Mujeres presas que descubren la fotografía en la cárcel, becadas para seguir su formación

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Paula Padilla Argelich

Barcelona, 31 may (EFE).- En 2022, mientras estaba en la cárcel Brians 1, Naty descubrió en los cursos de fotografía que se impartían en prisión que era capaz de “escribir con la luz”, un talento que ha seguido cultivando fuera del centro y que ahora reconoce la primera edición de unas becas de formación para exreclusas.

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“Me encanta coger la cámara, salir y observar. Sobre todo capturar momentos y jugar con la luz”, explica a EFE Naty, que en julio empezará un curso de iniciación a la fotografía en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC) gracias a la beca impulsada con la fundación Setba para que las mujeres puedan continuar su aprendizaje al recuperar la libertad.

“Para mí, la beca significa que tengo algo y que lo puedo potenciar, y la verdad es que hay que aprovecharlo”, dice Naty, seleccionada para la primera promoción de este programa junto a Teresita, también exreclusa de Brians, dos de las más de 180 mujeres que han asistido a los talleres de fotografía realizados en cárceles de toda Cataluña desde 2020.

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“Naty ya destacó cuando estábamos dando los cursos en Brians. Se notaba que le gustaba, que era una cosa que se le daba bien, un lenguaje que conocía”, cuenta a EFE la fotógrafa Marta Fábregas, profesora y directora artística del proyecto de formación para presas que empezó en las cárceles y que, después de que la inmensa mayoría de participantes mostrase interés en continuar, se extenderá mediante estas becas.

Para mujeres como Naty, a menudo atravesadas por una triple vulnerabilidad penitenciaria, social y familiar, desarrollar la habilidad fotográfica es una manera de acercarse a la reinserción social y de expresar creativamente, pero sobre todo de recobrar la autoestima y empoderarse.

“Cuando coges la cámara y empiezas a trabajar con ella, a trabajar en los momentos que captas, descubres que puedes hacerlo. Y eso es lo más importante: que todo el mundo lo pueda hacer”, asegura Naty.

Desde que salió de Brians en mayo de 2023, dedica los fines de semana a seguir practicando, muchas veces acompañada de su hija, con quien comparte una afición que Naty ha potenciado aprendiendo a volar drones para fotografiar desde el cielo. “Me impacta muchísimo la imagen que puede tener, por ejemplo, un pájaro”, explica.

“La verdad es que es mi momento, mi espacio”, sostiene Naty, que recuerda con emoción cómo nació su interés por esta disciplina en los talleres de la cárcel: “Lo disfruté muchísimo, tanto aprender como relacionarme con las otras internas. Deseaba toda la semana que llegase ese día a las cuatro de la tarde y en el curso se me pasaba superrápido el tiempo”.

Durante estas formaciones que muchas reclusas describen como un “oasis”, cuenta Marta Fábregas, se genera un vínculo “positivo y bonito” con la fotografía, especialmente por tratarse de una disciplina que les permite experimentar libres de la “barrera creativa” que pueden tener otras artes como el dibujo o la escritura.

“Es como escribir con la luz”, explica Naty recuperando la idea que aprendió de su mentora, quien también les enseñó a “captar el momento” como si fueran “fotógrafas cazadoras”.

“Tiene muchísimo valor que las mujeres puedan coger la fotografía como herramienta de transformación”, afirma Fábregas, convencida de que a través de las instantáneas, “pequeñas cápsulas de emoción contenida”, las presas son capaces de ser vulnerables, “conectar” con sentimientos y revivir situaciones, “sacarse la luz o la belleza” mutuamente y reconciliarse consigo mismas.

“Las mujeres solo representan el 6 % de la población penitenciaria y están en situaciones mucho más complejas y condiciones mucho peores que los hombres”, denuncia la directora artística del proyecto de formación fotográfica, que también busca “dar visibilidad” a las mujeres y eliminar la estigmatización social que pesa sobre ellas.

Algunas de sus instantáneas, tomadas bajo la mentoría de reconocidas fotógrafas como Sandra Balsells, Iolanda Sebé o Meritxell Perpinyà, han trascendido los muros de las cárceles de Brians, Wad-Ras, y Ponent para ser expuestas en el Palau Robert de Barcelona, centros cívicos, festivales o libros de fotografía como ‘Mitos y ritos’, que recoge el reportaje que hizo Naty sobre las creencias de las reclusas en su centro.

“Me hizo muchísima ilusión ver el reportaje en libro. Me sentí como diciendo ‘¡guau!’, y mis hijos también dijeron ‘¡guau mami, lo has hecho bien!’ Ahí pensé: tengo algo”, revela Naty mientras mira una de las fotografías de las que está más orgullosa, hoy expuesta en la pequeña muestra del IEFC, en Barcelona, que se podrá visitar hasta el próximo 5 de junio.

En la imagen, acompañada en el libro de la frase “la libertad es la ausencia de miedos”, un rosario cuelga de las rejas de Brians ante un fondo desenfocado que insinúa el exterior de la cárcel, una escena que refleja su característico juego con la luz y de la que Naty recuerda perfectamente cómo se sintió cuando la capturó.

“Es como con la pintura, hay una sensación de decir ’esa sí me gusta, hay algo en ella’. Y la verdad -confiesa- es que cuando la veo pienso que ahí se quedó algo de mí”. EFE

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(Foto) (Vídeo) (Audio)

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