La masa muscular puede ser un factor determinante para sobrevivir a un cáncer, esto dice la ciencia

El próximo lunes, 19 de octubre, se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, enfermedad que en España afectará a 38.318 nuevas pacientes durante 2026, según la AECC

La masa muscular, la alimentación y el estilo de vida son factores determinantes en enfermedades como el cáncer de mama. (Getty)
La masa muscular, la alimentación y el estilo de vida son factores determinantes en enfermedades como el cáncer de mama. (Getty)
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Más allá de los tratamientos médicos, la evidencia científica señala un factor del organismo que condiciona de forma directa el pronóstico de quienes enfrentan esta enfermedad, la masa muscular. Diversos estudios recientes confirman que conservar un buen estado muscular puede marcar diferencias concretas en la supervivencia, especialmente frente a los subtipos de tumor más agresivos.

La doctora Cristina Sánchez explicó en una entrevista con la presentadora Elena, en la cuenta de TikTok @infarmarte, que el músculo actúa como “un seguro totalmente de vida” ante cualquier enfermedad. Según la especialista, esta función se vuelve todavía más relevante en los pacientes oncológicos, donde una buena masa muscular se convierte en “un principal factor de buen pronóstico” frente a las complicaciones derivadas tanto del tumor como de su tratamiento.

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Qué revelan los estudios sobre masa muscular y supervivencia en cáncer de mama

Dibujo de perfil del tórax femenino con ramificaciones de conductos y un conjunto de esferas de colores en el pecho.
El músculo es un regulador de todos los sistemas de nuestro cuerpo, según la doctora Sánchez. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre la cantidad de músculo que conserva una paciente y sus probabilidades de superar la enfermedad aparece documentada en distintas investigaciones recientes. Un análisis publicado en 2026 en la revista Frontiers in Surgery, que recopiló evidencia de pacientes con cáncer de mama en etapas tempranas, mostró que las mujeres con sarcopenia presentaron tasas de supervivencia global más bajas a uno, tres y cinco años respecto a quienes conservaban una masa muscular adecuada, con diferencias sostenidas en cada uno de esos puntos de control.

El mismo trabajo señaló que la pérdida de masa muscular no afecta por igual a todos los subtipos del tumor. Según los datos recopilados, la sarcopenia predice peor supervivencia en los casos de cáncer de mama triple negativo y en los tumores HER2 positivos, dos de los subtipos considerados más agresivos, mientras que su impacto resulta menos determinante en los subtipos de tipo luminal. La prevalencia de esta condición entre pacientes con cáncer de mama varía, según el escenario clínico, entre el 12% y el 49%.

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La doctora Sánchez atribuyó esta influencia al papel del músculo como regulador de los principales sistemas del organismo. “El músculo es un regulador de todos los sistemas de nuestro cuerpo, nuestras hormonas, de nuestro sistema inmune, de la entrada y la salida de energía”, explicó la especialista en la entrevista. Esta función reguladora explicaría por qué una paciente con mejor estado muscular tolera de forma más eficaz tanto el avance de la enfermedad como los efectos de los tratamientos.

Por qué el cáncer de mama acelera la pérdida de masa muscular

La sarcopenia es un término médico para designar la pérdida de masas muscular y fuerza. (Cruz Roja San Fernando)
La sarcopenia es un término médico para designar la pérdida de masas muscular y fuerza. (Cruz Roja San Fernando)

La doctora Sánchez advirtió que la pérdida muscular no es solo una consecuencia posible del cáncer, sino un fenómeno prácticamente inherente a la enfermedad. “La enfermedad oncológica tiene un gran problema añadido, que es que inherente a tener un cáncer vas a perder masa muscular”, señaló la especialista, quien atribuyó este deterioro tanto a la propia patología como a la respuesta inflamatoria que generan los tratamientos oncológicos.

Un estudio español publicado en diciembre de 2025 en la revista Nutrición Hospitalaria profundizó en esta relación mediante un análisis de aleatorización mendeliana, una técnica que permite establecer asociaciones genéticas entre distintos rasgos. La investigación identificó vínculos significativos entre los rasgos propios de la sarcopenia, entre ellos la masa magra apendicular, la fuerza de prensión manual y la velocidad al caminar, y tanto la aparición como el pronóstico del cáncer de mama. El trabajo destacó además que la combinación de obesidad visceral y sarcopenia, frecuente en mujeres posmenopáusicas, favorece un entorno inflamatorio que facilita la progresión tumoral.

A este cuadro se suman las complicaciones propias del proceso de tratamiento. La doctora Sánchez recordó que incluso un ingreso hospitalario breve puede traducirse en un deterioro muscular considerable. “Es brutal cómo puede una persona quedarse con una atrofia muscular tan brutal por una semana de ingreso, y eso es algo muy habitual en el paciente con cáncer”, explicó la especialista, quien subrayó que este riesgo obliga a vigilar de forma activa el estado físico de las pacientes a lo largo de todo el proceso.

Alimentación y ejercicio de fuerza, las herramientas para proteger el músculo

Balanza de dos platos con frutas, verduras, pan en un lado y pesas de gimnasio, botella de agua en el otro. Silueta de persona estirándose.
Alimentación y ejercicio de fuerza, las herramientas para proteger el músculo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a este riesgo, la doctora Sánchez insistió en que existen dos vías de intervención accesibles, el cuidado de la alimentación, centrado en un aporte adecuado de proteínas y de energía, y la práctica de ejercicio de fuerza. “Ahora ya por suerte se puede prescribir actividad física, por así decirlo”, apuntó la especialista, quien lamentó que todavía existen profesionales que ofrecen recomendaciones demasiado generales a sus pacientes.

Descubre cómo la inteligencia artificial está revolucionando la detección temprana del cáncer de mama. Un estudio reciente demuestra que el apoyo de la IA en mamografías aumenta la tasa de detección, permitiendo encontrar tumores difíciles de ver a tiempo.

Esta observación coincide con los protocolos recomendados a nivel internacional. El American College of Sports Medicine (ACSM) aconseja que los pacientes oncológicos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, combinados con al menos dos sesiones de entrenamiento de fuerza. La doctora Sánchez fue clara respecto al momento adecuado para actuar. “A la mínima que tú veas que una persona está un poco perdida y no ha hecho ejercicio nunca, derívalo a un profesional”, recomendó, en referencia a la importancia de no esperar a que el deterioro muscular avance para iniciar una intervención específica.

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