El casero paraliza el contrato de alquiler de un joven a un día de firmar por los decretos de Pedro Sánchez y ahora no sabe si tendrá piso: “Él sabe que el 31 me quedo en la calle”

Con el borrador aprobado, el casero frenó la firma durante la breve vigencia de los decretos por la vivienda, ignorando que el joven ya tiene fecha para dejar su piso actual

Una mano sostiene en alto un manojo de llaves frente a una multitud de personas desenfocadas en una calle
Una persona sostiene un juego de llaves durante la manifestación para reclamar la rebaja de los alquileres. (Efe)
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La situación de la vivienda en España roza límites insostenibles. Un malestar que ya ha explotado en la calle con la acampada en la Puerta del Sol desde hace una semana. Entre las protestas y la incertidumbre por la aprobación y posterior derogación de dos decretos, el mercado del alquiler se ha tensionado al máximo. Mientras los inquilinos se quedaban con la miel en los labios ante la posibilidad de un cambio, los propietarios reaccionaron con temor ante el nuevo marco legal, un recelo que se ha traducido en cancelaciones de última hora.

Este es el caso de Pedro (nombre ficticio para preservar su identidad), un joven que reside en la capital desde hace tres años. Hasta la fecha, había compartido piso con un amigo para hacer frente a los elevados costes de la ciudad. Sin embargo, tras experimentar una mejora en sus ingresos, decidió dar el paso definitivo para emanciparse en solitario. “En el piso actual estoy muy descontento con la zona y pagando un poco más iba a ser una mejora impresionante para vivir solo por primera vez. Estaba muy ilusionado”, relata el afectado a Infobae.

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La oportunidad surgió de forma natural. Una compañera de trabajo decidió dejar su piso de alquiler para trasladarse a otra zona de la capital. Al quedar libre el inmueble y tras anunciarlo en el grupo de la empresa, Pedro contactó de inmediato con el arrendador. El proceso avanzó con absoluta fluidez: superó con éxito el filtro de solvencia, autorizó la evaluación de impagos e incluso recibió y revisó el borrador del contrato. La firma se formalizaría a comienzos de octubre y se podría mudar a su nueva casa el 1 de noviembre.

Manifestación en las inmediaciones del Congreso
Cientos de personas se manifiestan en las inmediaciones del Congreso. (EFE/Kiko Huesca)

Sin firmar el contrato a un mes de la mudanza

Para cumplir con los plazos previstos de forma transparente, el joven comunicó formalmente la renuncia a su arrendadora actual, respetando los dos meses de margen que exigía su contrato vigente. “Le dije al nuevo casero por activa y por pasiva que en mi piso actual me pedían dos meses de preaviso y que a partir del 31 de octubre me quedaba en la calle. Él lo sabía perfectamente y aun así le dio igual”, señala el inquilino con frustración.

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Sin embargo, el escenario cambió de forma radical el pasado 30 de septiembre, a menos de 24 horas de la fecha acordada para firmar el contrato de alquiler. Pedro recibió un mensaje del propietario en el que le notificaba su decisión de frenar el proceso y dejar la firma en el aire. ¿El motivo de este repentino frenazo en la víspera de la entrega de llaves? Las dudas del arrendador durante el brevísimo lapso en el que la nueva normativa sobre el alquiler estuvo en vigor.

Cientos de personas acampan en Sol ante la situación de la vivienda. (Europa Press)
Cientos de personas acampan en Sol ante la situación de la vivienda. (Europa Press)

El arrendador justificó la paralización alegando que la situación legal generaba dudas sobre si la redacción y contenido del borrador mantendrían su validez, amparándose en la reciente publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del real decreto-ley. Ante la duda sobre lo que pasaría en las votaciones del viernes —que finalmente terminaron con la derogación de ambos textos en el Congreso—, el propietario rechazó fijar compromisos temporales o garantizar la fecha de entrada fijada para el 1 de noviembre.

A pesar de los repetidos intentos del afectado por dialogar y buscar alternativas, el propietario dio por cerradas las negociaciones y rehuyó cualquier solución. Aunque la posterior derogación de la norma en el Congreso ha devuelto el marco legal a su punto de partida, el daño ya está hecho: la firma del alquiler sigue suspendida, y Pedro se encuentra hoy a las puertas de quedarse sin vivienda, en un limbo absoluto y sin saber qué va a pasar.

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