
Lo tenía complicado el público del Mad Cool para ver algo tan épico y puramente cinematográfico como el último concierto de The Killers, en el que la banda había empezado a tocar su icónica Mr. Brightside con el gol que daba a Inglaterra la clasificación a la final de la Eurocopa. En la última jornada del festival celebrado en Madrid no jugaba España, pero había alguien capaz de hacer cosas tan asombrosas como Lamine Yamal y Nico Williams: “Mi nombre es Brandon Flowers, seré vuestro anfitrión esta noche. Si os puedo ayudar, sentíos libres de preguntar”, anunciaba el líder del grupo en un perfecto castellano. Y dicho y hecho, porque el cantante logró lo que parecía imposible.
The Killers era el cabeza de cartel de un festival que había arrancado con el optimismo radical de Dua Lipa, seguido de la inocencia de Keane y decaído un poco en la tercera jornada -no por culpa de Sum 41, que había afianzado el fervor dosmilero- con Måneskin. No obstante, la banda de Las Vegas se encargó de recoger solo lo mejor de los anteriores días y dejar a un lado lo malo, apostando por un sumun de lo que ha sido este Mad Cool 2024, con esa alegría naive tan de principios de siglo y su contagiosa ilusión aunque fuese a base de nostalgia.
Esa nostalgia se materializó en este último día en la figura de Avril Lavigne, cuyos corazones negros y rosas devolvían a aquella época en la que llevar brazaletes de pinchos, medias de rejilla y botas negras era lo más. Con ese mismo outfit marca de la casa aparecía la canadiense sobre el escenario, dejando entrever sus mechas rosas sobre rubio bajo la sudadera con capucha que tenía personalizada para la ocasión. Ni el calor madrileño logró hacerle despojarse de su armadura punk para destapar desde el principio su caja de las esencias: Girlfriend, What the hell y Complicated eran los grandes éxitos escogidos para arrancar en su particular fiesta veraniega. “Cheers to Summer 2024″, gritaba Lavigne mientras rociaba con champán a los de las primeras filas. Entre ellos no estaría quien inventó aquella teoría conspiranoica de que la cantante había sido sustituida. Porque habrán pasado 22 años de su primer álbum, pero esta Avril sigue luciendo como Avril, moviéndose como Avril y lo más importante, cantando como Avril.

Tras el happy ending de Lavigne llegaba el turno del ensordecedor infierno que es Bring Me The Horizon, en el mejor sentido de la palabra. Los de Sheffield habían convocado un auténtico aquelarre en torno al Escenario 2 también conocido como Region of Madrid, pero sus temas trascendían más bien por toda la región, literalmente. Kool Aid, Teardrops o Drawn hacían vibrar el suelo del Mad Cool y con Can You Feel My Heart el éxtasis alcanzaba su cota más alta. Aquello no era Celeiro, pero desde luego una pequeña gran parte del Resurrection Fest se encontraba en ese momento concentrada en el mismo punto geográfico.
No se parece a Jesús, pero sí a Brandon Flowers
Si alguno había conseguido salir con vida de los pogos de Bring Me The Horizon y le quedaba algo de oído, la siguiente parada estaba al otro lado del infierno, en un cielo anunciado por la voz del mayor profeta del indie rock. Brandon Flowers siempre ha tenido ese look a medio camino entre estrella del rock y párroco enrollado, y en la noche de Madrid lucía más radiante que nunca. Pero ya lo dice en Read my mind, “I don´t shine if you don’t shine”, y por ello el bueno de Flowers se propuso ganarse al público desde el primer segundo y hacerlo brillar con él. Quizá el entramado del Mad Cool con tanto cartel brillante y anuncio andante le recordaba a su añorada Las Vegas, pero el caso es que el cantante estaba en su salsa.
Tal buen humor y tantas ganas de hacer realidad los sueños llevaba, que el músico se dispuso a conceder un deseo a un fan de The Killers. Las pantallas enfocaban a varios seguidores portando pancartas, pero al de Nevada le llamó la atención uno con la osadía de querer tocar For reasons unknown junto a ellos. Pide y se te dará, pensó Flowers, e hizo subir al escenario a Daniel, un joven madrileño que plasmó a la batería la energía e ilusión que se respiraba en el concierto como nadie. Y aun quedaba lo mejor: una traca final presidida por All these things that i’ve done, Human y por supuesto Mr. Brightside, que no sucedió a un gol pero se cantó al unísono con la misma fuerza que aquella volea de Iniesta en Sudáfrica.
El broche final lo puso otro clásico del indie rock como The Kooks, que a pesar de las horas y del cansancio acumulado después de cuatro días regalaron un show memorable, tirando de repertorio con Always where i need to be, Ooh La, She moves in her own way y por supuesto Naive. Esta última con un pequeño susto, pues el vocalista Luke Pritchard la interrumpía al ver a un asistente agredir a otro. En el Mad Cool del optimismo y el buen rollo no hay lugar para detalles así, y los de Brighton concluían con educación y un simpático guiño a la final de la Eurocopa que disputa su país contra España. A la espera de lo que hagan los de De la Fuente en la final, el Mad Cool ya ha ganado demostrando que se puede hacer un macrofestival de varios días con gran organización, escenarios, cobertura de transportes y, sobre todo, buena música.
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