Manuel Moguer
Sevilla, 2 may (EFE).- El bloque de izquierdas -PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía- aspira en las elecciones autonómicas del 17 de mayo a un segundo 'vuelco' en la historia de la comunidad, donde fueron hegemónicos desde los comicios de 1982 hasta 2018, cuando se produjo el primer cambio de color mayoritario en el Parlamento andaluz en favor del PP.
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Porque desde 1982 y hasta hace ocho años, el PSOE y el resto de partidos de la izquierda acumularon el mayor número de diputados y, de hecho, en esas primeras elecciones de 1982 los socialistas alcanzaron el techo electoral con 66 escaños de los 109 que componen la Cámara andaluza, la mayoría absoluta más abultada de la historia de la comunidad.
En la década de los ochenta y principios de los noventa, el bloque de izquierdas ejercía un dominio casi incontestable, alcanzando su techo histórico en 1990 con un 76,15 % de los escaños frente a un escaso 23,85 % del bloque de derechas.
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Esa hegemonía se mantuvo por encima del 60 % durante la mayor parte del periodo socialista, registrando una última resistencia significativa en 2015, cuando las fuerzas progresistas sumaron un 61,47 % de los diputados frente al 38,53 % de la derecha, a pesar de la irrupción de nuevas formaciones que rompieron el bipartidismo.
Ha habido momentos, sin embargo, en esos años, en los que las fuerzas del bloque progresista y el conservador (que ha liderado siempre el Partido Popular) se han equilibrado a tal punto que el cambio estuvo muy cerca.
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Es lo que pasó entre 1994 y 1996, en lo que se conoció como la "pinza", tal y como la bautizaron los socialistas, cuando el bloque liderado por el PP sumaba con Izquierda Unida para bloquear al Gobierno socialista, pese a que el bloque progresista seguía siendo mayoría en el Parlamento andaluz.
En 2012 se produjo otro momento clave en la política andaluza entendida como un enfrentamiento de bloques contrapuestos cuando el PP de Javier Arenas ganó las elecciones regionales y, por primera vez, el PSOE no fue el partido más votado de la comunidad.
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Los populares se hicieron entonces con 50 diputados y los socialistas con 47, en un escenario nunca antes visto en Andalucía, aunque IU, que alcanzó 12 escaños, los sumó a los del PSOE y dio la mayoría al bloque progresista y la Presidencia de la Junta a los socialistas otra legislatura.
Y si en 2012 se había producido por primera vez un cambio en el partido más votado, en 2018 es cuando se produce el primer vuelco de bloques y el grupo formado por el PSOE y los partidos a su izquierda se quedaron en minoría frente a al formado por el PP, Ciudadanos y Vox.
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En ese momento cambió la correlación de fuerzas en el Parlamento andaluz con un PP que marcó su suelo electoral con 26 diputados, pero que hizo a Juanma Moreno presidente de la Junta gracias a un acuerdo con Ciudadanos (21 escaños) y Vox (12 escaños).
En el bloque progresista, el PSOE de Susana Díaz ganó las elecciones, con 33 representantes, pero no bastaron los 17 diputados de Adelante Andalucía para conseguir mantener la Junta, que los socialistas perdieron después de tres décadas.
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Las elecciones de 2022 fueron las de la confirmación de la tendencia del cambio de los bloques en la comunidad, puesto que el PP se hizo con una mayoría absoluta de 58 diputados -cifra que Moreno se tatuó en su brazo- y no necesitó de nadie para gobernar.
Las fuerzas del bloque conservador sumaron en esta legislatura que acaba un total de 72 diputados o, lo que es lo mismo, el 66 % de los asientos del Parlamento andaluz frente al 54 % que suponían en 2018 con 59 escaños de 109 en la suma del PP, Vox y Ciudadanos.
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En las elecciones de este 17 de mayo, el PP se juega conservar la mayoría absoluta y no depender de otros partidos, deseo que ha expresado Moreno en numerosas ocasiones y, en el bloque contrario, se juegan romper la tendencia abierta en 2018 y regresar a la posición mayoritaria en la Cámara andaluza. EFE
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