
Casualidad o no, Paula Ribó (Barcelona, 1990) tiene, mínimo, dos cosas en común con Jesucristo. La primera, que ambos tenían la misma edad cuando les ocurrieron dos hitos: él tenía 33 años cuando murió en la cruz; ella, cuando comenzó a escribir su segundo álbum. Jesús tardó tres días en resucitar. Rigoberta Bandini, como se le conoce a Ribó, ha necesitado dos años. El pasado 21 de marzo vio la luz Jesucrista Superstar (Sony, 2025) —sí, como el musical de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice en 1970 y la película de Norman Jewison estrenada tres años más tarde—, la segunda puesta de largo de la también compositora y actriz de doblaje tras tomarse un descanso en 2022 para volver a componer. “Iba notando que debajo había un monstruo en mí con ganas de decir muchas cosas”, explica en su entrevista con Infobae España. Pese a que ha sido ahora cuando ha llegado su resurrección, la artista se retiró de la vida pública, pero no dejó de trabajar. En su parón ha ganado un Goya, ha colaborado con artistas como Julieta Venegas y Love of Lesbian y ha participado en Del revés 2 (Kelsey Mann, 2024) dando voz a Envidia. Por si fuera poco, ha compuesto un álbum doble con 22 canciones, más de las que tenía para entonces toda su discografía desde que arrancó su proyecto en 2019.
Producido y compuesto junto con Stefano Maccarrone, Esteban Navarro —quién además es su pareja y el padre de su hijo— , María Vértiz, Camilo Vélez y apariciones de Alizzz —productor de Amaia o C. Tangana— o Santos y Fluren, la artista presenta, según su equipo, “el álbum más ambicioso en el pop made in España” desde que C. Tangana publicara El Madrileño en febrero de 2021. Así, Jesucrista Superstar es una fusión pop de los años 80, filtrado a través de las referencias más contemporáneas. Pero para articular el doble LP primero tuvo que empezar a buscar un título. Pero eso sí, solo como Rigoberta Bandini podría hacerlo: “De una manera muy random”. “Iba escribiendo títulos que me venían a la cabeza cada día, y de repente me apareció Jesucrista Superstar un poco por la cosa de que tenía 33 años en ese momento”, relata. “Hay una gran parte de las canciones que compuse, ya sabiendo que estaba componiendo bajo ese nombre. Eso hizo que también entendiera muy bien qué álbum estaba haciendo”, señala la artista, que define esta decisión como “una guía muy bonita”. “Esta dualidad que hay en el título me ha servido mucho también como pista para componer y para poder decidir muchas cosas”, añade.
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Tras La Emperatriz (2022), su álbum debut, que recogía hits como In Spain We Call It Soledad, Perra o Ay Mamá, canción que casi representa a España en Eurovisión 2022, la artista decidió dejar los himnos de estadio para “componer algunas de las canciones que mejor retratan las emociones y los pensamientos de su generación”. De hecho, algunos la llaman la “voz de una generación”, la suya, la milenial. “Cuando escribo no estoy intentando pensar en los tags que me pondrán después. A veces pienso que nadie me va a entender o que esta canción no la va a escuchar nadie porque estoy diciendo cosas que creo que solo siento yo. Me gusta corroborar que la gente está tan loca como yo. Que la gente conecte con mis letras me hace mucha ilusión, la verdad”, señala con un deje de emoción en su voz.
“Pienso que el síndrome del impostor es algo muy femenino, de lo que también se sale”
Terapéutica Bandini
La ilusión de Bandini por la conexión con sus fans viene porque nota que también hacen “cierta terapia” con sus canciones, algo de lo que es “consciente”, aunque no cuando está escribiendo. “Si escribiera desde ahí creo que me saldría como un poco paternalista. Cuando estoy componiendo es terapéutico y me hace muy feliz ver que después llega a otras personas. Ver que no estás sola en la mierda te hace más fuerte, ¿sabes?”, reflexiona. “A veces en la cabeza de una las cosas cogen una dimensión, y cuando de repente oyes historias con las que conectas te hace sentir más acompañada. A mí me encanta esa sensación de que la gente se pueda sentir menos sola con mi música”, apostilla.
