Qué dice nuestra fuerza, memoria o movilidad sobre cómo envejecemos: así funciona la capacidad intrínseca

Más allá de la edad y las enfermedades, este término analiza qué capacidades conserva una persona y cómo cambian con el tiempo para anticiparse al deterioro

Dos adultos mayores sonrientes caminan en un sendero de tierra. Un hombre de camisa oscura y una mujer de camisa a rayas. Bosque de pinos y vegetación abundante.
Un matrimonio de ancianos dando un paseo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Envejecer no significa hacerlo de la misma manera para todo el mundo. Dos personas de la misma edad pueden presentar diferencias importantes en su fuerza, movilidad, memoria, energía o autonomía. Por eso, la medicina presta cada vez más atención a un concepto que permite observar el envejecimiento desde una perspectiva más amplia: la capacidad intrínseca.

Este término, utilizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace referencia al conjunto de capacidades físicas y mentales de una persona en un momento determinado. En lugar de centrarse únicamente en las enfermedades que padece, este enfoque busca conocer qué capacidades conserva y cómo evolucionan a medida que pasan los años.

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No existe un único análisis de sangre ni una prueba capaz de proporcionar una cifra. La valoración reúne diferentes dimensiones relacionadas con el funcionamiento del organismo. La locomoción, por ejemplo, engloba aspectos como la fuerza muscular, el equilibrio, la movilidad y la velocidad al caminar. La cognición incluye capacidades como la memoria, la atención y la orientación.

También se tienen en cuenta la visión y la audición, además del estado psicológico, incluido el estado de ánimo y la presencia de determinados síntomas depresivos. Por último, la vitalidad está relacionada con la energía disponible y con la capacidad para afrontar esfuerzos y recuperarse de ellos.

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Hombre adulto mayor con ropa deportiva se levanta de una silla de madera. Otras personas mayores sentadas en sillas al fondo, algunas ejercitándose.
Un anciano haciendo deporte. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El valor de observar los cambios

Una de las claves de este concepto está en observar cómo evolucionan estas capacidades a lo largo del tiempo. Alguien puede seguir siendo independiente y no presentar ninguna discapacidad evidente, pero empezar a caminar algo más despacio, perder fuerza, tener más dificultades para recordar determinadas cosas o experimentar un deterioro de la visión o la audición.

Estos cambios pueden parecer poco relevantes cuando se consideran de forma aislada. Sin embargo, su evolución puede proporcionar información útil sobre el proceso de envejecimiento y ayudar a identificar a quienes empiezan a presentar un mayor riesgo de fragilidad.

Detectar estas señales de forma temprana abre además la posibilidad de actuar sobre algunos factores modificables. La actividad física, la alimentación, el sueño, la prevención de caídas, la corrección de problemas sensoriales, el aislamiento social, determinados medicamentos o el adecuado control de las enfermedades crónicas pueden contribuir a preservar la autonomía durante más tiempo.

Una persona adulta mayor de cabello plateado corto sostiene un smartphone con un ícono de micrófono en pantalla y una canasta de compras con leche y pan en un supermercado.
Una mujer anciana haciendo la compra en el supermercado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación con la fragilidad

La capacidad intrínseca está estrechamente relacionada con otro concepto fundamental en geriatría: la fragilidad. El Ministerio de Sanidad define esta última como un deterioro progresivo, relacionado con la edad, de diferentes sistemas fisiológicos que provoca una disminución de las reservas de capacidad intrínseca. Como consecuencia, aumenta la vulnerabilidad ante situaciones de estrés y el riesgo de sufrir distintos problemas de salud.

Por este motivo, la prevención y la detección de la fragilidad forman parte de las políticas de envejecimiento saludable. El objetivo es actuar antes de que aparezcan la discapacidad o la dependencia. No se trata de esperar a que surja un problema grave, sino de identificar señales que puedan indicar que las reservas del organismo están disminuyendo.

En España se han desarrollado iniciativas para trasladar este concepto a la atención sanitaria. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se puso en marcha INTEGRA-CAM, un proyecto de innovación sanitaria que planteaba utilizar un ecosistema tecnológico para monitorizar desde el domicilio la capacidad intrínseca de personas mayores y seguir su evolución.

Persona mayor realiza ejercicio físico. (Europa Press)
Persona mayor realiza ejercicio físico. (Europa Press)

Aun así, la capacidad intrínseca no permite determinar exactamente la edad biológica de una persona ni predecir cuántos años va a vivir. Tampoco sustituye al diagnóstico ni al tratamiento de las enfermedades. Su utilidad es otra: ofrecer una visión más completa de cómo está funcionando el organismo y detectar posibles señales de deterioro antes de que se traduzcan en una pérdida importante de autonomía.

A medida que aumenta la esperanza de vida, el reto de la longevidad no consiste solo en conseguir que las personas vivan más años, sino en lograr que lleguen a edades avanzadas manteniendo el mayor tiempo posible su autonomía, sus capacidades y su calidad de vida. Porque, más allá de la edad o de las enfermedades que pueda tener una persona, también importa saber qué puede hacer, qué capacidades conserva y cómo evolucionan con el paso de los años.

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