Vecinos de Grazalema afrontan la primera noche de vuelta con sus casas patas arriba

Los habitantes regresan tras la evacuación forzada por inundaciones, encuentran viviendas alteradas, daños materiales severos y electricidad intermitente, mientras algunos aún no logran acceder a sus hogares y esperan una evaluación oficial para recuperar la normalidad

Guardar

Paqui, una de las vecinas de Grazalema que retornó a su hogar después de once días de evacuación a causa de las intensas lluvias, revisó el estado de los objetos que protegió antes de abandonar su vivienda. El sofá, colocado de manera estratégica encima de una mesa, y el bombo de su hijo, pieza clave para la banda de música local, fueron algunos de los elementos salvaguardados frente a los peligros de la inundación. Según reportó la Agencia EFE, este panorama refleja el desafío que enfrentan los habitantes de este municipio de la Sierra de Cádiz, donde aún persisten daños materiales, acceso restringido a algunas viviendas y cortes de electricidad tras la vuelta forzada por la emergencia.

De acuerdo con lo que consignó la Agencia EFE, el episodio se desató por el colapso del acuífero, lo que provocó un riesgo inminente de derrumbes y obligó a evacuar a los vecinos durante más de una semana. El regreso se produjo en medio de un ambiente de incertidumbre, marcado por viviendas donde todavía se aprecian rastros de la catástrofe y por la preocupación de no saber cuándo todas las zonas recobrarán la normalidad. Algunas familias, como la de Mari Luz, continúan aguardando la autorización para entrar. Esta vecina, cocinera del colegio local, relató al medio que reside en la llamada 'zona cero', Los Corrales, área que sigue sin permitir el acceso a sus residentes y donde los cortes de luz no han concluido.

La situación afecta tanto a familias como a empresarios. Antonio, propietario de uno de los cinco supermercados del pueblo, además de una ferretería y una fábrica de licores y mermeladas, narró a EFE que su almacén principal, ubicado en el sótano del supermercado, sufrió daños severos por la inundación. El agua alcanzó una altura de cuatro metros y dañó los motores de maquinaria, transformando parte de su mercancía en material inservible y dejando el lugar sin suministro eléctrico. Antonio resumió el sentimiento del momento como una combinación de catástrofe, tensión e impotencia por la falta de soluciones inmediatas y la necesidad de una pronta evaluación de los seguros para encarar las pérdidas.

Las medidas de los vecinos para defender sus viviendas adoptaron variados recursos. Algunas puertas continúan sujetas con tablones y trapos, vestigios de la barrera improvisada contra el avance de la humedad. Según publicó EFE, existen antecedentes de episodios similares, aunque en esta ocasión la magnitud sorprendió incluso a quienes llevan toda la vida en Grazalema. En experiencias pasadas, Paqui recuerda cómo el agua brotaba a través de los desagües del patio, repitiendo la operación de subir a familiares a plantas superiores y ubicando muebles en sitios elevados para evitar su deterioro. Relató, además, costumbres transmitidas por generaciones, como la del bisabuelo, quien utilizaba un corcho para aislar sus zapatos de la humedad, ante la resignación de convivir con el agua eventualmente.

Las causas de la inundación, según mencionaron a EFE distintos vecinos, se relacionan en parte con la existencia de viejas tuberías bajo el suelo del municipio, algunas bloqueadas por nuevas construcciones, lo que agravó el problema al impedir el paso normal del agua. Muchas viviendas, sumidas en la humedad y el desorden, permanecerán en condiciones precarias hasta contar con la evaluación de los técnicos y la restauración completa de los servicios. Al relatar sus vivencias, los habitantes enfatizan la importancia de preservar ciertos elementos como los instrumentos musicales y los trajes de fiestas tradicionales, buscando mantener vivas las costumbres del lugar pese a la adversidad, según detalló la Agencia EFE.

En el entorno del municipio, la cotidianidad intenta recobrarse con pequeños gestos. La sede del ayuntamiento muestra dos pancartas: una da la bienvenida a quienes regresan y la otra expresa agradecimiento a quienes apoyaron durante la emergencia. EFE informó que muchas puertas siguen abiertas para que el agua remanente termine de salir de las viviendas, mientras las condiciones internas muestran restos del desastre. Edificios emblemáticos, como la iglesia, abrieron sus puertas y mantienen la iluminación, aunque se encuentran vacíos. En los alrededores, la vida silvestre, representada por ciervos cruzando la carretera, ofrece una escena de continuidad frente a la perturbación sufrida por la localidad.

Algunos residentes, como Mari Luz, permanecen atentos a las indicaciones de las autoridades y a la reanudación de las actividades laborales, mientras que otros apenas han podido iniciar las tareas de limpieza. La incertidumbre por el estado de las instalaciones eléctricas y los nuevos brotes de agua sigue preocupando a la comunidad. Publicó EFE que, tras la devastación sufrida el 5 de febrero, la prioridad se centra en retornar a la normalidad y recuperar la funcionalidad no solo de los hogares, sino también de los negocios que sustentan la economía local. Los habitantes de Grazalema enfrentan la reconstrucción diaria, asumiendo que la adversidad climática puede alterar su rutina en cualquier temporada del año.