La polémica película de Albert Serra sobre la tauromaquia se estrena en plataformas: repasamos todas sus controversias a favor y en contra

Tras ganar la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, se estrena en Movistar Plus+ ‘Tardes de soledad’, un documental que ha reabierto el debate sobre la fiesta taurina

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Andrés Roca Rey en 'Tardes de soledad', de Albert Serra (A Contracorriente Films)
Andrés Roca Rey en 'Tardes de soledad', de Albert Serra (A Contracorriente Films)

Después de ganar la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y de haberse convertido en una de las películas más polémicas de la temporada, ya se puede ver en plataformas digitales, en concreto en Movistar Plus+, Tardes de soledad, de Albert Serra.

Desde el primer momento, el documental se encargó de reavivar una de las controversias culturales más persistentes en España: la legitimidad artística y ética de la tauromaquia.

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Tráiler de 'Tardes de soledad' (A Contracorriente Films)

Desde su estreno, el film no ha dejado de ocupar espacios de análisis, debate y enfrentamiento, trascendiendo el hecho cinematográfico para convertirse en reflejo y termómetro de la polarización ideológica y estética en torno a los toros y su lugar en la identidad contemporánea del país.

Una película que se nutre de la controversia

Según contó el propio Albert Serra a Infobae España, intentó abordar la tauromaquia eludiendo cualquier esquema documental clásico de denuncia o apología.

El cineasta centra su relato en la experiencia corporal y psíquica del torero Roca Rey, y a través de un manejo singular del tiempo logra que la plaza, la arena y los gestos adquieran una dimensión casi ritual.

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El documental no glorifica ni condena: suspende el juicio para sumergir al espectador en una atmósfera en la que lo físico, lo simbólico y lo existencial se funden.

En palabras del propio director: “la tauromaquia es un valor positivo y es mejor que exista”. Serra, lejos de rehuir el debate, lo asume como inevitable, pero apuesta por el arte como espacio de preguntas abiertas más que de soluciones explícitas.

El director español Albert Serra presentó en el 72 Festival de Cine de San Sebastián "Tardes de soledad", un documental taurino que compite en la Sección Oficial del certamen. EFE/Javier Etxezarreta.
El director español Albert Serra EFE/Javier Etxezarreta.

En el fondo, Tardes de soledad basa su potencia en la negativa a proporcionar respuestas fáciles, en la resistencia a los relatos cerrados.

Serra construyó su filme desde el extrañamiento: la plaza deja de ser simplemente escenario para convertirse en un lugar de orfandad y de peligro, donde la soledad del matador no es sólo física, sino existencial.

A través de la presencia enigmática de Roca Rey, la cámara explora los segundos de tensa calma antes de la embestida, el miedo, la conciencia del propio cuerpo y la sombra omnipresente de la muerte.

Sufrimiento animal frente a experiencia cinematográfica

El resultado es una experiencia densa y sensorial, una película que innova en el lenguaje documental y reabre el debate en la sociedad española.

El impacto social de la película fue inmediato y feroz. Tal como describimos en este medio durante la presentación en el Festival de San Sebastian, el discurso del propio Serra contribuyó a acentuar la controversia: su defensa del valor cultural de los toros encontró pronto la réplica de activistas, sectores ‘animalistas’ y figuras políticas, que interpretaron el filme como una legitimación (o al menos una insuficiente ‘problematización’) del sufrimiento animal y de la fiesta.

La reacción se tradujo en protestas durante el festival, debates en medios y una intensa discusión en redes sociales sobre el papel del arte a la hora de abordar tradiciones divisivas.

Imagen de 'Tardes de soledad', la película de Albert Serra en torno a la tauromaquia
Imagen de 'Tardes de soledad', la película de Albert Serra en torno a la tauromaquia

Al mismo tiempo, el documental ha recibido el aval de críticos y profesionales taurinos que ven en la obra de Serra una reivindicación formal y mitológica del toreo, presentado como arte mayor y experiencia límite.

La visión poética del cineasta (autor de obras como Pacifition) convierte la tauromaquia en un rito de afirmación y de memoria, un espacio donde el valor, el miedo y la soledad configuran las fronteras de lo humano.

Un documento incómodo

Serra quería mostrar el “desamparo esencial del torero”, evitando el sentimentalismo fácil o el moralismo superficial, construyendo un documento incómodo y magnético.

Desde una perspectiva sociológica, Tardes de soledad actúa como catalizador del debate contemporáneo sobre la relación entre herencia y ética, arte y política, espectáculo y violencia.

En una época en la que la cuestión de los toros reabre grietas generacionales, geográficas y morales, el filme actualiza viejos dilemas y les da una formulación cinematográfica nueva: ¿puede el arte ser neutral ante el sufrimiento? ¿Es la tradición suficiente para justificar la persistencia de un rito? ¿Qué significa hoy el valor, el sacrificio o la fama en un país que mira a su pasado con escepticismo y fascinación?

'Tardes de soledad', de Albert Serra, Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.

La película también permite observar la mutación de los discursos sobre la tauromaquia. Más allá de la exaltación nostálgica o la crítica rotunda, Tardes de soledad plantea la posibilidad de pensar los toros desde la ambigüedad, desde la interferencia y la contradicción.

El documental se ha convertido en objeto tanto de recuperación cultural como de cuestionamiento político, arrastrando una reflexión sobre el papel de la memoria colectiva, la representación artística y el vínculo entre espectáculo y responsabilidad moral.

Sin embargo, como casi siempre ocurre con el director, consigue con su cine trascender la polémica inicial para situarse como uno de los dispositivos culturales más sugerentes y controvertidos del último año.

Tardes de soledad convierte la tauromaquia en una pregunta abierta y en un espejo de las fracturas de la sociedad española: ni celebración ingenua ni condena categórica, sino un laboratorio visual y ético donde la duda y la inquietud son más relevantes (y más peligrosos) que cualquier respuesta cómoda.

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