Incendios de sexta generación: violentos, rápidos e impredecibles

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Madrid, 3 jul (EFE).- Los incendios de sexta generación o megaincendios como el que avanza sin control por el gerundense macizo de Les Gavarres, muy cerca de la Bisbal d'Empordá y que ha quemado ya más de 750 hectáreas de masa forestal, se caracterizan por su rapidez, violencia e impredecibilidad.

Se trata de fenómenos muy complejos y de gran potencial destructivo, según han explicado a EFE técnicos de diversas instituciones especialistas en la lucha contra el fuego, ya que tienen capacidad de producir sus propios fenómenos meteorológicos como vientos huracanados o tormentas de fuego, que aumentan además el riesgo para los equipos de extinción.

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Este tipo de desastres suele contar con la aparición de varios focos activos al mismo tiempo en áreas extensas y, como la inmensa mayoría de los incendios forestales, detrás está el factor humano: según la información facilitada por los Agentes Rurales, en este caso el principal origen parece ser unos trabajos sin permiso con una sierra ilegal en la carretera C-660.

También, como sucede con el mayor porcentaje de estos siniestros, no sólo el calor extremo sino las fuertes rachas de viento -en este en concreto, la tramontana- figuran entre los factores que han agravado la situación con rapidez.

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Las altas temperaturas con olas de calor como la que la AEMET ha anunciado llegará este fin de semana y el déficit hídrico en el suelo provocado por las sequías, junto con la acumulación de una cantidad descontrolada de biomasa por el abandono rural, son también elementos distintivos.

Estos incendios suelen ser tan agresivos y devastadores que a menudo es imposible apagarlos directamente, incluso con los mejores medios disponibles, hasta que mejoran las condiciones meteorológicas, por lo que la estrategia pasa con contenerlos mediante cortafuegos además de evacuar las poblaciones amenazadas.

La mejor medida, según los técnicos especialistas es, en todo caso, la prevención mediante una mejor gestión de los montes, una planificación adecuada del paisaje y una mayor concienciación de la población que vive en entornos susceptibles de ser víctimas del fuego. EFE

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