Cuando Ted Lasso llegó a Apple TV+, la plataforma apenas había empezado a andar y apenas contaba con suscriptores y catálogo para atraer a nuevos. La serie llegó a un vasto terreno por descubrir y terminó aupándose como una de las producciones de referencia de una plataforma que aspiraba a ser la nueva HBO en cuanto a series de calidad y con un sello establecido. Como el propio Lasso con el A.F.C. Richmond, al que llevó a la gloria sin tener ni idea de cómo gestionar un equipo de fútbol. De fútbol no-americano, al menos.
Como Nanny McPhee o Batman, Lasso llegó en un momento en el que nadie le quería, pero tampoco sabía que lo necesitaba. El encanto del personaje interpretado por Jason Sudeikis sedujo casi de inmediato a la audiencia, con una serie que aunaba una serie de ingredientes extraños, pero que funcionaban: el choque cultural entre Reino Unido y Estados Unidos, el humor blanco en una época de cuestionamiento de lo woke y, por encima de todo, el fútbol. Porque no hay que olvidar que ni Sudeikis ni el resto del reparto eran los principales protagonistas, sino el balón. O al menos así fue durante un tiempo.
La serie contaba la historia de Ted Lasso (Sudeikis), un entrenador de fútbol americano que desembarcaba en Londres para hacerse cargo del A.F.C. Richmond, un humilde club de la Premier League de fútbol británico. La bonhomía e ingenuidad de Lasso, sumado a su total desconocimiento de la redonda, chocaban por completo con el organigrama del club, dirigido por una presidenta también inexperta (Hannah Waddingham) pero deseosa de que al equipo le fuese mal, ya que era lo único que le quedaba para fastidiar a su exmarido.

Entre medias, una serie de asistentes, utilleros y sobre todo jugadores con los que lidiar a través del Método Lasso, que no consistía en ninguna intrincada táctica en particular, sino solo en creer en uno mismo. No obstante, poco a poco los espectadores de Ted Lasso descubrirían junto a los jugadores del Richmond que tras la sonrisa de Lasso también había problemas a tratar.
Tras una primera temporada que sorprendió a todos, Ted Lasso fue renovada por una segunda temporada que salió al año siguiente y la consolidó como uno de los éxitos de una plataforma que necesitaba de reconocimiento y buenas series para establecer su posición en el mercado. La serie se había convertido en esa Cenicienta de la Champions League o LaLiga que caía bien a todos sin cuestionarse muy bien el porqué, simplemente conquistaba por su humor accesible, si bien su fútbol iba a cuentagotas.
La serie ya había dado señales de que el fútbol era lo de menos, pero se mantenía con cierto equilibrio para dar a la serie la tensión necesaria -de nada sirven las narrativas de los personajes si no hay un objetivo común como ganar cada domingo-, algo que se fue perdiendo en la segunda temporada ya con el equipo descendido. Para su última entrega, las tramas de los Jamie, Roy, Keeley, Rebecca o Beard estaban tan separadas entre sí que era imposible centrarse en lo que sucedía en Nelson Road.
Con la tercera temporada la serie pudo profundizar más que nunca en sus personajes, y parecía un cierre quizá no perfecto pero a la altura de lo que había sido el inicio de la serie, escenificado en aquella jugada ensayada de Nate (Nick Mohammed). Ted Lasso nos hizo ver al final que sí se podía conseguir una mejor versión de sí mismo, pero que esta no tenía por qué ser perfecta. Y con un final algo agridulce por el desenlace del Richmond, el relativo fracaso en lo futbolístico era compensado con un relativo triunfo en el ámbito personal. Hasta ahora.

Una retirada a tiempo a veces es una victoria
El reciente anuncio por parte de Deadline de que una cuarta temporada podría estar en marcha, después de que la serie dejase bastante claro que había llegado a su fin, ha sorprendido a todos. A algunos con cierta ilusión, por poder seguir con las aventuras del Richmond, y ver de nuevo a Rebecca, a Roy o incluso al propio Lasso, a pesar de que este dejaba claro que ya nada quería tener que ver. Es este último, Jason Sudeikis, quien no está aún confirmado, mientras que otros como Phin Dunster -encargado de dar vida a Jamie Tartt- directamente está descartado.
¿Tiene sentido seguir la serie sin algunos de los miembros que componían el equipo? Si Ted Lasso siempre fue sobre la familia y no tanto sobre el fútbol, la respuesta debería ser no. Si bien es cierto que el final de la serie dejaba vislumbrar un esperanzador futuro para el equipo londinense bajo las órdenes de Roy, Beard y Nate, todo el mundo sabe que sin Lasso nada sería lo mismo. La pelota está en el tejado de Sudeikis, que aún no se ha pronunciado y que parece que es quien tendría la llave de todo. Pero, como le dijeron a otro entrenador que también marcó una época en el fútbol de Londres, a veces lo más sensato es retirarse a tiempo antes de empañar lo ganado. Lasso, gracias por los recuerdos, pero es hora de decir adiós. Para siempre.
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