Almudena Álvarez
Palencia, 19 jun (EFE).- Cocinero, camarero, futbolista o bombero son algunos de los sueños que comparten muchos de los jóvenes refugiados acogidos en Palencia, que se han hecho realidad gracias al programa de protección internacional Teranga, que ha facilitado la inserción laboral de 274 de entre las 353 personas refugias acogidas desde 2022.
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Entre ellos se encuentra Cava, un gambiano de 19 años que trabaja como cocinero sin renunciar a su objetivo de convertirse algún día en bombero; Ayene, que se forma para trabajar en hostelería; o Saliot, que soñaba con ser futbolista y ahora busca su primera oportunidad laboral tras completar un curso de limpieza.
Son historias de las que han hablado en Palencia este viernes durante la celebración del Día Mundial del Refugiado: "Nosotros, que venimos de África, llevamos dentro caminos de dolor", ha asegurado Souleymane Daouda Sow, un joven guineano de 26 años, que ha resumido ante autoridades, profesionales y compañeros refugiados lo que significa llegar a España después de una ruta migratoria marcada por el sufrimiento.
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A su lado escuchaban jóvenes que han sobrevivido a travesías imposibles, huido de crisis económicas y conflictos, y que ahora comparten el mismo objetivo de construir una nueva vida, paso a paso, sin dejar de lado sus sueños.
"Yo de niño quería ser bombero y todavía sigo soñando con ello", ha insistido Cava, que llegó a España hace tres años desde Gambia y actualmente trabaja como cocinero en el Mesón del Cerrato, en el municipio de Tariego de Cerrato.
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"Estoy muy contento porque me gusta mucho la cocina", ha explicado, aunque sigue dándole vueltas a la idea de ser bombero sabiendo que "hay que estudiar mucho" para conseguirlo.
Saliot, procedente de Mali, llegó a España a través de Canarias y ahora estudia español mientras busca empleo tras completar una formación en limpieza: "A mí me da igual el trabajo, lo importante es trabajar", ha asegurado.
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Ayene, un joven mauritano de 26 años, aprovecha su estancia en el centro para formarse como camarero. Lleva un año en España y apenas dos meses en Palencia: "Quiero trabajar en hostelería en el futuro", ha explicado mientras participa en uno de los cursos que ofrece el programa de acogida.
Las historias familiares también forman parte de esta realidad. Yeisi es una venezolana que está acogida en el centro de Aguilar de Campoo junto a su marido y sus dos hijos, y define el recurso como "un salvavidas".
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Llegaron a España huyendo de la crisis económica de su país y ahora esperan la autorización de trabajo que les permita independizarse: "Mucha gente cree que venimos a vivir de las ayudas, pero no es así. Venimos a trabajar y a sacar adelante a nuestros hijos", ha defendido.
Y llegar no es fácil. Souleymane ha recordado los riesgos que afrontan miles de personas en las rutas migratorias. "Algunos cruzaron el Atlántico con la esperanza como único horizonte. Otros se enfrentaron a la valla de Ceuta. Eso es el sufrimiento de un inmigrante. Es el precio de la vida", ha afirmado.
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Desde 2022, solo en Palencia y Aguilar de Campoo han sido acogidas más de 550 personas de distintas nacionalidades, 353 en el centro Teranga de Palencia y 193 en Aguilar de Campoo, gestionados por el Centro Asistencial San Juan de Dios.EFE
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