Un estudio revela cómo una minoría puede convertir un comportamiento en una norma social

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Palma, 17 jun (EFE).- Una investigación liderada por la Universitat de les Illes Balears (UIB) explica cómo la repetición de conductas visibles por parte de una minoría puede distorsionar la percepción colectiva e influir en las redes sociales y los entornos laborales.

La conclusión principal de la investigación es que, en muchos casos, las personas no se guían por lo que realmente hace la mayoría, sino por lo que ven que se repite con mayor frecuencia, según ha informado la UIB a través de una nota este miércoles.

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Esto significa que una conducta puede acabar pareciendo la norma del grupo pese a no ser la mayoritaria.

El profesor del departamento de Economía de la Empresa de la UIB, Thomas Karl Alfred Woiczyk, es coautor del estudio, publicado en la revista científica 'Organizational Behavior and Human Decision Processes'.

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Además, cuenta con investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

El estudio plantea una idea con implicaciones relevantes para comprender las normas sociales, cultura organizativa y difusión de comportamientos en entornos presenciales y digitales.

Esto es especialmente importante en redes sociales, donde una minoría muy activa puede hacer que ciertas opiniones, estilos de vida o conductas extremas parezcan normales, habituales o ampliamente compartidas.

A partir de seis estudios en distintos contextos, los autores muestran que este efecto influye tanto en la percepción como en la conducta.

Las personas no solo pueden creer que un comportamiento es lo habitual, sino que también tienden a imitarlo, un fenómeno bautizado en el artículo como 'common behavior effect'.

El mismo trabajo lo presenta como un efecto consistente a través de diversos estudios y contextos, y subraya su relevancia para entender cómo se forman las normas en organizaciones y otros entornos sociales.

Por ejemplo, si en una empresa unas pocas personas envían correos de madrugada o trabajan sistemáticamente hasta muy tarde, este comportamiento puede acabar pareciendo normal, aunque no sea el de la mayoría.

En redes sociales ocurre algo parecido: una minoría muy activa puede contribuir a normalizar discursos agresivos, posiciones extremas o comportamientos de riesgo simplemente porque aparecen una y otra vez en pantalla.

Así, comentarios hostiles, mensajes radicalizados o formas muy polarizadas de expresarse pueden dar la impresión de ser más comunes y aceptables de lo que realmente son.

El estudio también revela que este efecto se diluye cuando resulta más fácil seguir el comportamiento de cada miembro del grupo por separado, puesto que disminuye la probabilidad de confundir lo más visible con lo más frecuente. EFE

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