María Alonso
Granada, 4 abr (EFE).- María y Palmira habían perdido toda la esperanza. Tras vivir años sumidas "en los infiernos más profundos" y sobrevivir a varios intentos de suicidio, hoy aseguran que gracias a la Comunidad Terapéutica de Salud Mental Sur de Granada han recuperado la fuerza para vivir.
"Yo vengo de una cama y de la soledad más absoluta, pero aquí me han devuelto de los infiernos a la vida", explica a EFE María en el patio del centro mientras sostiene la mano de Palmira, que ahora es su compañera de piso.
Desde este espacio al aire libre donde los pacientes conversan, pasean o comparten tiempo juntos, María cuenta que en un principio no quería acudir a esta comunidad, que depende del Hospital Clínico San Cecilio y en la que ayudan a personas con enfermedades mentales graves.
Pensaba que la encerrarían de por vida y que sería como en la película 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. Aún así decidió seguir las indicaciones de su psiquiatra y "dar una última oportunidad".
Ahora, menos de un año después, asegura que todo ha cambiado. "Es el único espacio donde me siento segura, amparada, protegida, donde nadie me juzga. Han ido sacando de mí cosas que yo creía que no tenía. Nunca pensé que hubiera un sitio así. Les debo mi vida", expresa conmovida.
A su lado, Palmira asiente: "Cuando llegué aquí decía, 'a ver si ya se dan por vencidos, porque no lo soporto, no quiero seguir viviendo'. Pensé que no iba a durar ni una semana, pero ahora soy una persona distinta. Tengo ilusión por hacer mil cosas y me da mucha pena que haya personas perdidas que no saben que hay lugares como este", comenta.
El deseo de agradecer todo lo que había recibido en la comunidad llevó a Palmira a la idea de escribir una carta al personal del centro.
Lo que comenzó como un gesto individual se ha convertido en una iniciativa colectiva, ya que otros diez pacientes han participado en esa carta coral en la que han podido expresar emociones difíciles de verbalizar, compartir sus logros y reconocer la dedicación de quienes los acompañan en su proceso de recuperación.
La carta, titulada 'Nunca pensé que existiera un sitio como este', está formada íntegramente por textos escritos por cada paciente.
Dos becarias del centro, Valle y Montse, se han encargado estas semanas de guiar la iniciativa y ordenar los textos para dar forma a la carta conjunta.
Como explica a EFE Ana Calderón, coordinadora de cuidados de la Unidad de Gestión Clínica de Salud Mental del Hospital Universitario Clínico San Cecilio, las comunidades terapéuticas forman parte de la atención sanitaria del Servicio Andaluz de Salud (SAS) y están destinadas a personas con enfermedades mentales graves o adicciones que requieren un acompañamiento intensivo.
En Andalucía hay 15 y los pacientes ingresan voluntariamente después de que la Comisión de Trastorno Mental Grave decida que necesitan una atención más intensa y prolongada.
La terapeuta ocupacional del centro, Erika, añade a EFE que deben ser mayores de edad y suelen pasar entre seis y nueve meses, aunque hay casos en los que se alarga más. Pueden permanecer ingresados o acudir en régimen de hospital de día.
En la Comunidad Terapéutica Sur de Granada, que atiende a unas 50 personas, los pacientes siguen una rutina estructurada: actividades de la vida diaria, higiene, cuidado del entorno, talleres de música y ejercicio físico, así como grupos de estimulación cognitiva y psicoterapia.
"No solo intervenimos en su salud mental. Trabajamos autoestima, habilidades sociales, autonomía y proyecto vital. El objetivo final es que recuperen la capacidad de decidir y de vivir por sí mismos", subraya Erika.
Como coinciden María, Palmira y Erika, aún existen muchos prejuicios sobre la salud mental. Pero, además del estigma social, los pacientes se suelen enfrentar a un gran autoestigma.
"Tenemos que aprender a no definirnos solo por la enfermedad. Yo tengo depresión y adicciones, pero no soy eso. Aquí aprendemos a recuperar nuestra identidad más allá del diagnóstico", dice Palmira.
Ambas sienten en que su transformación es un ejemplo de lo que puede lograrse con apoyo profesional y esfuerzo personal.
"Estamos vivas gracias a este espacio. Se puede salir de cualquier enfermedad grave o adicción si te rodeas de la gente apropiada y te dejas ayudar. Hay esperanza, siempre", concluye María antes de desear que más personas que sufren conozcan estos recursos y confíen en que es posible recuperar las ganas de vivir. EFE
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