Harald y Sonia de Noruega, la relación que desafió a una monarquía: diez años de amor prohibido y 58 de matrimonio

El rey ha fallecido este viernes 28 de agosto a los 89 años de edad en el Hospital Nacional de Oslo

La reina Sonia y el rey Harald aparecen en un retrato oficial con motivo del 25 aniversario de la ascensión al trono del rey Harald, en Oslo. (REUTERS/Joergen Gomnaes/Corte Real Noruega/NTB Scanpix/Foto de archivo).
La reina Sonia y el rey Harald aparecen en un retrato oficial con motivo del 25 aniversario de la ascensión al trono del rey Harald, en Oslo. (REUTERS/Joergen Gomnaes/Corte Real Noruega/NTB Scanpix/Foto de archivo).
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Casarse con un príncipe es, según los cuentos de Disney, el final perfecto para cualquier historia de amor: conocer al hombre de sangre azul, enamorarse casi por arte de magia y terminar viviendo felices para siempre en un palacio. Pero la vida real está muy lejos de los cuentos de hadas.

Sonia Haraldsen lo descubrió cuando se enamoró del hombre destinado a convertirse en rey de Noruega. Para estar a su lado no tuvo que vencer a una madrastra malvada ni atravesar un bosque encantado, sino enfrentarse a algo mucho más real: las estrictas reglas de una monarquía que consideraba inaceptable que su heredero se casara con una mujer sin título nobiliario.

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Cuando Sonia conoció a Harald en 1959, ninguno de los dos podía imaginar hasta dónde les llevaría aquel encuentro. Él era el príncipe heredero de Noruega y sobre sus hombros recaía el futuro de la corona; ella, hija de un comerciante de Oslo, estaba vinculada al mundo de la moda y la costura y llevaba una vida completamente alejada de los círculos reales. Sus orígenes eran distintos, pero entre ambos surgió una conexión que pronto dejó de ser un simple romance juvenil.

El rey Harald de Noruega, junto con la reina Sonja, recibe la investidura del obispo Finn Wagle en la catedral de Nidaros, Trondheim, Noruega, el 23 de junio de 1991. (NTB/Bjorn Sigurdson vía REUTERS).
El rey Harald de Noruega, junto con la reina Sonja, recibe la investidura del obispo Finn Wagle en la catedral de Nidaros, Trondheim, Noruega, el 23 de junio de 1991. (NTB/Bjorn Sigurdson vía REUTERS).

Un amor clandestino durante casi una década

La relación tuvo que mantenerse en secreto durante años. El principal obstáculo se encontraba dentro de la propia familia real. El rey Olav V, padre de Harald, trató de orientar a su hijo hacia otras posibilidades. Harald fue enviado al extranjero para completar su formación y, durante ese periodo, también se propiciaron encuentros con princesas europeas que encajaban mejor, a ojos de la monarquía, con el futuro papel de reina de Noruega.

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Pero ninguno de esos intentos consiguió apartarlo de Sonia. Harald permaneció fiel a su relación y, con el paso de los años, la situación llegó a un punto límite: el príncipe heredero estaba dispuesto a renunciar a sus derechos sucesorios antes que renunciar a la mujer que amaba. Si no podía casarse con Sonia, había dejado claro que tampoco estaba dispuesto a convertirse en rey.

La amenaza tenía enormes consecuencias para la monarquía noruega. La pérdida del heredero habría obligado a replantear la sucesión y habría supuesto un importante golpe para la institución. Finalmente, Olav V terminó aceptando la relación. En 1968, después de casi una década de noviazgo, llegó el consentimiento oficial para el matrimonio, respaldado también por el Gobierno noruego. El 29 de agosto de ese mismo año, Harald y Sonia se casaron en la catedral de Oslo.

Retrato oficial de Harald V y la reina Sonia el día de su boda (GROSBY GROUP).
Retrato oficial de Harald V y la reina Sonia el día de su boda (GROSBY GROUP).

