Ana Milena Varón
Los Ángeles (EE. UU.), 12 jun (EFE).- El sueño de toda la vida de José, un inmigrante mexicano, ha sido asistir a un partido de un Mundial de fútbol. Cuando se enteró de que Los Ángeles albergaría varios encuentros se ilusionó con la posibilidad de cumplirlo, pero su situación migratoria lo ha aterrizado en la realidad: “Tendré que verlos por televisión”.
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El hombre de 46 años, que sólo se identifica con su nombre por temor a las autoridades migratorias, cuenta que es aficionado al fútbol desde que tiene memoria.
Luce la camiseta de la selección mexicana cada vez que puede, y uno de los mayores regalos que se hizo a sí mismo es asistir a un partido del Tri en Los Ángeles, ciudad donde emigró hace más de 25 años.
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“Ir al estadio es una emoción que no tiene comparación”, cuenta a EFE.
Por eso comenzó a ahorrar desde hace años para ver si podía comprar al menos dos boletos, uno para él y otro para su hijo de 10 años, para ir a un encuentro del Mundial, aunque no fuera un partido de la selección mexicana.
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Pero sus sueños se derrumbaron ante la probabilidad de que los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) estén en los estadios.
“Yo sé que no le van a pedir papeles a todos los aficionados que asistan, pero estoy seguro que van a ir por los que tienen la piel morena como la mía y yo no quiero que me deporten”, señala el inmigrante.
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José seguirá, junto a su hijo y sus amigos, los encuentros desde su hogar. Tiene la esperanza de que el Tri pase como primero de su grupo, porque si pasa como segundo jugaría su cuarto partido en Los Ángeles. “Eso me daría más tristeza, tenerlos aquí y ni poder ir ni siquiera a la concentración”, añade.
Las precauciones que toma el mexicano responden a las advertencias de los defensores de los inmigrantes: “Estamos recomendando extremar precauciones, especialmente en las inmediaciones de los estadios”, dijo a EFE Francisco Moreno, vocero del Consejo de Federaciones Mexicanas en Norte El América (COFEM).
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En abril pasado, más de 120 organizaciones encabezadas por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), emitieron una alerta advirtiendo que los aficionados, jugadores, periodistas y visitantes con motivo del Mundial podrían correr “el riesgo de sufrir graves violaciones de derechos”, a medida que la Administración del presidente Donald Trump intensifica su agenda migratoria.
Jamil Dakwar, director del programa de derechos humanos de la ACLU, cargó contra la FIFA asegurando que el organismo se ha limitado a declaraciones retóricas sobre los derechos humanos mientras estrechaba lazos con la Casa Blanca.
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"Ya es hora de que la FIFA utilice su influencia para impulsar cambios políticos significativos y garantías vinculantes que permitan a las personas sentirse seguras al viajar y disfrutar de los partidos", insistió Dawkar.
Pero los llamados no causaron efecto. El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, no descartó los operativos contra sospechosos de actividades delictivas, una premisa similar a la que han impulsado las redadas en grandes ciudades demócratas como Los Ángeles, que dejaron miles de detenidos.
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Estados Unidos albergará 78 partidos del Mundial en once estadios, la mayoría ubicados en ciudades con alta concentración inmigrante y de origen latinoamericano, que aportan una buena parte de los aficionados.
Ante el veto a los indocumentados impuesto por el Gobierno Trump, las organizaciones comunitarias han respondido con varias campañas para rescatar el sentimiento de fraternidad despertado por el encuentro futbolístico.
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Por ejemplo, COFEM celebró en Los Ángeles un campeonato entre equipos de niños que representaban 16 de los países clasificados. “Este es un ejemplo de convivencia, de que nos podemos poner la camiseta por el otro”, dijo Moreno.
Por su parte, la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA) lanzó la campaña “Sácale la Tarjeta al Odio”, que busca educar a las comunidades sobre los incidentes de odio y cómo denunciarlos.
La campaña apoyada por la ciudad de Los Ángeles implementa tarjetas rojas y amarillas, como las usadas en el fútbol, para animar al público a condenar incidentes, que aunque no llegan a ser crímenes de odio, perpetúan la discriminación y el racismo. EFE
(foto)
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