Hablar solo puede ser una de las mejores herramientas para la regulación emocional: todo depende del pronombre que uses para expresarte, según un estudio

Los investigadores han estudiado cómo reacciona el cerebro cuando hay un diálogo interno ante cuatro tipos de situaciones cotidianas

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Una mujer hablanco sola mientras ve la tele en casa (Canva)
Una mujer hablanco sola mientras ve la tele en casa (Canva)

El diálogo interno, esa voz que nos acompaña en la cabeza o que a veces murmuramos en voz alta, ha sido frecuentemente estigmatizado o visto como una simple excentricidad. Sin embargo, la ciencia ha demostrado sistemáticamente que el acto de hablar con uno mismo es un fenómeno común, fundamental en el desarrollo humano y una pieza clave para el autocontrol.

Ahora, un exhaustivo y reciente estudio publicado en 2025 titulado ‘La frecuencia, la forma y la función del diálogo interno en la vida cotidiana’ y publicado en la revista Scientific Reports ha arrojado más luz sobre cómo utilizamos esta herramienta en el mundo real y, más importante aún, de qué manera el pronombre que elegimos para dirigirnos a nosotros mismos puede transformar nuestro estado emocional.

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Para entender este fenómeno, los investigadores recopilaron 12.966 encuestas de 208 participantes durante dos semanas mediante evaluaciones ecológicas momentáneas (EMA, por sus siglas en inglés). El objetivo era comprender cómo y cuándo reaccionaban las personas en cuatro tipos de situaciones específicas cotidianas: cuando se sentían críticos consigo mismos, cuando necesitaban prepararse para decir o hacer algo, cuando querían sentirse mejor o cuando estaban satisfechos consigo mismos.

Un hombre reflexionando y hablanco consigo mismo (Canva)
Un hombre reflexionando y hablanco consigo mismo (Canva)

¿Qué diferencias hay en hablarse en primera o en segunda persona?

Los resultados revelaron que la inmensa mayoría recurre al diálogo interno de forma regular, estando presente esta práctica en el 61% del tiempo durante las situaciones evaluadas. No obstante, el estudio traza una diferencia crucial entre hablar en primera persona, conocido como “diálogo inmersivo” (“yo”), y hacerlo en segunda o tercera persona o usando el propio nombre, denominado “diálogo distanciado” (“tú” o usando tu nombre).

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Las personas demostraron utilizar su diálogo inmersivo por defecto un 43.2% de las veces, mientras que el diálogo distanciado fue menos común, utilizándose un 14.5% de las veces. Pero el hallazgo más revelador del estudio de 2025 radica en la eficacia única del diálogo distanciado. El uso del propio nombre o de pronombres en segunda persona demostró tener un impacto positivo directo.

En este sentido, los autores de la investigación determinaron que “participar en el diálogo interno distanciado (frente al inmersivo) predijo un aumento en el afecto positivo con el tiempo durante situaciones preparatorias”. Los investigadores recalcan la enorme utilidad práctica de este descubrimiento, señalando de manera textual que “participar en el diálogo interno distanciado cumplía una función de regulación emocional cuando las personas lo usaban para preparar qué hacer o decir, donde su uso predecía sentirse mejor que en el momento anterior”.

Qué otros beneficios puedo desarrollar si hablo solo

Estos beneficios del diálogo distanciado en nuestra cotidianidad se construyen sobre los sólidos cimientos neurocientíficos documentados en investigaciones previas. Ya en un pionero estudio publicado en 2017, se descubrió el mecanismo cerebral que explica por qué esta sencilla modificación lingüística es tan poderosa. Mediante electroencefalogramas e imágenes por resonancia magnética funcional, los expertos de la Universidad de Michigan demostraron que usar el propio nombre para reflexionar sobre experiencias negativas reduce de manera casi instantánea la reactividad emocional en el cerebro.

Una mujer calma sus emociones al hablarse a sí misma (Canva)
Una mujer calma sus emociones al hablarse a sí misma (Canva)

Normalmente, la regulación emocional de alto nivel requiere de un enorme esfuerzo mental, pero este estudio concluyó categóricamente que “el diálogo interno en tercera persona facilita el control emocional sin reclutar el control cognitivo”. Esto significa que, al referirnos a nosotros mismos por nuestro nombre, ganamos casi sin esfuerzo la perspectiva psicológica necesaria para calmar nuestras emociones como si aconsejáramos a un amigo externo.

Esta poderosa herramienta verbal no solo reduce la ansiedad general, sino que tiene un papel protagónico en escenarios de extrema presión y alto rendimiento. De hecho, un estudio publicado en el año 2020 en la African Educational Research Journal analizó de forma paralela cómo 233 atletas utilizaban el diálogo interno para manejar su motivación y concentración deportiva. En el ámbito competitivo, hablar solo actúa como una brújula vital.

“El diálogo interno tiene una función que guía el comportamiento del individuo y le hace más fácil alcanzar su objetivo”, expusieron los autores de la Universidad de Sinop. Asimismo, el estudio comprobó que las características demográficas modifican su aplicación. Por ejemplo, las atletas femeninas y los deportistas profesionales tienden a ser menos objetivos al evaluarse y mucho más severos durante sus autocríticas.

Sin embargo, la investigación también confirmó un matiz indispensable para asegurar el éxito, afirmando que el diálogo interno educativo y motivacional influyó positivamente en el rendimiento de las tareas de habilidades motoras finas y gruesas”. En definitiva, la evidencia científica acumulada nos deja una conclusión sumamente clara: el diálogo interno no es un rasgo de inestabilidad mental, sino una de las herramientas psicológicas de regulación más eficientes y versátiles que poseemos.

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