Durante el franquismo liberaron 13 ejemplares de un animal en Canarias para cazarlo: ahora es una especie invasora que amenaza la fauna única de Tenerife

El muflón fue introducido tanto en la península como en el archipiélago, pero es en este segundo enclave donde provoca las mayores consecuencias

Imagen de archivo de un muflón. (Rufus46/Wikimedia Commons)
Imagen de archivo de un muflón. (Rufus46/Wikimedia Commons)
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La introducción de especies exóticas en nuevos enclaves puede suponer serios efectos sobre los ecosistemas, que hasta ese momento se mantenían en equilibrio. La fauna puede quedar desplazada o ser depredada, mientras que la flora puede servir de alimento para estos animales introducidos, un problema que es especialmente relevante cuando estas plantas son endemismos.

La historia de las especies invasoras en España es larga: ya sea por mascotismo, una cuestión ornamental, mediante el transporte de forma accidental o sueltas deliberadas para aprovechamiento cinegético, son muchos los taxones que han contribuido a engrosar el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

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Imagen de archivo de un muflón. (Jörg Hempel/Wikimedia Commons)
Imagen de archivo de un muflón. (Jörg Hempel/Wikimedia Commons)

En algunos casos, estas llevan en nuestro país muchas décadas. Es el caso de muflón (Ovis musimon), introducido en la década de los años 50 en los cotos de caza peninsulares y en los 70 en Canarias, donde ha acabado convirtiéndose en una especie invasora que amenaza la fauna endémica de algunas de las islas del archipiélago.

De Córcega a la sierra de Cazorla o la serranía de Cuenca

Según señala el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el muflón casi se extinguió del continente europeo hace milenios debido a la caza excesiva y a los cambios climáticos, quedando relegado a zonas como el Cáucaso, Turquía, Chipre, Cerdeña y Córcega.

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De este último lugar precisamente proceden los ejemplares que fueron introducidos en España. Ocurrió en el año 1953: muchos muflones corsos ya habían sido liberados en otros países europeos, como Francia, Alemania o Luxemburgo; de estos procedieron los ejemplares que finalmente fueron liberados en la península Ibérica. Primero fueron introducidos tres machos y cuatro hembras en la sierra de Cazorla; en 1956 se trajeron otras dos parejas de Alemania.

Imagen de archivo de un muflón. (Rufus46/Wikimedia Commons)
Imagen de archivo de un muflón. (Rufus46/Wikimedia Commons)

Desde entonces, otras fincas cinegéticas de distintas partes del país recibieron muflones: los Montes de Toledo, la Sierra de Andújar (Córdoba), Extremadura, Beceite (Tarragona), la Serranía de Cuenca... La posterior expansión de la especie mediante la reproducción hizo el resto, provocando que en España el número de estos ungulados se contase por miles.

Las islas Canarias no se libraron de la introducción del muflón, lo que ha provocado un problema medioambiental que en La Palma y especialmente en Tenerife tratan de reducir. La llegada de especies invasoras a los archipiélagos e islas es especialmente preocupante, puesto que en estos enclaves se encuentran muchos endemismos cuya desaparición en el lugar supondría, por tanto, la extinción total de una especie.

El impacto del muflón sobre la flora de Canarias

En 1970, once ejemplares de muflón procedentes del parque cinegético de El Horquillo, en Cuenca, llegaron a Tenerife. Eran cuatro machos y siete hembras, y en el tiempo en el que estuvieron en un cercado hasta su introducción, nacieron dos crías. Así, en febrero de 1971 fueron liberados en el Parque Nacional del Teide 13 animales.

Violeta del Teide. (Viktor Kitov/Wikimedia Commons)
Violeta del Teide. (Viktor Kitov/Wikimedia Commons)

Este proyecto perseguía fines cinegéticos y acabó replicándose en La Palma. Al final, debido a la rápida expansión de la especie porque no encontró allí competidor ni freno alguno, acabó derivando en una seria amenaza para la conservación de la flora endémica y amenazada de las islas.

Uno de los riesgos más destacados es la depredación del muflón sobre la violeta del Teide, catalogada como “en peligro de extinción” desde el año 2020. No solo eso, pues el análisis de su contenido estomacal ha permitido obtener resultados de 14 endemismos canarios en su dieta, de los cuales 12 son exclusivos de Tenerife.

Los gestores del Parque Nacional del Teide consideran que puede tener un impacto negativo sobre especies de plantas amenazadas como el cardo de plata (Stemmacantha cynaroides), la hierba conejera o cañutillo del Teide (Silene nocteolens), la jarilla de cumbre (Helianthemum juliae) y la rilla (Cerastium sventenii). Su pisoteo, además, puede afectar a estas plantas y contribuir a los fenómenos erosivos.

El Instituto Volcánico de Canarias presenta la sonificación de los últimos registros sísmicos en la isla de Tenerife, dos días antes del terremoto de 4,1 entre Tenerife y Gran Canaria.

Es por este motivo por el que desde hace años de realizan en el Parque Nacional del Teide determinadas actuaciones de control que han supuesto una importante inversión económica. Por ejemplo, se han instalado numerosos vallados en torno a ciertas especies de plantas para evitar la depredación y se realizan campañas periódicas de control cinegético.

Pese a que algunas asociaciones denuncian la caza de este animal y proponen la captura, esterilización, suelta o traslado de los animales como solución, evitando la muerte de los ejemplares, otras hablan de que el control poblacional es insuficiente. Este año, el Cabildo de Tenerife aumentó el cupo mínimo de animales a abatir un 26 %. Sin embargo, desde la Fundación Telesforo Bravo, según recoge el medio regional Atlántico Hoy, su director, Jaime Coello, indica que la solución es la erradicación: “A nosotros no nos gusta, evidentemente, que se maten animales, pero lamentablemente lo que está en juego la flora del Parque Nacional del Teide. Estamos hablando de una flora muy valiosa y si no se protege, pueden desaparecer especies”.

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