Arcángel: "Podría vivir sin mi profesión, pero no sin el flamenco"

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Laura Ramírez

Huelva, 13 jun (EFE).- El cantaor onubense Arcángel lo tiene claro, el flamenco para él no es un mero oficio sino el motor que guía su existencia, hasta el punto de asegurar en una entrevista con EFE con motivo su presencia este sábado en el Festival 'Ciudad de Huelva', que podría vivir sin su profesión, pero no sin el flamenco.

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Tras 15 años en los que no ha pisado los Tras quince años sin pisar los escenarios de su tierra natal, el artista onubense regresa en un reencuentro cargado de madurez con 'Tablao' un espectáculo que conmemora el décimo aniversario del disco homónimo.

Con décadas de carrera a sus espaldas, el cantaor confiesa que su relación con el flamenco trasciende los límites del mercado laboral: "Para mí siempre ha significado lo mismo: es mi vida. No entiendo mi vida sin el flamenco. Ojo, no hablo de la profesión, que son dos cosas diferentes. Yo podría vivir perfectamente sin la profesión, pero no podría vivir sin el flamenco. Es una cuestión vital".

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Esta concepción le ha llevado a cambiar su perspectiva sobre cómo proteger este arte y asegura que si antes "era muy proclive a ejercer la defensa del flamenco a capa y espada", ahora, considera que el flamenco "se defiende solo" por ello entiende que "la defensa debe partir más de lo individual hacia lo colectivo, y no al contrario".

A pesar de su indiscutible estatus, Arcángel se ha caracterizado siempre por un firme compromiso con la situación de sus compañeros, siendo una de las voces más críticas con la precariedad del sector, su falta de regularización y el reconocimiento laboral del artista.

"El flamenco tiene muchos enemigos, pero hay uno especialmente importante: el posicionamiento social o, mejor dicho, la valoración laboral que tiene el artista", denuncia.

Considera que existe una brecha injusta entre el respeto que recibe la marca artística y el desamparo que sufren sus trabajadores: "No hemos conseguido en este tiempo que, si bien el arte flamenco goza de mucho prestigio y predicamento, ese prestigio se traslade al profesional. Reconocemos ese prestigio en alguien que es una cara conocida para el público, pero nos cuesta mucho otorgárselo o, simplemente, normalizar que se es profesional cuando no eres alguien famoso".

Frente a esto, defiende la necesidad de educar desde la base para visibilizar el esfuerzo que requiere subirse a un escenario: "Cuanto más cercana sea la relación de la sociedad con el flamenco y más conozca el trabajo de un profesional de la cultura, más sabrá valorar su trabajo", afirma, recordando que la sociedad debe comprender que "hay un trabajo previo ingente que no puede quedar como si no existiera o ser totalmente opaco para la gente".

Este respeto a la raíz guía también su visión creativa frente a las nuevas tendencias comerciales, como el reguetón con el que, en su opinión, no existe rivalidad posible porque "el flamenco está para otras cosas, y afortunadamente el público también lo entiende así".

Sin embargo, "a veces siento que, en el afán de querer llegar a más público, se hacen cosas que suponen una pérdida identitaria de lo que somos, y eso no me gusta. Todo movimiento que parte del flamenco para convertirlo en otra cosa y llegar a más gente me parece correcto, porque la creatividad artística no debe tener vallas, pero es el sustento y el conocimiento tradicional lo que dota al arte de lo suficiente para que aquello no deje de ser flamenco".

Con respecto al espectáculo con el que regresa a Huelva, 'Tablao' -del que ofrece una sesión matinal y otra vespertina este sábado en el patio del Ayuntamiento de Huelva- explica que "surge a raíz de un disco grabado en directo en varios tablaos. Lo que persigue es recrear ese ambiente, pero llevándolo a sitios que son, por así decirlo, inverosímiles para convertirse en un tablao".

La propuesta, que se desarrollará en un formato íntimo en espacios patrimoniales, busca una pureza acústica radical: "El aforo está muy limitado a 170 personas por función. Está pensado precisamente para provocar ese ambiente íntimo y para que, al ser sin sonido amplificado, la gente esté muy cerca, se entre bien y pueda escuchar perfectamente cómo suenan la guitarra y las voces al natural", concluye. EFE

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(foto)

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