Lanzan una guía sobre consumo accesible: "Yo pago lo mismo, quiero saber lo que compro"

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Madrid, 28 abr (EFE).- Una persona ciega no puede ir sola al súper, ni una persona sorda ver una película en una sala de cine o hacer una reclamación en el servicio de atención al cliente. Para favorecer un consumo sin barreras se ha lanzado este martes la 'Guía práctica de pautas y recomendaciones para implementar la accesibilidad universal'.

Impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, la guía pretende ofrecer "una información sencilla y útil para que las personas con discapacidad conozcan sus derechos como consumidoras y certezas a las empresas para que comprendan sus obligaciones a la hora de garantizar un consumo accesible", ha explicado el director general de Derechos de las Personas con Discapacidad, Jesús Martín Blanco.

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"La guía es un llamamiento al cumplimiento legal, pero también queremos que se vea como una mano tendida" a las empresas y a la sociedad, "con propuestas de buenas prácticas y soluciones para que una persona con discapacidad pueda comprar con todas las garantías y entendiendo los etiquetados. Yo pago lo mismo, por tanto quiero saber lo que compro", ha aseverado.

El responsable del Real Patronato sobre Discapacidad del Gobierno ha señalado que el documento describe la situación actual del consumo desde la perspectiva de la accesibilidad universal y revisa el marco legal, identificando áreas de desigualdad en un ejercicio cotidiano como es comprar.

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A partir de este análisis, propone buenas prácticas y soluciones que ayuden a mejorar la igualdad de oportunidades en el acceso a productos y servicios, ha añadido.

Carmen Bayarri, con discapacidad visual y directora del Servicio Bibliográfico de la ONCE, ha detallado las dificultades que presenta "un acto tan cotidiano como ir a la compra (...) A veces es una carrera llena de obstáculos, invisibles para las personas que no tienen discapacidad y empiezan desde que salimos de casa hacia la tienda".

Considera que uno de los grandes problemas es la falta de información sobre el producto: "Cualquier persona quiere saber qué consume, en qué condiciones, cuáles son las instrucciones de uso o el precio, a nosotros no nos llega esa información".

"Es fácil de entender que es un gran problema que no exista ese etiqueta accesible y que se nos deje atrás a las personas con discapacidad visual", ha señalado Bayarri, quien ha lamentado que para completar esa tarea y pagar la compra tengan que dar por ejemplo su pin a otra persona.

Ya en casa, se topan con más obstáculos, ha añadido. "Hay envases iguales y formas indistinguibles y al final provoca que necesitemos a otra persona para ubicar los productos". "Es una tarea cotidiana que se vuelve compleja para nosotros y limita la capacidad de gestión de nuestra alimentación, higiene o limpieza de nuestros hogares".

"Es obvio que necesitamos que esas etiquetas sean accesibles, tiene que llevar Braille desde el origen, es la forma de poder llegar de manera autónoma y segura a esa información que la va a utilizar alguien que no ve" y que en muchas ocasiones puede tener a otras personas dependientes a su cargo. EFE

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