El inicio con un sinfín de relojes, la primera aparición del DeLorean, la llegada al Hill Valley de 1955, el baile del Encantamiento Bajo el Mar, el rayo sobre el reloj del ayuntamiento... pocas películas hay en la historia del cine que tengan momentos tan icónicos como Regreso al futuro. Una película inagotable, cuyo guion aun se enseña hoy día en las escuelas de cine y que sigue tan vigente como sus efectos especiales, de lo más avanzados para su época. Una película de esas que hacen afición por el cine y que, 40años después, sigue entrañando grandes secretos esperando a ser descubiertos.
La historia de la película es de sobra conocida, pero su origen no tanto. Fue a un Bob a quien se le ocurrió la idea, pero no al director de la película (Bob Zemeckis), sino al guionista y productor Bob Gale, quien ya había colaborado con Zemeckis en los guiones de sus anteriores películas (I Wanna Hold Your Hand y Frenos rotos, coches locos) y a quien le llevó la siguiente premisa junto a Steven Spielberg, encargado de producir la película: ¿qué pasaría si un hijo viajase atrás en el tiempo y se diese cuenta de que sus padres no eran en absoluto como los ve? A Gale se le ocurrió después de encontrar un viejo anuario escolar y hojear sus páginas hasta dar con la cara de su padre, planteándose si hubieran sido amigos o cómo era en realidad este. Lo de los viajes en el tiempo ya vino después, aunque dio más de un quebradero de cabeza.
Aquella idea derivó en lo que hoy es Regreso al futuro, estrenada en 1985, cumple este fin de semana 40 años desde su estreno, y lo celebra con un gran reestreno en cines de toda España. El mismísimo Christopher Lloyd, encargado de interpretar al doctor Emmet Brown en la saga, se encuentra en España en estos momentos para presentar algunas de las proyecciones de la película y, de paso, comerse una buena paella. El propio actor aprovechó su visita a El Hormiguero para revelar algunos de los secretos de la saga, como por ejemplo que en la primera versión la máquina del tiempo no era un coche sino una nevera, pero finalmente decidieron descartarlo ya que podía provocar que muchos niños acudiesen a sus neveras particulares con la intención de viajar en el tiempo.

El comienzo de una extraña amistad
La idea de la nevera no fructificó, y hoy todo el mundo tiene la imagen del DeLorean, un coche prácticamente despreciado que ganó gran popularidad a raíz del filme. Otra idea primigenia de guion que no sobrevivió, o por la que más bien se pasó de puntillas, fue la relación entre los dos protagonistas, Marty McFly y Emmet Brown. ¿Por qué son amigos un adolescente y un científico? La película da la vaga explicación de que a Marty le encanta pasarse por el hogar de Doc para poder tocar la guitarra en su amplificador, pero las primeras versiones del guion le daban algo más de sentido.
Doc, que como sabrán muchos era de una de las familias míticas de Hill Valley, se había pasado buena parte de su vida invirtiendo su dinero en sus experimentos, pero con la máquina del tiempo estaba empezando a agotar sus recursos. De ahí que solicitase la ayuda de Marty, quien en las primeras versiones de guion le ayudaba a distribuir películas para adultos por el pueblo, especialmente entre los alumnos del instituto. Ni eso ni la idea de que fuesen drogas lo que Doc repartía para sacar un dinero extra convencieron del todo a los responsables, que finalmente optaron por obviar el motivo de esa amistad, dando así lugar a una pareja tan enigmática y extraña como inspiradora, —no hay más que ver la serie Rick y Morty, aunque ahí al menos hay un parentesco—.

Este McFly no es mi McFly
Quizá la película hubiera sido más turbia con toda esa explicación, pero desde luego no hubiera sido igual de no ser por la presencia de Michael J. Fox, cara visible de la saga junto a Christopher Lloyd y el propio DeLorean. Sin embargo, la película estuvo muy cerca de prescindir del actor canadiense, ya que por problemas de agenda este no podía acudir al rodaje de forma regular. Tanto era así que la película echó a andar con un protagonista bien diferente, el actor Eric Stoltz (Máscara, Una maravilla con clase), quien estuvo varias semanas de rodaje hasta que al final fue despedido.
No había ninguna razón de peso más allá de que a Zemeckis y Gale no les convencía, y tenían claro desde el principio que Michael J. Fox era el idóneo para interpretar a Marty. Este tenía la agenda llena con la filmación de la serie Enredos de familia, pero encontró la manera de cuadrarlo con el rodaje de Regreso al futuro... a costa de renunciar a sus horas de sueño y prácticamente a su vida. El actor tenía un coche encargado de llevarle de un estudio a otro ipso facto y pasaba largas jornadas nocturnas rodando, hasta el punto de que a veces se dormía en mitad del rodaje. El esfuerzo mereció la pena, porque Michael J. Fox se hizo una estrella aún más grande con el estreno de Regreso al futuro, aunque por el camino se llevó por delante la carrera de Stoltz —y de la actriz que lo iba a acompañar en el papel de Jennifer, que también fue relevada por Claudia Wells—, quien seguro pensó que ojalá contar con su propio DeLorean para haber evitado que eso sucediese.

Sin Disney y sin remakes
Otra de las razones por las que Regreso al futuro funciona es porque se respetaron incluso las escenas más incómodas, como la del famoso beso entre Lorraine y su hijo Marty, a quien tiene por un compañero. Esa escena estaba marcada en rojo en el guion, y fue la que dinamitó la negociación con Disney para distribuir la película. Suponía un incesto que la Casa del Ratón no estaba dispuesta a asumir, pero Gale y Zemeckis fueron firmes en que esa escena no fuese recortada de la película y así se quedó, con su justificada incomodidad para entender el cambio de parecer de Lorraine y poder enamorarse de George McFly (Crispin Glover) a pesar de que su padre no lo hubiese atropellado.
Sea como fuere, la película recayó en Universal Pictures y hoy día es de esas obras de las que se siente más orgullosa. Eso sí, la productora no puede decir que esté sacando partido a la saga en forma de remake como hace Disney, ya que Regreso al futuro es de las pocas que quedan en pie sin una nueva adaptación. Su propio director se ha negado en rotundo en más de una ocasión, y no será porque no haya habido oportunidades. “Cada seis meses se me acercan a proponérmelo y decirme, ‘¿No hay nada que se pueda hecer?’ Pero hacer un remake o una cuarta parte no está entre mis planes”. Mientras tanto, los espectadores pueden volver a disfrutar de la que ya es una de las grandes películas de los 80 y de la historia del cine como se merece, en la gran pantalla.
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