
Inglaterra y Croacia volverán a verse las caras. La última vez que dichas selecciones se enfrentaron fue en el Mundial de Rusia en 2018, donde los de Luka Modric dejaron una herida que los ingleses aún no han olvidado del todo.
Han pasado ocho años de aquella semifinal, pero aquel 2-1 todavía sigue resonando en la historia. La selección de los Tres Leones rozó una final de una Copa del Mundo que llevaban años buscando, mientras que los croatas escribieron su generación en la historia con su primera final.
Es cierto que desde Moscú, ambos equipos se han cruzado más veces, y casi siempre con el mismo desenlace. Inglaterra reaccionó con una victoria en la Nations League de 2018 que mandó a Croacia a la Liga B. Más tarde, en la Eurocopa 2020, la selección de la isla volvió a ganar.
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Un rival que siempre deja algo
No es una rivalidad tradicional por cantidad de enfrentamientos, pero sí por intensidad. Cada cruce reciente entre ambos ha tenido algo en juego: una semifinal mundialista, una clasificación importante o, como ahora, el estreno en un gran torneo.
Los antecedentes muestran una ligera ventaja inglesa, que suma más victorias en el historial. Aun así, Croacia ha demostrado en varias ocasiones que sabe golpear cuando más duele, y la semifinal de 2018 sigue siendo el mejor ejemplo de ello. Esa competitividad se ha trasladado también al tono de los partidos: los últimos enfrentamientos han sido cerrados, físicos y con pocos espacios, sin que ninguno de los dos regale nada al otro.
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La nueva Inglaterra de Tuchel frente a la última resistencia croata
El choque de Dallas enfrenta, además, dos momentos muy distintos. Inglaterra llega con una plantilla profundamente renovada bajo la dirección de Thomas Tuchel. Del equipo que cayó en Moscú apenas permanecen Jordan Pickford, John Stones y Harry Kane; el resto pertenece a una nueva generación encabezada por Jude Bellingham, Declan Rice y Bukayo Saka.
El alemán no se ha andado con sentimentalismos a la hora de convocar, dejando fuera nombres como Phil Foden, Cole Palmer o Trent Alexander-Arnold para priorizar disciplina táctica y solidez física. Tuchel prefiere, eso sí, quitar presión al entorno y compara a su equipo con un tenista de gran nivel que llega a Wimbledon sin haber levantado nunca el trofeo, aunque admite que el vestuario “se atreve a soñar” con el título.
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Croacia, en cambio, sigue encontrando en Luka Modrić su principal referencia. A sus 40 años, y tras superar una fractura doble en el pómulo sufrida en abril, el capitán jugará con máscara protectora de carbono y seguirá siendo el faro futbolístico y emocional de una selección que mezcla experiencia con una nueva camada que busca recoger el testigo de la generación más exitosa de su historia. Zlatko Dalić no esconde la presión, admitiendo que un tropiezo en este estreno, dentro de un grupo apretado que completan Ghana y Panamá, “lo puede destruir todo”.

La batalla del centro del campo
Buena parte del partido se decidirá lejos de las áreas. Inglaterra cuenta con un mediocampo dinámico y físico, capaz de presionar alto y acelerar las transiciones. Croacia, en cambio, apuesta por la pausa, la lectura del juego y la capacidad de sus veteranos para controlar los tiempos.
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La batalla entre Bellingham, Rice y compañía frente a Modrić y Mateo Kovačić promete ser uno de los grandes atractivos de la noche. Quien consiga imponer su ritmo tendrá mucho ganado, y ahí entra también un factor extra: el calor de Texas, que ha complicado la preparación de varias selecciones.
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