Marruecos, Nepal, Perú, Filipinas, Indonesia... Los jóvenes de la Generación Z ya le han tomado el pulso a la actualidad y han protagonizado varias revueltas en las que no solo han manifestado su descontento con la situación del mundo actual: también han establecido sus propios códigos para expresar su disconformidad con el presente y su voluntad de construir un futuro mejor.
Entre esos códigos, cada vez es más habitual que, en las imágenes de las revueltas, aparezca de pronto una bandera en la que una sonriente calavera lleva puesto un sombrero de paja. Los fans del manga, del anime o incluso de la serie de Netflix, reconocerán al segundo el símbolo: se trata de la bandera de los mugiwara, la tripulación pirata protagonista de One Piece.

La bandera ha vuelto a ser vista en las manifestaciones de Marruecos
Hablar de One Piece es hablar de un proyecto en el que Eiichiro Oda, su creador, lleva trabajando durante casi 30 años. Desde entonces, la historia de Luffy, un joven con un sombrero de paja que sueña con convertirse en el Rey de los Piratas, ha vendido más de 500 millones de ejemplares en todo el mundo: una ingente cifra a la que habría que sumar la de espectadores de sus adaptaciones para la pequeña y la gran pantalla... y también el hecho de que su estandarte, en un principio meramente identificativo de la tripulación, se haya convertido en un símbolo de rebeldía y resistencia para los más jóvenes.
Así se ha visto por última vez esta misma semana en las manifestaciones Marruecos, un país en el que el descontento de la juventud ha sido alimentado por el anuncio de la construcción de estadios para el Mundial 2030 frente al rechazo por la falta de inversiones en salud. Esto, junto con otros problemas como la corrupción, ha acabado por provocar una serie de marchas que, en sus primeras jornadas, han dejado tres muertos y centenares de heridos. Entre la multitud, ahí estaba: la bandera de One Piece ondeando en el aire, tal y como se había visto también un mes antes en las calles de Katmandú, capital nepalí, donde el estandarte adquirió un papel protagónico.

Un referente cultural que se entiende en todo el mundo
Ahora bien, ¿por qué ha acabado por verse esta bandera? La adopción de símbolos culturales como herramientas políticas no es nueva: los libros, las canciones y películas han sido desde siempre un espacio de disidencia para quienes quieren expresar su descontento. Del mismo modo, la profesora de la Universidad de Oklahoma, Nuurrianti Jalli, explica al medio The Conversation que en la actualidad “un meme, un gesto o una bandera pueden transmitir significado instantáneamente a través de las diferencias lingüísticas, religiosas o geográficas. Esta forma de conexión se basa en códigos culturales reconocibles que permiten a los jóvenes identificarse entre sí incluso cuando sus sistemas políticos difieren”.
Sin embargo, no se trata únicamente de la reutilización de iconos pop. Si bien es cierto que el atractivo de la bandera reside en buena parte en su arraigo en la cultura popular y en lo llamativa que resulta su censura (las autoridades ya han empezado a confiscarlas en algunas manifestaciones), el fenómeno va más allá. “El pirata es una forma de decir que no vamos a aguantar más la injusticia y la corrupción”, señalaba un joven manifestante nepalí en una crónica de las protestas de septiembre publicada en The New York Times.
“Estamos entrando en una nueva era de organización que se nutre en gran medida de la cultura digital, pop y del juego, creando un vocabulario común”, reflexionaba por su parte el director del Centro para el Estudio del Odio Organizado, Raib Naik, para un artículo también del citado medio estadounidense. Por ejemplo, hace una década se pudo ver en manifestaciones de Tailandia el popular saludo de tres dedos originario de Los Juegos del Hambre, un antecedente que encuentra eco en la actual propagación de la bandera pirata de One Piece.
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