Aquel enlace supuso mucho más que la celebración de una pareja que había conseguido superar los obstáculos. Sonia se convirtió en la primera plebeya en casarse con un príncipe heredero noruego desde hacía generaciones y su llegada a la familia real reflejó también una sociedad que comenzaba a desprenderse de algunas de las rígidas convenciones que habían marcado a las monarquías europeas.

Sabes mejor que nadie lo que siento, tanto ahora como en el pasado. Y mejor que nadie entiendes lo que este momento significa realmente”, dijo el príncipe Harald a su ya esposa en un banquete de boda repleto de detractores. Y es que no se trataba únicamente de un amor que había sobrevivido a la oposición familiar, sino de una relación que había obligado al futuro monarca a enfrentarse a las propias reglas de la institución que estaba llamado a representar.

Este ejemplo supuso un antes y un después en la familia real noruega. Sus hermanas Ragnhild y Astrid también mantuvieron relaciones con hombres alejados de los círculos aristocráticos. Ragnhild renunció a sus derechos sucesorios para poder casarse, mientras Astrid perdió igualmente su posición en la línea de sucesión, aunque continuó desempeñando funciones relevantes al servicio de la Corona.

La princesa heredera Sonja de Noruega, la princesa Martha Louise, el príncipe Haakon Magnus y el príncipe heredero Harald pasean con su perro por el jardín de Asker, Noruega, el 2 de julio de 1987. (NTB/Bjorn Sigurdson vía REUTERS)
La princesa heredera Sonja de Noruega, la princesa Martha Louise, el príncipe Haakon Magnus y el príncipe heredero Harald pasean con su perro por el jardín de Asker, Noruega, el 2 de julio de 1987. (NTB/Bjorn Sigurdson vía REUTERS)

58 años de matrimonio

Harald y Sonia permanecieron casados durante 58 años. Tuvieron dos hijos, el príncipe heredero Haakon y la princesa Marta Luisa, y construyeron una vida familiar que transcurrió entre las obligaciones oficiales y los momentos alejados de los focos.

Con el tiempo, aquella joven que había tenido que esperar casi una década para obtener la aprobación de la Corona se convirtió en reina de Noruega. Harald ascendió al trono en 1991, tras la muerte de Olav V, y Sonia pasó a ocupar a su lado el papel que durante tantos años había parecido imposible.

El rey Harald y la reina Sonja de Noruega en el estadio de patinaje de velocidad de Milán durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 en Milán, Italia, el 7 de febrero de 2026. (NTB/Heiko Junge vía REUTERS).
El rey Harald y la reina Sonja de Noruega en el estadio de patinaje de velocidad de Milán durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 en Milán, Italia, el 7 de febrero de 2026. (NTB/Heiko Junge vía REUTERS).

Su relación atravesó también periodos de enfermedad y dificultades. En los últimos años, la salud del rey se había deteriorado y Sonia permaneció junto a él hasta el final.

El jueves 27 de agosto, cuando el Palacio informó de que el estado de Harald había empeorado hasta ser considerado “muy grave”, la reina acudió al Hospital Nacional. Según el diario Se Og Hør, durante horas, los miembros más cercanos de la familia se fueron acercando al centro sanitario. Sonia, sin embargo, permaneció junto a su marido durante prácticamente toda la jornada.

La población noruega acude al Palacio Real de Oslo para despedir a Harald V.

Tras unas diez horas a su lado, regresó por la noche a la finca real de Bygdø, uno de los lugares más vinculados a la vida privada de la pareja. Desde 2007, esta residencia de verano había sido escenario de numerosos momentos familiares y de muchos de los veranos que Harald y Sonia compartieron lejos de la solemnidad del Palacio Real.

Casi siete décadas después de aquel primer encuentro en un campamento de verano, la historia que comenzó como un amor inconveniente para la Corona terminó con una vida entera compartida. Sonia recibía la tan temida noticia: Harald ha muerto mientras dormía, a las 6:35 de la mañana de este viernes.

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