Georgios Donis y la sombra alargada de Hervé Renard

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Juan José Lahuerta

Madrid, 16 jun (EFE).- Georgios Donis se sentará ante España en el banquillo de Arabia Saudí, pero parte del partido también lo jugará Hervé Renard. El técnico griego arrancó su etapa con un valioso empate frente a Uruguay (1-1), aunque todavía dirige una selección marcada por la herencia del entrenador francés, despedido por sorpresa antes del Mundial y recuperado por Túnez cuando parecía condenado a verlo desde casa.

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Donis aterrizó en el cargo con apenas unas semanas de margen para preparar la cita más importante del ciclo. Arabia Saudí le eligió para abrir una nueva etapa después de prescindir de Renard a las puertas del torneo, una decisión que sorprendió por el momento elegido y por el peso que el técnico francés había acumulado durante años al frente de la selección.

Porque la historia reciente del combinado saudí lleva inevitablemente la firma de Renard. El entrenador francés dirigió a Marruecos en Rusia 2018 y, cuatro años después, protagonizó una de las grandes sorpresas de Catar 2022 al derrotar con Arabia Saudí a Argentina (2-1) en la fase de grupos. Aquel triunfo dio la vuelta al mundo, aunque no fue suficiente para alcanzar los octavos de final.

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Su camino se alejó temporalmente del fútbol saudí en marzo de 2023, cuando aceptó el reto de dirigir a la selección femenina de Francia. Alcanzó los cuartos de final del Mundial de Australia y Nueva Zelanda antes de despedirse en la tanda de penaltis.

Sin embargo, Arabia Saudí no había olvidado al técnico que había impulsado su crecimiento y volvió a recurrir a él para reconstruir un proyecto que había perdido impulso durante la etapa de Roberto Mancini.

Renard respondió con resultados y devolvió a Arabia Saudí a una nueva Copa del Mundo. Todo parecía encaminado hacia otro Mundial en su banquillo hasta que llegaron dos amistosos que alteraron el rumbo de los acontecimientos.

Las derrotas ante Egipto (0-4) y Serbia (2-1), durante una ventana internacional de abril, precipitaron una decisión drástica. La federación saudí prescindió de sus servicios cuando faltaban apenas unas semanas para el inicio del torneo.

El relevo recayó en Donis, un técnico que al menos contaba con una ventaja: conocía perfectamente el fútbol saudí después de sus etapas en Al-Wehda, Al-Fateh y Al-Khaleej entre 2021 y 2026. Aun así, el margen de maniobra era mínimo.

Tras varios amistosos frente a Ecuador, Puerto Rico y Senegal, debutó en el Mundial con el empate ante Uruguay. En aquel encuentro introdujo cambios significativos respecto al último partido de Renard, con la presencia de Hassan Al-Tambakti, Moteb Al-Harbi, Mohammed Abu Al-Shamat, Abdullah Al-Khaibari y Salem Al-Dawsari, ausentes en la última convocatoria del técnico francés.

El propio Donis reconoció después del encuentro las dificultades de una transición acelerada. "En este momento no puedo pensar sólo en los resultados, tengo que conocer mejor a mi equipo, que sea fuerte en todas las circunstancias. Entendí que debido a la falta de tiempo no podíamos ser flexibles durante el partido", explicó.

"A medida que vayan pasando los días podré seguir conociendo mejor al equipo", añadió.

El técnico griego trabaja contra el reloj. En apenas dos meses ha tenido que adaptarse a una estructura construida durante casi seis años por Renard, interrumpidos únicamente por los catorce meses de Mancini. Sobre esos cimientos prepara ahora el duelo ante España, una cita decisiva para las aspiraciones de ambas selecciones.

Y mientras Donis busca consolidar su proyecto, Renard afronta una misión muy diferente. Túnez recurrió a él tras la goleada sufrida ante Suecia (5-1) en su estreno mundialista y le encomendó la tarea de reanimar a una selección obligada a puntuar ante Japón y Países Bajos para mantener vivas sus opciones de clasificación.

Dos banquillos distintos, dos desafíos urgentes y una misma historia de fondo. Cuando Arabia Saudí salte al campo frente a España, Donis dirigirá desde la banda. Pero la sombra de Renard seguirá acompañando cada movimiento de un equipo que, en gran medida, todavía lleva su sello. EFE

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