"El hombre del saco", un film inocente y ochentero del coco que se lleva a los niños malos

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Alicia G. Arribas

Madrid, 8 ago (EFE).- Javier Botet es un actor español al que casi nunca se le ve la cara: es el intérprete por excelencia de los monstruos que pueblan las películas de terror. Ahora vuelve a las salas como "El hombre del saco", la amenaza más recurrente con la que los padres han controlado a los niños malos.

"Hoy día, sobre todo con las redes sociales, los niños están curados de espanto", afirma el actor manchego en una entrevista con EFE con motivo del estreno, este viernes, del segundo largometraje de Ángel Gómez Hernández, una recreación de la cruel leyenda que ha aterrorizado por generaciones a niños de todo el mundo y que sirve para reflexionar sobre la familia, la muerte o la culpa.

Quizá, opina Botet, los padres tenían antes menos conocimiento de los problemas que podían crear a sus hijos culpándoles de ser malos.

Pero la película, "aparte de la diversión -dice el actor detrás del personaje de "la niña Medeiros" de "(REC)".-, tiene un mensaje importante: que ahora nos replanteamos muchas cosas antes de hacer ciertos comentarios".

Cosas "que se soltaban a la ligera y que hoy sabemos que hay que tener cuidado y más responsabilidad emocional, cosas -afirma Botet- que pueden pasar factura, a tus hijos y a ti mismo".

La película se inspira en un hombre real, un asesino convicto, que vivió a principios del siglo pasado en la localidad andaluza de Gádor (Almería), un enfermo de tuberculosis que, siguiendo las indicaciones de una curandera, raptaba a niños sanos y los metía en un saco para beber su sangre, convencido de que así sanaría.

Con esa base, Gómez Hernández traslada a una familia, una madre y tres hijos, que acaban de perder al padre en un accidente de tráfico, a ese mismo pueblo, donde cien años después de los crímenes siguen desapareciendo niños.

Los primeros amigos que hacen en el pueblo les cuentan la leyenda del sacamantecas, el hombre del saco que se lleva a los niños que se portan mal. Todo parece un juego hasta que desaparece el más pequeño de ellos. A partir de ese momento, la película vira a una cinta de aventuras contrarreloj con un misterioso personaje como clave de los sucesos: Quino Aguirre (Manolo Solo).

Botet, que aparte de actor e ilustrador, es director de cortos y guionista, reivindica "el cine que se hacía en los ochenta, por la inocencia con que se rodaba".

"Cada vez -dice Botet a EFE- nos hemos ido complicando más y volviéndonos más dependientes de los efectos especiales (...). Antes todo era más inocente, te proponían una aventura sin límites, tú entrabas en el código y la disfrutabas, y ya".

Y en esta película, afirma, "fue justo eso lo que me encontré: la libertad, la inocencia, y una propuesta divertida porque venía contada desde el punto de vista de unos niños. Fue gratificante participar en ella".

Y eso que no sale mucho. Botet sabe que es mejor desear que tener y que, a pesar de las muchas horas de maquillaje que requieren sus terroríficos personajes, el protagonista de "Mamá" (2013), "Expediente Warren: el caso Endfield" (2016), "It" (2017) o "Slender Man" (2018), entre otros, asegura que en sus años dedicado al cine de terror ha aprendido que "lo importante para el miedo es sugerir, proponer, no enseñar, sino dejar un espacio en blanco para que cada uno lo rellene con sus propios miedos".

Ángel Gómez Hernández, que debutó con "Voces" en 2020, mezcla en esta película -protagonizada por los jóvenes actores Lorca Prada, Claudia Placer, Iván Renedo, Carla Tous, Guillermo Novillo, Lucas Blas y Luna Fulgencio- la típica historia veraniega de amistad entre adolescentes raritos con ingredientes fantásticos y un poco de terror, a los que suma sustos controlados y grandes dosis de conceptos religiosos como la culpa, el bien, el mal, lo correcto o el sacrificio. EFE

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