Guillermo Martín, farmacéutico: “La multa por dar un medicamento sin receta va desde los 30.000 euros hasta los 90.000 euros”

El profesional denunció que muchos pacientes insultan, amenazan y agreden al personal de farmacia para obtener antibióticos, sin saber la sanción real que arriesgan

Un farmacéutico con bata blanca y una mujer de 60 años con blazer azul interactúan en un mostrador de farmacia, con estanterías llenas de medicamentos detrás.
En una farmacia moderna, un farmacéutico atiende a una mujer de 60 años, brindándole información sobre su medicación en el mostrador. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las farmacias son uno de los puntos de acceso más inmediatos al sistema sanitario. Cada día, miles de personas acuden a ellas para resolver dudas, continuar tratamientos o buscar una solución rápida cuando conseguir una cita médica no resulta sencillo. Esa cercanía convierte al farmacéutico en una figura clave para el paciente, pero también en el receptor de una presión que, en determinados casos, termina enfrentando las necesidades del ciudadano con los límites que marca la legislación.

Las farmacias españolas se enfrentan a multas de entre 30.000 y 90.000 euros por determinadas infracciones relacionadas con la dispensación irregular de medicamentos. Una horquilla que ayuda a entender por qué los profesionales no pueden acceder a algunas peticiones de los pacientes, aunque conozcan el problema que hay detrás de ellas. La Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios contempla sanciones económicas para las infracciones graves y muy graves, cuya cuantía se determina atendiendo a las circunstancias concretas de cada caso.

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Guillermo Martín, farmacéutico, lo explicó con precisión en una publicación en su perfil de TikTok (@farmaceutico_enfurecido): la cifra que está en juego no tiene nada que ver con una multa de tráfico. “No son cien euros y no hay pronto pago”.

Los antibióticos, uno de los principales puntos de conflicto

Entre las situaciones que generan más tensión se encuentran las solicitudes de antibióticos sin la correspondiente receta. Martín puso el foco en varios formatos que pueden parecer productos de uso cotidiano para el paciente: “los antibióticos en colirio, las pomadas y los antibióticos para la infección de orina”.

El motivo de la exigencia de receta no es únicamente administrativo. Los antibióticos están sometidos a un especial control debido al riesgo de que su utilización incorrecta contribuya a la aparición de resistencias bacterianas. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha advertido reiteradamente sobre este problema y participa en el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, cuyo objetivo es reducir el uso innecesario de estos medicamentos y preservar su eficacia.

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Por eso, que un tratamiento resulte conocido por el paciente o que este asegure haberlo utilizado anteriormente no permite al farmacéutico dispensarlo libremente cuando la normativa exige prescripción. La decisión no depende de que como se presente el medicamento, sino de las condiciones legales establecidas para su dispensación.

La dificultad para conseguir una consulta llega al mostrador

El problema adquiere otra dimensión cuando el paciente necesita el medicamento con cierta urgencia y no consigue acceder rápidamente a un médico. Martín reconoció que la situación del sistema sanitario agrava el problema. “Ya sabemos que está todo mal”, escribió. Quien acude a urgencias espera horas; quien intenta una cita en el centro de salud puede tardar dos semanas en obtenerla.

La farmacia queda entonces en una posición especialmente delicada. El profesional puede escuchar las circunstancias del paciente, orientar sobre las alternativas disponibles y recomendar cuándo acudir a un médico, pero no puede convertir esa necesidad en una autorización para dispensar un medicamento sujeto a receta.

El Consejo de Ministros ha aprobado un nuevo real decreto-ley que limitará el precio de los medicamentos para los ciudadanos españoles con mayores dificultades económicas.

Además, el sistema de receta electrónica permite que los tratamientos prescritos sean retirados en farmacias de distintas comunidades autónomas gracias a la interoperabilidad del Sistema Nacional de Salud. Esto facilita el acceso cuando existe una prescripción válida, pero no elimina la obligación de contar con ella cuando el medicamento la requiere.

La presión sobre el farmacéutico

Esa diferencia entre lo que el paciente necesita y lo que legalmente puede hacer la farmacia puede generar situaciones de tensión. “No es justo que se les insulte, se les amenace, se les haga chantaje o se les agreda para conseguir estos medicamentos y que se jueguen una multa de 90.000 euros”, señaló el farmacéutico.

La distinción que Martín subraya es que el origen del problema es el Sistema Nacional de Salud, no el profesional que atiende detrás del mostrador.

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