Paco Aguado
Sevilla, 18, abr (EFE).- El mano a mano que enfrentó hoy a los sevillanos Manuel Escribano y Borja Jiménez en la feria de Sevilla, con el cuarto "no hay billetes" en las taquillas, no tuvo apenas momentos brillantes, en tanto que ninguno llegó a apurar la exigente bravura que desarrolló una terciada corrida de la divisa de Victorino Martín.
Porque ese escaso trapío de la mayoría de los ejemplares de la famosa ganadería -sin apenas remate, con escasa alzada y cierta desproporción en sus hechuras y hasta en la forma de sus pitones- no tuvo nada que ver con su juego, marcado por una bravura muy exigente que lo compensó con su trapío "interior".
Hasta cinco de los "victorinos" ofrecieron así la posibilidad de que el poco justificado mano a mano que la nueva empresa anunció entre Escribano y Jiménez se hubiera saldado si no con un buen balance de orejas, al menos con muchos más momentos de intensidad y auténtica emoción que, lamentablemente, casi siempre solo pusieron los toros.
De hecho, Manuel Escribano sólo los logró en dos tandas de naturales, una a cada uno de sus primeros toros. Aparte de irse a saludar a portagayola a los dos últimos de su lote y de protagonizar unos tercios de banderillas de mero trámite y con más desaciertos que brillantez, el torero de Gerena pocas veces se asentó y gobernó las embestidas en el último tercio.
Por eso, la aislada tanda estimable de naturales al que abrió plaza llegó muy avanzada la faena, cuando por fin se decidió a enganchar las bravas y serias embestidas del cárdeno con los vuelos de la tela a ras de arena, incitándolas con paciencia y suavidad. Porque fue ahí, en el toreo más auténtico, donde se vio la verdadera condición de un toro que estuvo a punto de desbordar a Escribano antes pero también después, sin volver a repetir tan necesaria fórmula.
Y más de lo mismo le sucedió con el tercero, después de abrir el trasteo sometiendo por bajo a un ejemplar flacón que, pese a su escaso cuajo, se arrancó con potencia y energía en los primeros compases, pero sin que Escribano acertara tampoco a mantener esa exigencia ni acabara de concretar.
Esas fueron, por tanto, las dos únicas opciones que no aprovechó el veterano del cartel, que ya no las encontró con un quinto afligido y muy anovillado, impropio de esta plaza y de esta feria, que de salida ya provocó lógicas y fuertes protestas.
En cambio, a Borja Jiménez le embistieron los tres, aun con distintos ritmos e intensidad. Con mayor dureza, pidiendo un auténtico compromiso, lo hizo el segundo de la tarde, al que el torero de Espartinas, como antes Escribano con el primero, tardó mucho en aplicar la clave técnica, que era exactamente la misma: cite entregado y con un trazo bajo t suave de la tela desde el embroque hasta el remate.
Así llegó esa única buena serie con la zurda que se anotó el sevillano, y también algunos otros muletazos salpicados que se le jalearon con fuerza y que le hubieran podido valer la oreja solicitada tras la brava muerte del "victorino" por un feo bajonazo que contó más para la negativa presidencial.
Su segundo fue el toro estrella de la corrida, el que, además de la bravura mostrada también en varas tuvo una noble y rítmica embestida que facilitaba un toreo más reposado. De ahí que, ante la evidencia, también se entregara Jiménez y que, de nuevo de media faena en adelante, cuajara las dos series de naturales más redondas, las de más pasión y asiento... a falta de rematar mejor cada uno de los pases.
Esta vez hubieran caído, probablemente, no una sino dos orejas, aunque él mismo se las negó ejecutando la suerte suprema tan erráticamente como se hizo en los seis toros, incluidos sus propios pinchazos y bajonazos a un sexto muy noble y algo justo de fuerzas al que nunca ayudó con unos muletazos obsesivamente redondeados y con la exigencia que no era precisamente este "victorino" el que más necesitó.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de Victorino Martín, de muy desigual presentación y con una mayoría de toros terciados y de escaso cuajo, pero con cinco de ellos de bravo y exigente comportamiento, con un cuarto de especial calidad y nobleza. El único sin opciones fue el afligido y anovillado quinto.
Manuel Escribano, de azul noche y oro: estocada desprendida muy trasera y dos descabellos (ovación tras aviso); estocada trasera caída (silencio tras aviso); y estocada baja muy trasera (silencio).
Borja Jiménez, de gris plomo y oro: estocada baja delantera (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso); estocada corta tendida, estocada corta delantera y descabello (vuelta al ruedo); dos pinchazos, metisaca bajo y media estocada delantera desprendida (silencio).
Entre las cuadrillas, Iván García tuvo que saludar tras dos soberbios pares de banderillas al sexto.
Octavo festejo de abono de la feria de Abril, con cartel de "no hay billetes" (12.00 espectadores), en tarde de calor sofocante.EFE
(foto)
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