Marta Jiménez, neuropsicóloga: “Lo que no dices se queda flotando en un limbo emocional donde no puede ser resuelto ni cerrado”

La experta explica cómo las palabras que guardamos pueden afectarnos a nivel emocional y por qué es importante expresar lo que sentimos

Es importante hablar y no guardarse los sentimientos
Mujer preocupada. (Magnific)
Guardar

El ser humano es una especie social. A lo largo de la vida, construimos vínculos, compartimos experiencias y buscamos en los demás un lugar donde sentirnos comprendidos. Sin embargo, no siempre encontramos las palabras para expresar lo que nos pasa.

Hay emociones que se quedan atrapadas en la garganta, conversaciones que nunca llegan a darse y sentimientos que, por miedo, orgullo o inseguridad, terminamos guardándonos. Lo que callamos no desaparece con el silencio. A veces, permanece dentro de nosotros, pesa, duele y deja una huella en las relaciones que construimos.

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La neuropsicóloga Marta Jiménez, que cuenta con más de 30.000 seguidores en TikTok (@martajimenezpsicologia), ha reflexionado sobre ello en uno de sus últimos vídeos. “Lo que no dijiste se queda flotando en una especie de limbo emocional donde no puede ser ni resuelto ni cerrado”, afirma la experta.

El peligro del silencio

Para Marta, el dolor no siempre nace de aquello que hacemos, sino también de lo que dejamos sin hacer. Aquello que no decimos puede ser una carga difícil de soltar, sobre todo cuando la otra persona ya no está.

En estos casos, quedan pendientes sentimientos como el cariño, el arrepentimiento o la necesidad de pedir perdón. A diferencia de los errores que reconocemos y asumimos, las conversaciones que nunca llegamos a tener no encuentran una resolución. La persona puede seguir dando vueltas a lo que habría querido decir o a cómo habría cambiado la situación si se hubiera atrevido a expresarlo.

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Esta situación se complica cuando perdemos la oportunidad de hacerlo. Una ruptura, el distanciamiento o la pérdida de alguien pueden impedir que esas palabras lleguen a su destinatario. Por ello, la experta recomienda expresar aquello que sentimos mientras todavía existe la posibilidad de hacerlo. No significa que la conversación vaya a cambiar lo ocurrido ni que la otra persona vaya a responder como esperamos, pero sí que podemos dejar de posponer una cuestión que nos afecta.

@martajimenezpsicologia Lo que más pesa no son los errores. Es lo que no dijiste. 📮   Los errores los procesas, los lloras, los integras. Pero las palabras que te tragaste se quedan flotando en un limbo que nunca se cierra.   Hoy, si hay algo que llevas tiempo pensando en decirle a alguien… dilo. Aunque tiemble. Aunque ya no cambie nada.   Porque lo que duele al final no es lo que hiciste. Es lo que no te atreviste a hacer.   #duelo #relaciones #psicología #saludmental #arrepentimiento ♬ sonido original - Marta Jiménez Neuropsicóloga

Las consecuencias de sobrepensar

Desde el punto de vista psicológico, quedarse atrapado en pensamientos sobre situaciones que no hemos resuelto puede favorecer la llamada rumiación mental. Este fenómeno consiste en dar vueltas de forma repetitiva a experiencias negativas, conversaciones pendientes o decisiones pasadas, sin llegar a encontrar una solución. No se trata simplemente de recordar algo que nos preocupa, sino de mantener ese pensamiento activo durante largos periodos.

La ciencia ha relacionado este patrón con mayores niveles de ansiedad y síntomas depresivos. También puede prolongar los estados de ánimo negativos, interferir en la capacidad para resolver problemas y mantener las respuestas fisiológicas del organismo ante el estrés.

Por tanto, no es solamente el hecho de callar algo de manera puntual lo que necesariamente perjudica la salud, sino la dificultad para gestionar determinadas emociones cuando se convierten en una preocupación persistente.

Expresar las emociones también es una forma de cuidarse

Ponerle palabras a lo que sentimos permite identificar mejor nuestras emociones y comprender qué necesitamos en cada momento. En psicología, esta capacidad está relacionada con la regulación emocional, un proceso que nos ayuda a reconocer, interpretar y gestionar nuestras respuestas ante distintas situaciones. Cuando no sabemos identificar lo que nos ocurre o nos cuesta comunicarlo, también puede resultar más complicado encontrar una manera adecuada de afrontarlo.

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