Esfuerzo y fracaso de Borja Jiménez en una corrida caótica pero con toros de triunfo

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Paco Aguado

Madrid, 7 jun (EFE).- El diestro sevillano Borja Jiménez, que hizo el gesto de actuar hoy en solitario en Las Ventas, saldó su gran esfuerzo sin apenas resultados ni en lo artístico ni en la estadística de trofeos, pues, por desaciertos técnicos o fallos con la espada, no llegó a aprovechar las claras opciones de triunfo que le ofrecieron hasta cuatro toros en una corrida de caótico desarrollo.

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Anunciados en principio ejemplares de dos hierros, tres de Toros de Cortés y otros tantos de Domingo Hernández, hasta tres fueron devueltos a los corrales, bien por su escasez de fuerzas o por el intento de las cuadrillas en que besaran la arena, para hacer así que se lidiaran tres sobreros de dos divisas más, con los que se conformó una confusa amalgama en la que, pese a todo, lucieron las embestidas de la mayoría, ya fueran titulares o sustitutos.

Con esa evidente suerte, Jiménez encaró la lidia del sexteto con aparente decisión -saludó incluso a tres de ellos a portagayola- pero también con tanta presión que pocas veces acertó a aplicar los planteamientos técnicos y éticos adecuados a cada uno de esos cuatro ejemplares que le pusieron en bandeja los trofeos que hubiera pedido sin reparos el amable público que volvió a llenar la plaza hasta las banderas, como en el abono isidril que finalizó ayer.

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Toro a toro, el diestro de Espartinas no pasó de mover sin mayor compromiso las buenas inercias de un bonito primero de Domingo Hernández que, inexplicablemente, se echó en el ruedo mediada la faena, aunque aún siguió embistiendo un rato más con el mismo buen son sin que su matador tampoco concretara demasiado.

El sobrero segundo, de Victoriano del Río, fue el más desrazado de la corrida, defendiendo su falta de fuerzas con una brusquedad que aumentó con los no menos bruscos "toques" de fijación de Jiménez, que tuvo que ver cómo también era devuelto a los corrales el tercero para que saliera otro de Domingo Hernández, medido de fuerzas y de clara nobleza, al que trató con las mismas exigencias y sin el pulso que pedía, haciendo que perdiera las manos en demasiadas ocasiones.

A esas alturas, con la repetida presencia de los bueyes, faenas inconcretas y sin lucimiento ni variedad de capote por parte del matador, la tarde entró en un profundo bache que vino a remontar el excelente ejemplar de Toros de Cortés que salió en cuarto lugar, al que también Jiménez saludó en la puerta de chiqueros y lanceó con una rodilla en tierra.

Bravo, pronto e incansable en sus embestidas, el astado de la sierra madrileña se antojaba perfecto para que el rubio torero le diera la vuelta a la corrida, solo que, en vez de apostar con sinceridad, tras abrir la faena también de rodillas en el tercio, optó por torearlo casi siempre escondido, primero en la pala del pitón, más tarde en la oreja, y siempre con bruscos tirones de la muleta.

La movilidad y la emoción del toro fueron las que pusieron la salsa de un trasteo que por eso mismo caldeó a los tendidos hasta el punto de acabar pidiéndole, por única vez en la corrida, un trofeo que la presidencia, con mejor sentido que en el último mes de toros en Madrid, se negó a conceder.

También con el quinto, un buen sobrero de El Torero aun medido de fuerzas, llegó a meterse Jiménez ya en el costillar, hasta que al final de un dilatado e insulso muleteo acertó por fin a templar con la derecha, de uno en uno y muy cerca de los pitones, los mejores y más estimables muletazos de todo este frustrado gesto, antes de pincharlo repetidamente con la espada y de que todo acabara por apagarse tanto como la casta del sexto.

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FICHA DEL FESTEJO:

Dos toros de Domingo Hernández (1º y 3º, este como sobrero de uno devuelto del mismo hierro); dos de Toros de Cortés 4º y 6º) y sendos sobreros de Victoriano del Río (2º, que sustituyó a un titular de Cortés) y El Torero (5º, este como relevo de uno de Domingo Hernández). De muy dispares hechuras, volúmenes y cuajo, hasta cuatro de ellos ofrecieron posibilidades de triunfo, por nobleza y buen son, dentro de desiguales fuerzas. Destacó especialmente el bravo y repetidor cuarto, de Toros de Cortés, y para mal, por falta de casta, segundo y sexto.

Borja Jiménez, de blanco y oro, como único espada: estocada honda baja delantera (palmas); estocada atravesada y descabello (silencio); estocada (silencio); media estocada tendida y descabello (vuelta al ruedo tras petición de oreja); cuatro pinchazos, media estocada desprendida y descabello (ovación tras aviso); estocada atravesada (silencio).

Al ser devuelto a los corrales, el quinto toro golpeó en el pasillo de corrales a uno de los operarios, produciéndole un fuerte traumatismo por el que fue trasladado a un centro médico para su estudio.

Corrida In Memoriam de Sánchez Mejías, fuera de abono, con cartel de "no hay billetes" (23.800 espectadores), en tarde calurosa. EFE

(foto)

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