Lara Malvesí
Barcelona, 13 jul (EFE).- La Unión por el Mediterráneo (UpM), la alianza que reúne a los países de la Unión Europea y 16 países del sur y este de este mar, cumple este jueves 15 años de trabajos para fortalecer una cooperación e integración regional que sigue sin atajar retos mayúsculos como la inmigración o la desigualdad económica y social entre sus miembros.
"Hay que reconocer que algunos retos persisten y que el nivel de integración está por debajo del potencial regional", dijo a los periodistas en un encuentro antes del aniversario el secretario general de la UpM, Nasser Kamel.
La UpM se creó el 13 de julio de 2008 en una cumbre en París con el objetivo de hacer realidad los valores y los logros del llamado Proceso de Barcelona, que puso en marcha la Unión Europea en 1995, entre los países de la UE y los estados de la zona, como mecanismo de coordinación internacional entre todos los países del Mediterráneo.
La organización reivindica el trabajo hecho con más de sesenta proyectos de colaboración contra el cambio climático, por el empleo joven o la igualdad de género al tiempo que insiste en la infrafinanciación de la organización con sede en el Palau de Pedralbes.
"Necesitamos invertir y crear unas infraestructuras de cooperación para hacer frente a los desafíos mutuos" en sendas cuencas del mar común "desde el cambio climático hasta la desigualdad social y económica o la inmigración", señaló Kamel.
A propósito de esta última, y frente a los enfoques de control de fronteras, el secretario general reconoció que "no es un tema de consenso" entre los países y que a su modo de ver debe estudiarse las causas de la inmigración ilegal tales como la desigualdad, así como apostar por los acuerdos de migración legal de trabajadores contratados en origen, un modelo que, destacó, practican, por ejemplo, España y Marruecos.
LEJOS DE LA UNIÓN POLÍTICA
El investigador principal del CIDOB y experto en Oriente Medio y Norte de África, Moussa Bourekba, recordó en conversación con EFE que pocos años más tarde empezarían las revueltas prodemocráticas de la primavera árabe, que hubieran podido fomentar que el norte del Mediterráneo hiciera esfuerzos por aprovechar la "ventana de oportunidad para una mayor integración".
Sin embargo, según el investigador, los países europeos habrían preferido la estabilidad en las relaciones con los países de la región pese a que se trate de lugares donde ha aumentado el totalitarismo.
"Ese tendencia de distanciamiento se agudizó aún más a partir de la crisis de refugiados de 2015 y con la ola de atentados yihadistas en territorio europeo", añadió Bourekba.
Para el analista, "los principales retos en la región tienen que ver con la dimensión de integración más política; con crear un espacio euromediterráneo de paz y seguridad, así como avanzar en la integración humana y social, que, de hecho, eran objetivos de la declaración de Barcelona de 1995".
Lejos de profundizar en la parte política y social, ambas orillas del Mediterráneo tendrían una relación "más transaccional, más comercial", un enfoque que además está llevando a los socios del norte de África a querer "diversificar" sus relaciones con China, Rusia y Turquía, para "no depender tanto de Europa".
EL TRABAJO DEL FUTURO
Aprovechando el aniversario, la presidencia de la UpM y los Estados miembros lanzaron un análisis general sobre las acciones que la organización lleva a cabo con el objetivo de identificar áreas que deberían mejorarse, reforzar la UpM y mejorar su capacidad para promover iniciativas y proyectos a una mayor escala.
Hasta la fecha, la UpM implementó más de 60 programas de cooperación en toda la región, fruto de más de 30 reuniones ministeriales anuales a lo largo de los años. EFE
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