allí para “actuar”: su presencia genuina aportaba un grado de realismo al mundo de la moda que pocas veces se había visto en el cine. La escena no sólo funciona como un guiño a los aficionados de la moda, sino también como un símbolo del respeto mutuo entre la industria y la cultura popular.

“Estar allí me dejó sin palabras”
Para Anne Hathaway, la experiencia fue inolvidable. En entrevistas recientes sobre moda y alfombras rojas, la actriz recordó que conoció a Valentino en el set y se sintió literalmente “starstruck” (“impactada y emocionada”), como ha contado al medio WWD. Hathaway explicó que ese encuentro marcó el inicio de una relación duradera: con el tiempo, Valentino llegó incluso a diseñar su vestido de novia en 2012, en un gesto que describió como “increíblemente generoso”.
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En aquel mismo recuerdo, Hathaway evocó cómo pasó la mañana en el rodaje con Valentino y su socio Giancarlo Giammetti, describiendo la experiencia como “asombrosa” y uno de esos momentos que nunca olvidarías en una carrera artística. Lo curioso de este cameo es que, pese a la fama de la cinta y su tono satírico, muy pocos diseñadores aceptaron participar. Según testimonios del equipo de producción de la película, muchos temían que aparecer como ellos mismos pudiera tener repercusiones en el mundo real, especialmente por la vinculación del personaje de Miranda Priestly con figuras influyentes como Anna Wintour. Valentino, sin embargo, nunca tuvo ese problema. En una entrevista de 2005 con AFP, él mismo comentó que era “un honor compartir escena con una mujer que ha sido nominada tantas veces al Oscar”.
El cameo de Valentino en El diablo viste de Prada puede parecer pequeño, pero su impacto se siente décadas después. No solo ayudó a dar autenticidad a una de las películas sobre moda más queridas de los últimos años, sino que también simboliza la apertura de un mundo tradicionalmente exclusivo hacia la cultura popular global. Con su muerte, esa escena cobra un nuevo significado: ya no solo es un cameo cinematográfico, sino un recordatorio de cómo un diseñador legendario supo mezclar glamour, generosidad y sentido del humor para dejar su huella tanto detrás como delante de las cámaras.
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