La tiara rusa que Cayetana de Alba sacrificó en los 90 para comprar un caballo a su hijo se ha vendido por 1,7 millones de euros

La duquesa de Alba se desprendió de esta valiosa joya, que fue una herencia de su abuela materna, y, ahora, se ha conocido que ha encontrado un nuevo dueño en Estados Unidos

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La duquesa de Alba en el Palacio de Liria (Europa Press)
La duquesa de Alba en el Palacio de Liria (Europa Press)

Una de las piezas más emblemáticas y queridas de la desaparecida Cayetana de Alba, la tiara conocida popularmente como ‘la rusa’, ha vuelto a ser noticia al otro lado del Atlántico. Tras años en paradero desconocido, la joya ha sido vendida en Estados Unidos por la astronómica cifra de dos millones de dólares (aproximadamente 1,7 millones de euros), según informa El País. El comprador, un coleccionista cuya identidad se mantiene bajo un estricto anonimato, posee ahora una de las piezas con mayor carga sentimental de la aristócrata más titulada del mundo.

La venta de esta joya no es un episodio reciente de la Casa de Alba, sino el desenlace de una decisión que la propia duquesa tomó en la década de los noventa. En un gesto que definía su carácter apasionado y su entrega a sus hijos, Cayetana decidió desprenderse de esta diadema, heredada de su abuela materna, María del Rosario Gurtubay, para cumplir el sueño de su hijo Cayetano.

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Cayetana de Alba en una imagen tomada en 2012 con motivo de una entrevista para ABC. (Grupo Grosby / Archivo ABC / Raúl Doblado)
Cayetana de Alba en una imagen tomada en 2012 con motivo de una entrevista para ABC. (Grupo Grosby / Archivo ABC / Raúl Doblado)

En sus memorias, Yo Cayetana, la aristócrata recordaba con nostalgia: “Tuve que vender la diadema rusa para que Cayetano se pudiera comprar un caballo maravilloso, Gigoló, y pudiera dedicarse a la equitación y competir“. Aquel caballo de competición no fue una inversión baladí. Y es que, hoy, el duque de Arjona logró, gracias a ese apoyo, un meritorio cuarto puesto por equipos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Para Cayetana, la joya era ”una muy querida y simbólica para la Casa y para mí“, pero el futuro profesional de su hijo pesó más que el platino y los diamantes.

Una joya imperial bajo el sello de Eduardo VII

La pieza es una rareza en el mercado internacional, pues es poco frecuente encontrar tiaras de este calibre fuera de las colecciones reales o las vitrinas de los grandes museos. Apodada ‘la rusa’ por su forma de kokoshnik —el tocado tradicional de las campesinas rusas que las zarinas elevaron a la alta joyería—, la tiara destaca por su diseño geométrico y por estar cuajada de centenares de diamantes antiguos.

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Tiara rusa de Cayetana de Alba, vendida en Estados Unidos (M. S Rau)
Tiara rusa de Cayetana de Alba, vendida en Estados Unidos (M. S Rau)

Según la galería estadounidense M.S. Rau, ubicada en Nueva Orleans y responsable de la mediación en la venta, la diadema es una maravilla del estilo de la época del rey Eduardo VII“. Los maestros joyeros de principios del siglo XX utilizaron platino para crear ”círculos concéntricos elaborados con delicados calados y perforaciones que imitan el bordado y el encaje". Esta técnica permitía una ligereza y una resistencia que el oro o la plata no podían ofrecer, convirtiendo la pieza en una auténtica obra de arte de la orfebrería.

Entre bodas reales y desencuentros familiares

Aunque Cayetana posó con ella en su juventud ante el objetivo del célebre fotógrafo Juan Gyenes, la tiara también fue testigo de las tensiones familiares de los Alba. La duquesa la prestó para las bodas de sus hijos mayores, pero no siempre con los mejores augurios. En julio de 1977, María de Hohenlohe-Langenburg la lució en su enlace con Alfonso Martínez de Irujo, aunque, según la duquesa, lo hizo a regañadientes. “El incidente de la diadema marcó ya un inicio desagradable con María, mi primera nuera", confesó Cayetana en sus memorias.

Una década después, en 1988, la tiara volvió a brillar en la cabeza de Matilde Solís-Beaumont durante su boda con Carlos, el primogénito y actual duque de Alba. Curiosamente, ambos matrimonios terminaron en separación, alimentando casi una leyenda negra sobre el destino de quienes lucían el imponente kokoshnik. Tras salir de las manos de la duquesa, la tiara inició un periplo internacional. Fue expuesta en el prestigioso museo Victoria & Albert de Londres junto a joyas de las coronas rusa y francesa. Posteriormente, fue vista en manos de anticuarios neoyorquinos antes de acabar en la colección privada del hombre que ahora, a través de Bill Rau —dueño de M.S. Rau—, ha formalizado su venta.

Esta venta coincide con otra operación sonada de la misma galería: la venta de un cuadro de Renoir, El sombrero de cerezas, que también perteneció a la duquesa de Alba y que fue adquirido por un español por 8,7 millones de euros para que la obra regresara a nuestro país. Sin embargo, a diferencia del cuadro, no hay noticias de que la tiara vaya a volver a España.

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