Ana Picón
Almendralejo (Badajoz), 3 feb (EFE).- Hace tres años la vida de Alfonso Barrero, un camionero extremeño de 58 años natural del pequeño pueblo de Don Álvaro, cambió de un día para otro cuando detectó sangre en su orina y, al poco tiempo, le diagnosticaron cáncer en el riñón.
Una enfermedad que, en su caso, se ha cronificado y con la que está aprendiendo a convivir gracias a la terapia psicológica, que considera “fundamental desde el primer día” para todos los pacientes oncológicos.
Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, que se celebra este 4 de febrero, Alfonso ha compartido su historia en una entrevista a EFE sin edulcorantes ni dulcificación de una realidad que azotó con fuerza su vida y la de toda su familia.
“Una vez supe que tenía cáncer me vine abajo, pensé ‘para qué coño estoy aquí’ y después de un tiempo no podía seguir así ni mirar al futuro”, relata Alfonso.
Se sentía “muy mal y culpable por lo que tenía en casa”, ya que uno de sus hijos tiene disfasia cerebral y con el otro la relación se vio muy resentida debido a la falta de comunicación y las discusiones derivadas de la dificultad de gestionar la situación.
“Nunca me han ofrecido ayuda psicológica desde la Seguridad Social y yo tampoco es algo que me hubiera planteado”, asegura, y es que no comenzó a trabajar en su salud mental hasta dos años después de recibir el diagnóstico y a través de la Asociación Oncológica Tierra de Barros (AOTB), que cuenta con la única psicóloga especializada en esta zona del sur de Extremadura.
Cuando llegó a su primera sesión con Marta Lavado, la psicooncóloga con la que lleva trabajando un año semanalmente, “estaba fatal, no tenía ilusión por nada”.
“Los últimos seis meses han sido un calvario, he estado tomando pastillas que me han destrozado físicamente, con muchos dolores, por lo que si no hubiera empezado la terapia no sé qué hubiera sido de mí”, comenta.
Por eso, “es muy importante contar con acompañamiento psicológico desde el primer día, porque yo ni sabía que existía la posibilidad, pero es algo que se debería hacer, en mi caso me habría ahorrado muchísimo sufrimiento”, asegura.
Muy poco a poco, porque al principio pensó hasta en dejarlo, Alfonso ha recuperado sus “ganas de vivir, de hacer cosas” y ha sido porque ha asumido que “no se va a curar” y que, como explica su psicóloga, “no se trata de alargar la vida, sino de ensancharla”.
Los dos grandes “hitos terapéuticos” de Alfonso son cuando empezó a desarrollar aficiones como la fotografía, en la que está centrado ahora mismo, y cuando uno de sus hijos también inició un proceso de terapia que ha permitido mejorar la situación en casa.
“El cáncer es una enfermedad sistémica, la familia es como una red de araña y el cáncer es una tensión dentro que la sienten todos, todos sufren y es para todos, no solo para el que lo vive”, explica Marta Lavado.
"Alfonso llegó con mucha sintomatología depresiva que se ha quitado sin medicación, gracias a su esfuerzo en terapia, porque no ha faltado a ninguna cita y todo lo que se planteaba lo llevaba a cabo”, destaca su psicóloga.
“Es un buen referente y además hombre, que es más difícil de ver en terapia”, señala, ya que por construcción social a los hombres les resulta “más difícil pedir ayuda, mostrarse vulnerables o hablar de emociones”.
Aún así, esta profesional quiere dejar claro que no existe una manera de enfocarlo a nivel emocional que pueda ayudar a curar el cáncer: “En Oncología pesa la tiranía del positivismo, pero a día de hoy no existe ningún estudio científico que diga que las emociones predicen ni para bien ni para mal el resultado oncológico”.
“La frase de ‘si estás contento todo va a ir mejor’, no es cierta. Las emociones agradables te van ayudar en tu calidad de vida pero es que las desagradables también son necesarias, gracias a la tristeza Alfonso pudo hacer el cambio y el proceso de adaptación, si no, lo que estás haciendo es mirar hacia otro lado”, apunta Lavado.
“Por este motivo es importante que haya psicooncólogos suficientes para atender a cada caso, porque no hay una única forma de llevarlo”, destaca.
Actualmente no hay recursos suficientes y asociaciones como AOTB cubren las carencias del sector público, pero “cada vez es más necesario porque es una realidad que sufre uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres a lo largo de su vida, por lo que si uno no acaba siendo paciente oncológico va a ser familiar de uno”.
De esta manera, Lavado concluye que “se necesitan más recursos y más conocimiento porque a Alfonso le pasó que no sabía que necesitaba ayuda psicológica ni que existía la posibilidad, ya que cuando te diagnostican un cáncer, y es normal, prima la salud física".
A su juicio, no hay que olvidar que el concepto de salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "no es solo la ausencia de enfermedad, sino un estado de bienestar integral; tenemos que cuidarnos todos, no solamente uno”. EFE
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