"No importa el riesgo, amigo, España nos da vida", dicen los migrantes

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Rafael Peña

Ceuta, 26 jul (EFE).- "No importa el riesgo, amigo, España nos da vida". Esta frase, de un migrante marroquí que ha logrado entrar a nado en Ceuta, refleja el sentimiento de muchas de las personas que desde hace al menos dos días viven a las puertas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de la ciudad.

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Mohamed El Rambat, junto a otros dos compatriotas -uno de ellos lo acompaña en la puerta del CETI y se llama Youssef-, emprendió en coche y a pie los 502 kilómetros que separan El Yadida de la frontera con Ceuta. "No fue tan duro, llegamos a las inmediaciones de la frontera ceutí en una semana", ha afirmado a EFE con un rostro que refleja cansancio y esperanza.

Su población de origen es una ciudad portuaria de la costa atlántica de Marruecos, en la provincia de El Yadida, con una población de cerca de 195.000 habitantes que vive, principalmente, de la exportación de productos como alubias, almendras, maíz, garbanzos, lana, pieles, cera y huevos.

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"Allí no tenemos nada fijo, yo vivía de la pesca pero eso no es vida", cuenta Mohamed mientras otros migrantes se agolpan detrás, movidos por la curiosidad.

Mohamed, de 22 años y con otros tres hermanos en su ciudad, tiene clara la palabra que explica por qué muchos migrantes abandonan Marruecos: "Es desesperación, buscar un futuro mejor y tener un trabajo estable para poder dar de comer a tu familia".

Por este motivo, la noche que se lanzó al agua con otros dos compañeros desde las costas de Castillejos, la ciudad marroquí más cercana a Ceuta, solo pensaba en una cosa: "Veía al fondo las luces de Ceuta y sabía que tenía que llegar como fuera".

Mohamed lo consiguió y sus dos compañeros de brazadas también. No así otros muchos cuyos sueños se quedan en el camino y forman parte de una fría estadística: 46 migrantes fueron hallados sin vida en las costas de Ceuta en el 2025 y otros 24 en lo que llevamos de 2026, según los datos recabados por EFE.

Pese a la corta distancia que separa las costas de Ceuta de las marroquíes -apenas dos kilómetros en línea recta-, la dificultad de la travesía por la oscuridad, la falta de conocimiento de técnicas de natación, el frío y otros factores influyen en estos intentos ilegales.

Junto a Mohamed hay otras decenas de compañeros, muchos marroquíes y otros argelinos, y, en menor medida, grupos de subsaharianos. Se juntan pero no se mezclan, cada uno en su sitio.

Solo están más unidos cuando hacen la fila para recibir bolsas de alimentos a las puertas del CETI, cuyo personal facilita el desayuno, el almuerzo y la cena para cubrir sus necesidades más básicas.

Otros, en cambio, prefieren asearse en un grifo situado frente a la puerta principal del recinto.

La carretera de acceso al CETI parece el rodaje de una película: zapatos dejados en las cunetas, bolsas abandonadas, objetos personales y un reguero de trozos de ropa.

Y el color predominante es el rojo: el de las mantas que la Cruz Roja Española reparte a los migrantes que llegan a la ciudad y que les permiten protegerse del frío de la noche y poder dormir sobre las mismas, ya que las altas temperaturas de estos días dan para no utilizarlas.

"Periodista, una foto", piden otros jóvenes migrantes que dicen tener 20 y 21 años y ser originarios de la población marroquí de Tetuán. Otros dos que han entrado a nado, como ellos mismos cuentan a EFE, y por lo que se muestran muy contentos.

Muchos sueños por cumplir. Muchas historias. Muchos anhelos. Y un sentimiento común: tener un futuro mejor. EFE

(Foto) (Vídeo)

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