
La publicación de Diario de una mudanza, de Inés Garland, supuso un auténtico acontecimiento en su país de origen, Argentina. Y no es para menos. Pocas autoras se han atrevido a contar desde la más profunda intimidad y con un calado tan literario una experiencia tan física y emocional como es el climaterio y la menopausia.
Pero no solo eso, sino también a la hora de hablar del deseo femenino en la madurez, algo que no siempre se cuenta de la manera adecuada porque, como la propia autora dice, a partir de los 50 años, la mujer se ha invisibilizado tanto en la literatura como en la propia sociedad.
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La génesis de Diario de una mudanza fue un proceso largo y fragmentario, compuesto por anotaciones, cartas y recuerdos que, durante años, no parecían tener un destino claro. Así, según cuenta la propia autora, la escritura surgió de una correspondencia con una amiga y de la necesidad de explorar los cambios físicos y emocionales que atravesaba en ese momento: la menopausia y una mudanza de casa.
Mudar de piel en la menopausia
“Yo escribo muchas notas, de lo que me pasa y de lo que no entiendo, o de lo que no entiendo que me pasa”, cuenta la autora a Infobae España. “En un momento dado, me di cuenta de que solo hablaba en mis diarios de temas relacionados con el cuerpo, con ciertas ofensas y heridas. Y ahí me di cuenta de que estaba pasando algo que tenía que contar”.
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El resultado es un texto híbrido, que cruza relatos de viajes, confesiones, citas literarias y memorias, y que, según Garland, solo podría haber escrito en su edad actual, por la perspectiva vital que aporta.

Uno de los ejes centrales del libro es la menopausia, en efecto, un tema que Garland considera aún tabú en la sociedad. “Creo que las mujeres nos hemos acostumbrado al desconocimiento de nuestro propio cuerpo por una cuestión social y cultura, incluso médica. Cuando vamos al ginecólogo se subestiman nuestros síntomas, no nos hacen caso. Y si les preguntas a las generaciones anteriores, siguen teniendo pudor a la hora de hablar de todo esto. Hay como una vergüenza arraigada“.
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La autora ha insistido en la importancia de hablar abiertamente sobre la sexualidad y la vejez, y ha lamentado que la cultura siga promoviendo una visión desconectada y superficial del sexo, especialmente entre los jóvenes.
Garland también aborda la relación con el propio cuerpo y la inseguridad que acompaña a muchas mujeres, incluso a aquellas que desde fuera parecen seguras.“Somos carne de cañón para el consumo. Hay algo atávico relacionado con la belleza de la mujer como objeto. Y eso genera miedos e incluso desprecio”.
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La escritora reflexiona sobre de qué forma la sociedad nos somete de acuerdo a esos dictados y cánones. “Una mujer que se siente bella, que no necesita de la aprobación de los demás, es poderosa”, afirma.
Libertad, maternidad y vínculos
Garland explica que la libertad es un tema transversal en su obra, tanto en el plano personal como en el colectivo. Así, señala que ha tenido que romper con los mandatos familiares y las “jaulas” heredadas de generaciones anteriores, que limitaban la autonomía de las mujeres. “Me la gané con muchísimo esfuerzo mi libertad. Y romper el karma familiar de las mujeres de mi familia, que era básicamente estar sometidas a un hombre”, ha afirmado.
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La maternidad y la relación entre madres e hijas ocupan un lugar destacado en Diario de una mudanza. Garland comenta que compartió el manuscrito con su hija antes que con nadie, ya que algunas escenas se inspiran en vivencias compartidas. Su hija, según ha relatado la autora, le animó a publicar el libro y a compartir esas experiencias con otras mujeres jóvenes.
En el libro, los hombres también tienen un papel relevante, tanto en el pasado como en el presente de la protagonista. Garland ha abordado el dolor, el placer y la violencia en las relaciones, y ha reconocido que la escritura le ha permitido explorar emociones profundas y a veces dolorosas. “La escritura te lleva a lugares de una honestidad brutal”, cuenta.
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Además, ha defendido la necesidad de abrir el diálogo entre mujeres y hombres sobre el cuerpo, el envejecimiento y la sexualidad, y ha lamentado que los hombres no siempre se interesen por la perspectiva femenina.
El proceso de escritura y la recepción del libro
El proceso de creación de Diario de una mudanza ha sido largo y exigente. Garland cuenta que tardó seis años en dar forma al libro, que lo fue construyendo como un rompecabezas a partir de fragmentos dispares. Ha contado que recibió comentarios y sugerencias de varias personas de su entorno, lo que le ayudó a afinar el texto y a decidir qué materiales incluir o descartar.
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La recepción del libro ha sido magnífica, especialmente entre las lectoras, que han agradecido a Garland la honestidad y el humor con que aborda temas íntimos y universales. Así, muchas mujeres le han escrito para decirle que se sienten acompañadas y comprendidas, y que se han reído leyendo el libro sintiéndose identificadas. También ha recibido mensajes de mujeres jóvenes que valoran la forma en que habla del cuerpo y de la experiencia femenina.
“En el climaterio aparece nuestro yo más furibundo. Ya no nos apetece agradar, estamos hartas y queremos decir lo que pensamos”.
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