Un tanatorio de Cádiz permite a las mascotas dar el último adiós a sus dueños: así funciona la iniciativa para evitar la ansiedad por abandono

El Protocolo Haru de Puerto Real permite a perros y gatos registrar la pérdida de sus tutores a través del olfato

Un perro marrón sentado en el suelo de tierra mira una tumba de piedra con una cruz y flores en un cementerio.
El perro debe procesar la muerte de su dueño, para que no piense que lo ha abandonado. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cuando una persona fallece de manera repentina o tras una hospitalización prolongada, en el hogar se produce un vacío para sus mascotas. Perros y gatos dejan de ver de forma drástica a esa persona, se interrumpen las interacciones cotidianas y los olores familiares comienzan a desvanecerse en las habitaciones, lo que puede llevar al animal a interpretar que ha sido abandonado. Sin la capacidad de procesar una explicación, esta ausencia imprevista suele desencadenar estados de alerta constante, hipervigilancia ante cada ruido en la puerta de entrada y búsquedas compulsivas por toda la casa.

Para responder a esta problemática y velar por el bienestar animal, el Ayuntamiento de Puerto Real, en Cádiz, junto a la entidad de servicios funerarios Cemabasa, puso en marcha el pionero Protocolo Haru. La iniciativa nació de la inquietud de Virginia Mena, concejala de Salud de la localidad, quien, tras adoptar a un gato mayor que había sufrido un abandono previo, comenzó a plantearse una pregunta: ¿qué ocurriría si ella moría repentinamente y nunca regresaba a casa? ¿Ese animal lo interpretaría como un segundo abandono voluntario?

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Este proyecto habilita el acceso controlado de perros y gatos tanto al tanatorio como al cementerio municipal. La normativa permite que las mascotas tengan una breve toma de contacto con el cuerpo de su dueño en un espacio íntimo, privado y bajo la supervisión de personal especializado. Se trata de una medida que la etología clínica y la medicina veterinaria respaldan, ya que aporta una certeza sensorial capaz de prevenir cuadros graves de estrés por separación y duelo prolongado en las mascotas.

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Perro triste. (Freepik)

La química de la pérdida

Aunque los profesionales de la salud animal insisten en la importancia de ser cautos y evitar interpretaciones antropomórficas sobre cómo procesan el final de la vida, la neurobiología confirma que la inspección directa del cuerpo cumple una función biológica determinante. Los animales, especialmente los cánidos y felinos, perciben y decodifican su entorno social principalmente a través del olfato.

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Al aproximarse al cuerpo en un ambiente tranquilo, el perro o gato detecta al instante que su dueño no reacciona, no emite los estímulos químicos ni tiene capacidad de respuesta. Este proceso es definido por los especialistas en conducta como un “cierre operacional”, una pauta etológica mediante la cual el animal registra la ausencia de constantes vitales. Aunque la mascota no realice una comprensión filosófica sobre la muerte, la percepción del estado inerte clausura de inmediato la expectativa de reencuentro.

A diferencia del escenario donde la persona simplemente desaparece sin dejar rastro, el contacto con el cuerpo evita que el animal permanezca semanas o meses aguardando el retorno de su tutor tras la puerta o interpretando la ausencia como un abandono intencionado. En esta línea, un estudio publicado en la revista científica Animals indica que más del 70% de las mascotas a las que se les permite acceder al cuerpo eligen olfatearlo e investigarlo de forma espontánea para obtener esa información sensorial.

Un gato apoyado en una alfombra con las orejas gachas y los ojos casi cerrados.
Un gato sin energía esperando a su dueño. (Canva)

Por su parte, investigaciones publicadas en Scientific Reports revelan que más del 80% de los perros experimentan alteraciones severas en el apetito, los patrones de sueño, la atención y la actividad cotidiana tras la pérdida de un individuo cercano. Del mismo modo, trabajos sobre comportamiento felino en Applied Animal Behaviour Science han demostrado que los gatos sufren cuadros de duelo equivalentes, manifestando aislamiento, reducción del juego y una búsqueda activa por los rincones de la vivienda.

Para que una despedida en instalaciones funerarias sea segura y beneficiosa, los especialistas subrayan que debe primar la estricta voluntariedad del animal. El perro o gato nunca debe ser forzado a acercarse al cuerpo, sino que debe decidir la distancia e interacción en un ambiente tranquilo y sin estrés emocional en el entorno. Apenas unos segundos de inspección olfativa bastan para que el animal capte la información biológica necesaria, asimile la ausencia de su tutor y comience su proceso de adaptación.

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