Naiare Rodríguez Pérez
Zaragoza, 19 abr (EFE).- El amor no correspondido, la culpa y la obsesión son el motor de ‘La ahorcada’, el nuevo 'thriller' sobrenatural del zaragozano Miguel Ángel Lamata, que llega a los cines el próximo 24 de abril con Amaia Salamanca y Eduardo Noriega al frente del reparto y con escenarios rodados en Teruel y Zaragoza.
La película, cuyos pormenores detallan en una entrevista con EFE director y protagonistas, arranca con el suicidio de una cantautora, Rosa Martín, en el jardín de su amante, pero pronto abandona el terreno del susto clásico para adentrarse en una relación marcada por la manipulación emocional y una presencia que no está dispuesta a desaparecer.
“Hay que dejar ir a las cosas o a las personas que nos pueden destruir”, resume Lamata, que con este proyecto firma su primera incursión directa en el terror tras una trayectoria ligada a la comedia.
Un salto que, sin embargo, conecta con sus intereses más tempranos: “Desde que era un enano, todo lo oscuro, lo paranormal, siempre me fascinó”.
Lejos de buscar el impacto, el director plantea un viaje emocional en el que el miedo funciona como herramienta narrativa: “Pasar miedo es algo que nos define mucho como seres humanos y, aunque en la vida real no tiene demasiada gracia, en ficción sí y seguramente hasta nos haga mejores”.
En su opinión, este tipo de historias “nos prepara para cosas a las que tememos enfrentarnos en la vida real” y propone al espectador “bucear en nosotros mismos y pasarlo muy bien pasando mucho miedo”.
Para Noriega, cada personaje implica una exploración personal: “Haces un viaje a tus profundidades buscando similitudes, buscando cosas que te resuenan del guion”. En este caso, subraya que tanto su personaje como el de Salamanca “tienen un arco complejo y de mucho trabajo previo”.
El actor interpreta a Fran, un hombre incapaz de asumir responsabilidades e inmaduro. “Mi personaje representa la falta de compromiso, esa dificultad para tomar decisiones en la vida”, explica, al tiempo que apunta a una tendencia generacional porque “cada vez estamos posponiendo ese tipo de decisiones”.
El actor define a su personaje Fran como alguien que se percibe a sí mismo de una manera muy distinta a lo que es, ya que, según él, “es un hombre que se cree un poeta de profundos sentimientos pero en realidad es un egoísta sin alma que destruye el corazón de un pequeño ruiseñor”.
Frente a él, Amaia Salamanca construye un personaje que evoluciona desde el amor hasta la obsesión. “Intentas entender qué desea, qué teme, sus contradicciones. El dolor es muy humano y eso es lo que la mueve”, asegura.
Su personaje, Rosa Martín, se mueve entre las dimensiones de una artista enamorada y la figura perturbadora en la que se transforma.
“Tiene muchas capas, una obsesión que la va autodestruyendo”, apunta la actriz, que además asumió el reto de cantar y tocar la guitarra tras meses de preparación.
Tal y como afirma el director, uno de los ejes del filme es la ausencia de juicios simples, ya que “no es película de buenos y malos, porque la vida no va de eso”.
En el fondo, añade el director, ambos personajes comparten lo mismo: “Quieren ser amados, como todos”.
En ese sentido, la película conecta con realidades actuales. “Hay muchas cosas que van a hacer conectar al espectador con el amor tóxico, con la ira, con la obsesión”, apunta el director, mientras Noriega añade que “mucha gente se puede sentir reflejada” en esas dinámicas.
La historia está atravesada por la culpa, una idea que el propio Lamata considera central: “La culpa vertebra el universo”.
En esa línea, la película conecta con reflexiones literarias como las de Jeanette Winterson sobre cómo el rechazo puede transformar el amor en odio y obsesión, a lo que Lamata apunta que, cuando tienes un amor no correspondido, “no solo odias a la persona que no te quiere, es que te odias a ti mismo por haberte enamorado”.
Rodada en localizaciones de Aragón, la película refuerza también el vínculo del director con su tierra. “Aragón es una tierra que cada vez apoya más el cine”, destaca Lamata.
Salamanca y Noriega coinciden en señalar la experiencia como positiva: “Nos encanta Aragón para rodar y para todo porque la gente aquí es fantástica”.
‘La ahorcada’ propone, además, un juego constante con la percepción del espectador al tratarse, para Noriega, de “un cine que exige, que te hace dudar de lo que estás viendo”.
Esa ambigüedad forma parte de una apuesta que, según Lamata, busca “retar” al público y sacarlo de su zona de confort, ya que la película se aleja del susto inmediato para construir una incomodidad progresiva, donde lo psicológico gana peso frente a lo evidente.
Al final, más que una historia de fantasmas, ‘La ahorcada’ plantea qué hacemos con el daño que se siente y con el que se provoca, una pregunta que, como indica su director, “obliga a mirar hacia dentro”.
“El amor no correspondido puede ser la emoción más poderosa y más destructiva, y por eso hay que aprender a dejar ir. Qué difícil es eso”, concluye. EFE
Nrp/mrl/jlp
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