Cinco especies invasoras que ganan protagonismo en verano más allá del mosquito tigre

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Madrid, 11 jul (EFE).- El mosquito tigre, el jacinto de agua o camalote, la cotorra argentina y la de Kramer, el mapache o el visón americano son conocidas especies exóticas invasoras (EEI) pero apenas un puñado de las más de 200 que habitan en España y traen problemas especialmente con la llegada del calor.

 Las altas temperaturas estivales y la mayor presencia humana en entornos naturales durante el período vacacional aumentan la frecuencia de interacción con muchas de estas especies de flora y fauna compiladas en el catálogo de EEI elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), así como con otras como la carabela portuguesa que, aunque no está formalmente incluida en ese catálogo, llega a las costas españolas en estas fechas.

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 A continuación se incluyen cinco de estas especies, más activas en los meses veraniegos:

El avispón asiático, de 20 milímetros de longitud, se caracteriza por tener el tórax de color negro con un ribete amarillo y alcanzar su desarrollo máximo durante el verano.

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Nativo del sureste asiático, su llegada a España está documentada desde agosto de 2010 en Amaiur (Navarra) debido a la "introducción accidental asociada al comercio de mercancías" como ha sucedido con otras muchas EEI, y hoy se distribuye prácticamente en todo el norte peninsular aunque se está expandiendo en dirección a Castilla y León y Extremadura.

Suele localizarse en zonas altas de los árboles o en espacios protegidos de edificios y puede provocar picaduras dolorosas, pero el principal problema es que se alimenta principalmente de abejas y otros insectos polinizadores, además de destruir sus colmenas, por lo que su impacto es doble: ecológico y económico.

Este crustáceo, que puede alcanzar los 24 centímetros de ancho, se alimenta de moluscos y peces y debe su nombre a su color azulado, está presente desde el Delta del Ebro hasta el Golfo de Cádiz, pues su hábitat natural son estuarios y lagunas costeras.

Es, por tanto, fácil encontrarlo en zonas donde en verano aumenta la actividad pesquera y la del marisqueo, lo que preocupa a expertos del Miteco, ya que, entre otros problemas, este crustáceo puede causar brotes de cólera.

Según el catálogo de EEI, su área original se distribuye desde Canadá hasta el norte de Argentina, y su llegada a España está asociada al transporte marítimo pues fue identificado como "polizón de agua de lastre, suelta para pesca y cebo vivo".

Esta subespecie de tortuga semiacuática puede alcanzar hasta 60 centímetros de longitud de su caparazón y en épocas de altas temperaturas es común verla fuera del agua en troncos, piedras o en orillas de lagos y embalses.

La especie llegó a España en 1983 comercializada como mascota y su reproducción se genera en mayor medida debido a la "liberación voluntaria de ejemplares mantenidos en cautividad": hoy está extendida por hábitats acuáticos de prácticamente todo el país.

Expertos advierten de que es transmisor de la bacteria de 'Salmonella' y puede desplazar a los galápagos locales, teniendo en cuenta que alcanza la variedad de su dieta y su mayor tamaño.

Esta especie de cangrejo, originario del sur de Estados Unidos y el centro de México, se encuentra en lagunas, humedales e incluso arrozales, donde genera daños a los cultivos, aunque en este caso el principal factor de su entrada en el país fue intencional, con vistas a su explotación comercial en el sector de la acuicultura.

Vive ampliamente distribuido por cauces fluviales, lagos y humedales de toda la península ibérica y Canarias, especialmente en las marismas sevillanas del Guadalquivir donde se concentra el mayor número de ejemplares.

El cangrejo rojo americano también posee riesgos sanitarios: es portador del hongo de la afanomicosis y transmisor de la tularemia.

Esta planta originaria de países como Azerbaiyán, Armenia y Georgia fue introducida en España para cultivo ornamental y florece entre mediados y finales del verano de forma más activa.

Está especialmente asentada en Cataluña y el problema es que el contacto con ella produce urticarias, ampollas, quemaduras graves e incluso ceguera. EFE

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