Luis Miguel Pascual
París, 30 may (EFE).- En un Roland Garros en el que caen las estrellas como hojas en otoño, el brasileño Joao Fonseca está emergiendo como un valor seguro para el espectáculo, tanto por el tenis de altos quilates que desplegó contra el serbio Novak Djokovic como por el ambiente que le acompaña desde las gradas.
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Las expectativas creadas debe confirmarlas este domingo frente al noruego Casper Ruud, doble finalista en París, un partido de alto voltaje que el torneo ha programado en su sesión estelar de noche.
El brasileño, que a sus 19 años se clasificó para los primeros octavos de final de su carrera en un 'grande', puede ahora dar un nuevo golpe de efecto y colocar su nombre entre los ocho mejores que, visto lo visto, cuentan ya para la victoria final.
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Fonseca avanzó tras remontar a Djokovic dos sets en contra y lo hizo dos días después de haber superado la segunda ronda sobreponiéndose también a dos mangas desfavorables contra el croata Dino Prizmic, otra figura de la nueva generación.
Prueba de que a su calidad agrega un pundonor que refuerza sus credenciales como hombre del futuro, señalado regularmente como el tenista mejor situado para contestar el binomio formado por el italiano Jannik Sinner y el español Carlos Alcaraz.
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El partido contra Djokovic fue un catalizador. El de Ipanema no se vio abajo ante la inmensa leyenda serbia, dueño del mayor palmarés del tenis de todos los tiempos. Lo hizo a base de paciencia, pero también con golpes de una calidad increíble.
Su derecha impuso la ley en la segunda mitad del duelo y la forma en la que lo cerró, encadenando tres puntos seguidos de saque, cristalizó una sangre fría de la que designa a los grandes campeones.
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Era la referencia que le faltaba, el partido que durante años no llegaba en una trayectoria dibujada hacia la cima, pero que había dado algunos síntomas de frenarse.
La derrota en segunda ronda del pasado Masters 1.000 de Madrid ante el español Rafael Jódar, otra figura emergente también de 19 años, había encendido algunas alarmas después de que alcanzara los cuartos de Montecarlo.
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Ahora le toca confirmar que la lección contra Djokovic no fue flor de un día. Fonseca tiene ante sí a un tenista obstinado, que a lo largo de los años se ha labrado la reputación de un hueso duro de roer sobre tierra batida.
A sus 27 años, Ruud ha conseguido grandes logros, aunque le falta el punto extra que define a los campeones. Tres finales de Grand Slam, dos en París (2022 y 2023), definen a un jugador constante, regular, seguro, pero que no remata.
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Sin embargo, sobre tierra batida nadie ha conseguido más victorias que él en lo que va de década. En estos seis años se ha apuntado 146 partidos ganados, 18 finales y doce títulos, incluido el Masters 1.000 de Madrid del año pasado.
Esta temporada no ha faltado a su cita con la arcilla. Tras verse obligado a abandonar en Montecarlo, alcanzó los cuartos de final en Madrid, la final en Roma y las semifinales en Ginebra.
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En su novena participación en Roland Garros ha demostrado una vez más su capacidad a aferrarse a la tierra batida como pocos.
La demostró en su debut ante el ruso Roman Safiullin, procedente de la previa, que le llevó hasta los cinco sets, los mismos que tuvo que disputar para alcanzar los octavos frente al estadounidense Tommy Paul, que le había ganado los dos primeros.
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Fonseca se encontrará con un rival que, como él, ha tenido que pasar más de 10 horas y media en las sobrecalentadas pistas de París para llegar a los octavos, lo que confiere también al duelo una dimensión física. EFE
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