Paco Aguado
Sevilla, 14 abr (EFE).- El salmantino Julio Norte, que paseó sendas orejas, y el portugués Tomás Bastos, que cortó una, resultaron los triunfadores de la novillada celebrada hoy en Sevilla, un festejo ilusionante de cara al futuro por la disposición y la competencia que desplegó una terna de la que, aun sin trofeos, el mexicano Emiliano Osornio hizo el toreo de más calidad y pureza.
Para ello contaron con una novillada del hierro del matador de toros Alejandro Talavante, que mandó un encierro terciado y de "cómodas" cabezas y con mucha nobleza, sin poner nunca en apuros a los toreros, pero del que sólo el tercero, aparte del muy manejable comportamiento del conjunto, sacó un mayor y auténtico fondo de raza y de clase.
Ese utrero destacado, "Compañero" de nombre, le cupo en suerte a Julio Norte, que, incluso toreando de rodillas en la apertura de faena, ayudó con suavidad a que el animal recobrara sus fuerzas y olvidara un amago de refugiarse en tablas tras banderillas. Pero el hecho es que fue así como el de Talavante rompió a embestir con alegría y prontitud, mientras el novillero charro se dedicaba a asentarlo.
Tardó en hacerlo sólo dos tandas con la mano derecha, suficientes para que, al citarle por el pitón zurdo, el utrero sacara su auténtico fondo, el de una pausada calidad de embestidas entregadas y rítmicas que Julio Norte aprovechó llevándole mecido en los vuelos de la muleta con naturales de largo trazo que levantaron fuertes olés en los tendidos.
Cortó así el novillero de Salamanca la primera de las dos orejas que obtuvo en su debut en la Maestranza, ya que la otra se la cortó in extremis al sexto, un novillo de pelo melocotón que manseó claramente en los primeros tercios pero que también acabó rompiendo de mitad de trasteo en adelante, y también por el lado izquierdo.
Esta vez, Norte también le ligó pases de extenso recorrido, que fueron la cima de una faena en la que echó el resto en un final de alardes y adornos, algo acelerado, pero suficiente para mantener la conexión con los tendidos y acabar por obtener el premio que marcó la diferencia "estadística" de la tarde.
Porque, aunque también se la pidieron de su primero, Tomás Bastos tuvo que conformarse solo con una, la de un quinto de mayor volumen y alzada que el resto. Y que además aguantó y se movió en el último tercio pero sin ritmo ni empuje en unas arrancadas que el portugués asentó y alargó con solvente gobierno.
Ese mismo oficio, aunque optando más por la cantidad que por la calidad, fue del que había tirado un muy rodado Bastos para aprovechar la engañosa movilidad de un segundo de la tarde que, siempre amenazando con rajarse, se salía de las suertes y pronto comenzó a mirar obsesivamente hacia las tablas.
Sólo que el novillero luso no le dejó hacerlo, sino que, algo refugiado en la pala del pitón, no le permitió ver más que muleta, sin quitársela de la cara y sin acabar de rematar los pases para que el animal aguantara más en la pelea. Una estocada defectuosa fue probablemente el motivo de que, en este caso, el presidente le negara el trofeo.
Pero más allá de los premios, fue una tarde de clara competencia entre tres de los novilleros punteros del momento, lo que se apreció especialmente en los tercios de quites, en los que alternaron con mucha quietud y variedad.
De hecho, la novillada comenzó por lo más alto ya en ese sentido, en tanto que al novillo que abrió plaza le cuajaron hasta tres entre Osornio, que eligió la hondura de la verónica y con una media soberbia, y Bastos, éste con unas templadas tafalleras que remató con otra media verónica casi circular.
Claro que tanto desgaste capotero acabó por hacer ir a menos a un utrero que apuntó una clase que ya no pudo desarrollar en la muleta de Osornio, que además lo mantuvo demasiado tiempo en los medios, donde el animal aún se encogió más.
Tampoco ofreció mucho el cuarto, que completó el lote de menos opciones del encierro. Y, aunque se paró casi por completo tras salir del peto, el único que pareció no perder la fe fue el mexicano, durante un trasteo que, con pulso y sinceridad, fue yendo a más, atemperando las protestas del utrero y poco a poco limpiando y alargándole los embroques.
De mitad de obra en adelante y aun sin posible ligazón, Osornio pudo ya desplegar el toreo de más verdad, calidad y temple de la tarde, asentadísimo de plantas, con toda naturalidad, sin aparente esfuerzo y con absoluto dominio.
Lo extraño es que una plaza como la de Sevilla, que de siempre supo catar las delicatessen toreras, no reaccionara a la misma altura, por lo que la importancia de la obra pasó totalmente desapercibida para esa mayoría que premió con orejas otro tipo de toreo.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis novillos de Alejandro Talavante, dispares de volúmenes -con algunos muy terciados- y de "cómodas" cabezas. En cuanto a juego, resultaron más que manejables pues la mayoría sacó nobleza y cierta calidad en sus embestidas, aunque lastrada en ocasiones por falta de un mayor fondo de raza. El más destacado fue el tercero, el de más duración y una soberbia clase por el pitón izquierdo.
Emiliano Osornio, de sangre de toro y oro: dos pinchazos y estocada (silencio); pinchazo bajo (palmas).
Tomás Bastos, de blanco y plata: estocada perpendicular algo atravesada y descabello (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso); estocada desprendida (oreja tras aviso).
Julio Norte, de rosa y oro: estocada caída (oreja); pinchazo bajo y estocada (oreja).
Osornio y Bastos hicieron su presentación en esta plaza. Entre las cuadrillas, Joaquín Oliviera y Fernando Sánchez saludaron tras banderillear al quinto.
Cuarto festejo de abono de la Feria de Abril de Sevilla, con medio aforo cubierto (unos 6.000 espectadores), en tarde agradable.
EFE
pa/amd