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Nuestra conversación continúa casi siendo una sesión de terapia. “Aprenderás a convivir con las partes menos bellas que hay en ti”, dice la letra de Aprenderás, la undécima del primer álbum y una carta a su yo adolescente en colaboración con Carmen Lancho. ¿A qué ha recurrido ya no Rigoberta Bandini, sino Paula Ribó, para convivir con aquello que no le gusta de sí misma? “La aceptación es la base de todo crecimiento. Es lo que hace cualquier suelo que sea fértil. Siento que sin aceptación es muy difícil avanzar”, cuenta. Y lo mismo ocurre con el terrible síndrome del impostor. “Dime si estoy guapa y si lo hago bien / Dime si te gusto o no me puedes ni ver / Dime si me amas, si está todo okay / Dime si soy alguien o si soy solo un fake”, dice en Kaimán. “Pienso que el síndrome del impostor es algo muy femenino, de lo que también se sale y que es bonito entenderlo desde que no es una cosa perenne, sino que puede aparecer en momentos en los que estás más insegura. No hay que identificarse con él, sino entender que es una sintomatología de que no estás bien. Pero no aferrarse”, añade.
Las canciones que forman Jesucrista Superstar tienen tantos matices líricos y musicales como temas trata el álbum, desde la obsesión por el físico, las redes sociales, la familia, la regla o la religión. “Yo pienso que yo soy ecléctica”, señala. “A mí me gustan muchos tipos de música, de muchos estilos y pienso que eso en el álbum se ve reflejado. No tengo ningún miedo de mezclar cosas y sobre todo de casarme con ningún género”, añade. Por eso mismo, la cantidad de preguntas que se le puede hacer a Paula, como se le llama en las distancias cortas, son tantas que la mitad se quedan en el tintero. “Hay que ir cortando ya”, dicen desde su equipo cuando han pasado cerca de 15 minutos vía Zoom —aunque la artista está por teléfono—, que conseguimos alargar hasta los 20. De tú a tú, Ribó se muestra serena y reflexiva, sin perder el humor y la honestidad que conforman sus canciones. Así, desde un abrazo a sí misma en una carta de autoamor (Aprenderás o Soy mayor), Bandini salta a lo que haría si, literalmente, mañana fuera su último día de vida (Si muriera mañana), o hace un ejercicio de sexualizar a un hombre (JAJAJA, en colaboración con Juliana Gattas (de Miranda!) o en Todas tienen ganas de jaleo).
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“Esta canción quería frivolizarla y convertirla en algo glamuroso, pero en realidad es muy triste que seamos problemáticas para el mundo”
Además, el feminismo con el que se hizo popular la artista prevalece su legado, como le es natural. En Simpática pero problemática describe a una mujer que es constantemente observada y juzgada: “Si tú desde que eres pequeña vas oyendo que tu género es el conflictivo, que le cuesta gestionar las emociones, hay algo ya que es ancestral, son cosas que creo que ni a nosotras mismas nos pertenecen”, puntualiza. “Esta canción quería frivolizarla y convertirla en algo glamuroso, pero en realidad es muy triste que seamos problemáticas para el mundo”.
Algo parecido también reflexiona en Pamela Anderson, canción que homenajea a la actriz interprete de Los vigilantes de la playa, que siempre fue ‘cosificada’ por su físico. “Pamela Anderson vivió en esa época en la que la opresión patriarcal podía cosificar a las mujeres sin impunidad. Las niñas que nacimos en los 90 fuimos testigos indirectos de cómo mujeres como ellas no solamente eran asfixiadas por unos cánones de belleza imposibles de sostener sino que además, si eran sexys, atrevidas y espontáneas debían ser ridiculizadas públicamente”, escribió la catalana el pasado noviembre cuando lanzó la canción como single. ¿Siente presión de que sus canciones sean himnos feministas? “Para mí es un privilegio porque me parece muy bonito”, confiesa. “Sí que es un disco feminista, sin duda, pero porque yo no puedo dejar de serlo, pero siento que de otra manera”, añade. Y como no podía ser de otra forma, las referencias a lo femenino, como “tampax” y “ciclos menstruales”, resuenan en Cada día de la semana (en colaboración con el francés Rémi Fa) o CXT (Club Xavalas Tristes).
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Así es Jesucrista Superstar: “Es una mujer desquiciada, soy yo y somos todas”. Es su vida, su diario, su biblia, la de Rigoberta, la de todas. Por ello, si Paula, como Cristo —pero él a los 33 y ella ya a los 34, ojo— muriera mañana, le gustaría que le recordaran con la frase “transforma el odio en amor, construye un mundo mejor”, que hace referencia a la letra de Brindis!!. “Es como un lema de mural de colegio de primaria, pero me gusta”, finaliza. Todas a rezar.
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