Madrid, 7 jul (EFE).- La impermeabilización y la pérdida de materia orgánica son algunos de los problemas que afectan al suelo, un ente vivo que hay que proteger porque es sostén de alimentos y gestor de los ciclos geoquímicos del planeta, avisan los expertos por el Día Internacional de la Conservación del Suelo.
"Estamos destruyendo suelos en todo el país y en todo el planeta, simplemente porque están creciendo las carreteras, las urbanizaciones, los aeropuertos", advierte Artmi Cerdà, catedrático de Física en la Universidad de Valencia.
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Materiales como el asfalto o el hormigón los impermeabilizan, explica; para evitar este sellamiento es clave "parar la expansión urbana", llevar la construcción a suelos "más pobres" y proteger "aquellos que son más ricos, de más calidad, más fértiles".
De lo contrario, añade, se acaba provocando la muerte de este "ente vivo" que, además de materia mineral, "tiene materia orgánica, aire, agua y actividad biológica".
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Para la investigadora del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IRNAS-CSIC), Engracia Madejón Rodríguez, la pérdida de materia orgánica -asociada a "las altas temperaturas, la erosión, los efectos del cambio climático"- es "el gran problema" de los suelos a nivel global.
Señala que un suelo "con materia orgánica abundante" es "mucho más fuerte", afronta "mucho mejor" la erosión, la desertificación y la contaminación, y conserva mejor el agua.
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Uno degradado, "o escupe el agua o la filtra muy rápidamente y no tiene capacidad de transportarla a la planta y a los organismos vivos", añade.
"Se calcula que la mitad de la biodiversidad del planeta está en los suelos", dice Cerdà, y es gracias a estos ecosistemas que las hojas, la peladura de una patata o la comida se descomponen, convirtiéndose en los "nutrientes básicos" para las plantas.
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Por ello, insiste el catedrático, es fundamental tener "suelos vivos, ricos, diversos, para que los procesos que determinan el funcionamiento del planeta continúen".
La investigadora del IRNAS-CSIC propone tres medidas para conservar esta biodiversidad; en primer lugar, un buen manejo de cubiertas vegetales para perder "menos suelo por erosión", ya que "la propia cubierta cae y aporta materia".
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En segundo lugar, la aplicación de "materia orgánica exógena" en forma de abono; finalmente, "laboreos de conservación" que no muevan mucho la tierra de cultivo "para que no se pierda materia".
"El proceso de desertificación es aquel que lleva al territorio a un desierto cuando climáticamente no lo es", explica Cerdà; un concepto distinto al de desertización, que se produce de forma natural por el "cambio climático a largo plazo" del planeta.
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Cuando un territorio pierde su bosque, también pierde su suelo: al quedarse "sin cubierta vegetal" no absorbe la lluvia y el agua "corre en superficie", llevándose el suelo y dejando a los bosques del futuro sin "un sustrato sobre el que asentarse".
Precisamente, "las capas más superficiales, normalmente coinciden con las más fértiles", apunta Madejón Rodríguez, "en los primeros 10-15 centímetros se concentra la mayoría de la actividad biológica".
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El Mediterráneo ha heredado un proceso de degradación que arranca con el desarrollo de la agricultura hace 10.000 años, sostiene Cerdà, y la llegada de los fertilizantes químicos "ha provocado un aumento, además, de la contaminación de los suelos".
Los metales pesados son la principal amenaza: la acumulación de cadmio, plomo, cobre y zinc "puede tener efectos adversos en la salud del ecosistema y la calidad del agua", afirma la Agencia Europea de Medio Ambiente.
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Madejón Rodríguez añade que, además, hay "un abanico grande" de contaminantes orgánicos, como los plaguicidas, y "contaminantes emergentes", como los fármacos y los plásticos.
"Los fármacos están en nuestro suelo porque los consumimos y los devolvemos a los suelos", explica la investigadora; los plásticos, como otros contaminantes, preocupan por el riesgo de "transferencia a la cadena trófica" a través de las plantas y los animales.
En este sentido, Cerdà recuerda que los suelos "son la base de la nutrición" y filtran "todas las aguas del planeta", por lo que protegerlos es una obligación, "no solo por conciencia ambientalista y conservacionista, sino también, de una forma egoísta, para la supervivencia". EFE
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