A pesar de que el anciano de 81 años no sufrió heridas durante el periodo en que estuvo encerrado en una habitación de la vivienda familiar, el fiscal solicitó una condena de diez años de prisión para su hijo y la esposa de este, según consignó el medio que reportó el juicio realizado este martes en la Audiencia Provincial de A Coruña. Tanto el acusado como su pareja negaron haber sometido al hombre a tratos degradantes o haberle confinado con alambres en las ventanas, hechos que el Ministerio Público calificó como detención ilegal y delito contra la integridad moral, sumando la circunstancia de abandono de un familiar vulnerable.
De acuerdo con la información publicada, los hechos ocurrieron en una vivienda de Tiabre, en el municipio coruñés de Betanzos, entre diciembre de 2022 y, al menos, el 24 de enero de 2023. Según el escrito de acusación, durante ese lapso, la víctima permaneció encerrada durante las noches con un candado instalado en el exterior de la puerta de la habitación, y, en ocasiones, habría estado atada de pies y manos. Además, la Fiscalía afirmó que la nuera mantenía al anciano en condiciones precarias, proporcionándole pañales para sus necesidades y limitando el suministro de comida y bebida a solo una vez al día y en pequeñas cantidades. El fiscal destacó el uso de alambres para impedir la apertura de las ventanas y el deterioro de la higiene y el bienestar del afectado.
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Durante la vista, ambos acusados negaron de manera categórica las imputaciones. El hijo del octogenario admitió que cerraban la puerta con un candado por las noches, pero lo justificó como una medida de prevención tras una caída previa de su padre. Sostuvo que la intención no era privarlo de libertad, sino evitar que corriera riesgos al deambular, especialmente cerca de las escaleras. En su declaración, también eximió a su esposa de haber realizado cualquier tipo de inmovilización y negó la existencia de alambres en las ventanas. Sostuvo que, luego de la caída sufrida por su padre en su domicilio de Pontedeume, donde vivía solo, decidieron acogerlo en su casa para garantizar su cuidado.
Por su parte, la esposa del acusado reafirmó la versión del candado como una medida exclusiva para la noche, motivada por el temor a una nueva caída y no por deseos de retener o perjudicar al anciano. Explicó que los pañales se utilizaban siguiendo una indicación médica, derivada de la situación de salud del hombre y no por negligencia. Además, rechazó haberlo atado en ningún momento, aunque admitió que, en una ocasión, se defendió cuando el anciano intentó agredirla, lo que causó una rozadura en las muñecas del afectado.
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La relación familiar también se abordó durante el juicio, según consignó el medio que cubrió la audiencia. El anciano manifestó su enemistad con la nuera, a quien responsabilizó de su situación, y señaló que una de las razones detrás de la denuncia sería un conflicto de interés en torno a su dinero por parte de otros hijos. Dijo que no podía comunicarse con el resto de la familia porque la nuera le retiró el teléfono móvil. La acusación se agravó por el testimonio de uno de sus hijos y una de las hijas, hermana del principal acusado, quienes apoyaron la versión de la supuesta víctima y describieron al acusado como una persona "manipulable", sosteniendo que, en la vivienda de Betanzos, su padre se encontraba atado y privado de libertad.
La Fiscalía insistió en que la nuera “con el beneplácito y conocimiento” de su marido, mantenía a la víctima en condiciones insalubres y precarias. Detalló que el anciano debía utilizar pañales, los cuales se acumulaban en una papelera sin ser cambiados con la frecuencia adecuada, y que apenas recibía comida y bebida a lo largo del día. Según publicó el medio, incluso fue una vecina de otra vivienda quien le facilitó agua al anciano por la ventana, lo que para la acusación constituía una muestra del estado de abandono.
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El entorno familiar y los desencuentros también aparecieron entre los argumentos de la defensa, quien atribuyó la existencia de la denuncia a intereses económicos de otros hijos, así como a la prohibición de consumir alcohol que el matrimonio estableció para el adulto mayor. Los acusados negaron, por otro lado, que el comportamiento hacia el anciano implicara desnutrición.
Durante su declaración en el juicio, recogida por el medio informativo, el octogenario reiteró que lo sujetaron de pies y manos en la cama y que, tras un accidente doméstico que requirió hospitalización, se trasladó a la vivienda familiar. Insistió en los conflictos con su nuera, a quien responsabilizó en reiteradas ocasiones, y relató cómo se vio impedido de mantener contacto con sus otros hijos debido a la retirada del móvil por parte de la acusada.
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La defensa, que representa a ambos procesados, rechazó de manera tajante los cargos presentados por la Fiscalía y negó la existencia de las condiciones insalubres, la utilización de alambres para bloquear las ventanas y el hecho de que el afectado careciera de atención durante su estancia. En las próximas jornadas, la Audiencia Provincial de A Coruña continuará la valoración de los testimonios y pruebas presentados, en un proceso en el que el Ministerio Público mantiene la petición de diez años de prisión para cada uno de los acusados por los delitos de detención ilegal y atentado contra la integridad moral, junto con la agravante de abandono de un familiar en situación vulnerable.
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