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La regla de los 5 minutos en psicología: el método definitivo para vencer la procrastinación y el cansancio mental a diario

Esta sencilla técnica puede ayudarte a ponerte con las tareas que has estado dejando de lado

La procrastinación no puede relacionarse solo con la pereza.
La procrastinación no puede relacionarse solo con la pereza. (Getty Images)
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La procrastinación es un sentimiento cada vez más habitual para muchas personas. Consiste en retrasar continuamente tareas que, por un motivo u otro, deben realizarse en ese momento. Aunque este fenómeno suele asociarse con la pereza, lo cierto es que no siempre se debe a ello.

Algunos de los motivos son la falta de motivación, el cansancio o el miedo a no conseguir nuestro objetivo. En el día a día, esto puede llevar a posponer desde pequeñas obligaciones domésticas hasta tareas relacionadas con el trabajo o los estudios.

El problema aparece cuando dejar algo para más tarde se convierte en una costumbre y las tareas empiezan a acumularse. Además, cuanto más tiempo pasa, mayor puede ser la sensación de agobio al pensar en todo lo que queda pendiente. Para evitarlo, existen diferentes estrategias que pueden ayudarnos a superar la procrastinación, y una de ellas es la regla de los 5 minutos.

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Qué es la regla de los 5 minutos

Esta idea parte de una premisa muy sencilla. Cuando una tarea genera pereza o cuesta encontrar la motivación necesaria para comenzar, en lugar de pensar en todo el tiempo que habrá que dedicarle, céntrate en empezar y hacer esa tarea durante solo 5 minutos. De esta manera, nos resulta más sencillo empezar con dicha tarea.

Según explican diferentes expertos, basta con comprometerse a realizar esa actividad durante este tiempo. Una vez transcurrido este tiempo, la persona puede decidir si quiere continuar o si necesita parar. La clave está en quitarnos la presión de tener que terminarla y centrarse únicamente en comenzar.

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En muchos casos, superar esos primeros minutos puede hacer que continuar resulte más sencillo. Al ponerse en marcha, la sensación de esfuerzo puede disminuir y la tarea deja de parecer tan difícil como cuando todavía está pendiente.

Persona procrastinando. (Getty Images)
Persona procrastinando. (Getty Images)

Además, esta estrategia puede aplicarse a situaciones muy diferentes. Estudiar, ordenar una habitación, responder correos electrónicos o hacer ejercicio son algunos ejemplos. No se trata de obligarse a terminar aquello que se ha empezado, sino de reducir la barrera inicial que muchas veces impide ponerse manos a la obra.

Por qué puede funcionar esta técnica

Uno de los motivos por los que esta estrategia puede resultar útil es que modifica la forma en la que se percibe una obligación. Cuando una actividad parece demasiado larga, compleja o desagradable, es fácil que el cerebro la interprete como algo que conviene evitar. Al reducir esa percepción, la resistencia puede ser menor y resulta más sencillo enfrentarse a ella.

Además, completar pequeños objetivos puede generar una sensación de avance que ayude a mantener la motivación. Esto resulta especialmente interesante cuando una persona lleva tiempo acumulando tareas y siente que no consigue avanzar. En lugar de valorar únicamente el resultado final, centrarse en los progresos permite percibir que se está haciendo algo.

La técnica también ayuda a tener una relación diferente con las obligaciones. No siempre es necesario esperar a sentirse motivado para actuar. En ocasiones, la acción puede preceder a la motivación, y comenzar una actividad puede hacer que aparezcan las ganas de seguir.

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