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Las anécdotas más locas del rey Juan Carlos en el Palacio de Marivent: le regaló un polo a Chávez con la frase “¿Por qué no te callas?” y navegó con Lady Di

En sus memorias, el rey emérito también cuenta el motivo por el que ETA no se atrevió a acabar con él en su barco o su visita a su vecino, Joan Miró

El encuentro de Chávez y el rey Juan Carlos, en montaje de Infobae (Casa Real / Europa Press)
El encuentro de Chávez y el rey Juan Carlos, en montaje de Infobae (Casa Real / Europa Press)
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El rey Juan Carlos I tiene el Palacio de Marivent en el centro de sus recuerdos de verano, aunque desde su abdicación ya no disfrute del descanso en Mallorca junto al resto de la familia real. En sus memorias, Reconciliación, el rey emérito presenta el palacio mallorquín como refugio familiar, escenario diplomático y también lugar de grandes anécdotas con una gran variedad de personalidades históricas como Joan Miró.

La familia real empezó a pasar la Semana Santa y el verano en Marivent a partir de 1974, y Juan Carlos I vincula ese traslado al desarraigo de la reina Sofía tras el golpe de Estado de los coroneles en Grecia en 1967, que dejó a la familia real griega sin bienes y a la emérita alejada de su país: “Sofi, apartada de su país natal, regresaría a los bellos paisajes del Mediterráneo gracias a nuestras escapadas estivales en Palma de Mallorca”, escribe a través de su biógrafa, Laurence Debray.

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En el libro, el rey emérito describe Marivent como una casa construida en los años 20 por el pintor griego Juan de Saridakis y cedida en 1966 por su viuda a las Islas Baleares. El propio Juan Carlos I explica que “Marivent significa ‘mar y viento’ en catalán”, y lo presenta como un gran edificio de estilo mallorquín, con fachada pétrea cubierta de hiedra por el interior y volcado sobre acantilados con pinos frente al mar.

El rey Juan Carlos en Mallorca (IB3)
El rey Juan Carlos en Mallorca (IB3)

Los veranos del rey Juan Carlos en Marivent

La utilidad del palacio iba más allá del descanso. Juan Carlos I sostiene que sus dos plantas dedicadas a habitaciones le permitían recibir a “muchas personalidades y jefes de Estado”, mientras la terraza cubierta se convertía en comedor y la piscina de la parte baja “hacía las delicias” de sus hijos. “Lo que me encantaba de Palma era salir al mar, no quedarme encerrado en casa”, afirma, antes de recordar que tomaba el café de la mañana en el restaurante de su “leal y discreto amigo” Miguel Arias, cuyo cumpleaños fue a celebrar el pasado mes de julio en un regreso fugaz a la isla tras ocho años sin pasar por allí.

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Juan Carlos I asegura que cuando recibía a dignatarios extranjeros los llevaba a navegar, y enumera entre ellos a George Bush padre, Bill Clinton, Mijaíl Gorbachov, Carlos III y Diana de Gales, Isabel II, Balduino de Bélgica o Huséin de Jordania. El libro vincula esa actividad con la proyección exterior de la isla. Juan Carlos I afirma que descubrió Palma en 1969, cuando participó en una regata y se alojó en un hotel, y añade que entonces vio “el potencial de la isla”. Es más, asegura que con su labor dejó Palma “en la cúspide, como uno de los principales destinos veraniegos de Europa”.

El yate Fortuna que pertenecía al rey Juan Carlos (Europa Press)
El yate Fortuna que pertenecía al rey Juan Carlos (Europa Press)

En ese mismo pasaje, el emérito encomienda el relevo a Felipe VI. “Ahora le corresponde a mi hijo seguir promocionando la isla”, escribe, aludiendo a la recepción de jefes de Estado y a la participación en la Copa del Rey, mientras subraya que Sofía sigue pasando allí todos los veranos “con la mayor discreción”, junto a su hermana la princesa Irene de Grecia, que tras fallecer este año deja a la monarca sin su principal apoyo por primera vez.

De la amenaza de ETA al regalo a Chávez

Las memorias también recogen el lado menos conocido de esos veranos. Juan Carlos I recuerda que siempre posaba un día junto al resto de la familia real ante los fotógrafos a las puertas de Marivent y sostiene que entonces había “cierto entendimiento” con la prensa: “Yo los conocía, ellos me conocían”. Sin embargo, le hicieron un robado: “Consiguieron hacerme una foto desnudo, tomando el sol en mi yate, que se vendió a la prensa italiana”. Añade que “ningún periódico español quiso publicarla” y lo atribuye a que “todavía se respetaba la institución de la Corona”.

El rey Juan Carlos junto a Felipe VI y la princesa Leonor (Europa Press)
El rey Juan Carlos junto a Felipe VI y la princesa Leonor (Europa Press)

El libro incorpora también las amenazas de la época de ETA. Juan Carlos I afirma que en el verano de 1977 desactivaron una bomba en Palma de Mallorca mientras él pasaba allí sus vacaciones, y añade que otros atentados contra él fueron frustrados en la isla. Sobre una de esas situaciones escribe: “Durante varios días, ETA me tuvo en su punto de mira. Tenían un escondite en el puerto de Palma de Mallorca, a tiro de piedra de mi barco, adonde iba todos los días”. Su versión sobre aquel episodio se remata con una explicación sobre por qué no se produjo el ataque: “No se atrevieron a disparar porque no tenían un plan de fuga y no sabían cómo escapar de la isla después de asesinarme”.

Entre las anécdotas políticas, el emérito sitúa en Palma su reencuentro con Hugo Chávez en julio de 2008, meses después del incidente diplomático del “¿Por qué no te callas?”. Juan Carlos I relata que le recibió en su residencia de verano y que le dijo: “Tengo un regalo para ti”, antes de entregarle un polo con la frase “¿Por qué no te callas?”. La escena, tal como la cuenta el libro, continuó con otra pulla. “¿Sabes quién me lo ha enviado...? Uno de tus mejores amigos: ¡Bush padre!”, le dijo. Juan Carlos I sostiene que aquel encuentro “amistoso” ayudó a restablecer la armonía en las relaciones hispano-venezolanas y que Chávez anunció la venta de petróleo venezolano a España a “precios de amigo”.

El rey Juan Carlos en Marivent con Chávez y Maduro (Casa Real)
El rey Juan Carlos en Marivent con Chávez y Maduro (Casa Real)

El encontronazo de la reina Letizia con la reina Sofía

Su última Semana Santa en Mallorca ocupa otro de los pasajes más polémicos del libro. Juan Carlos I asegura que, desde su abdicación, solo ha estado allí una vez, en 2018, “a petición de la Casa Real”, que quería mostrar “la unidad y la armonía de la familia real”. El balance que hace de aquella visita es rotundo: “Resultó ser un desastre”. A continuación atribuye ese desenlace a un episodio concreto. “La reina Letizia, mi nuera, se enfadó con Sofi delante de las cámaras, al salir de la misa de Pascua”, escribe, antes de añadir: “Los montajes de los comunicadores no consiguen milagros. Creo más en la espontaneidad y en la veracidad”.

El rey emérito ha sido homenajeado con el Premio Especial del Jurado de la Journée du Livre Politique por sus memorias, ‘Reconciliación’

El libro cierra el retrato veraniego de Palma con una escena cultural. Juan Carlos I cuenta que conoció a Joan Miró, cuyo estudio estaba “justo detrás” de su casa de Palma, y recuerda que le preguntó: “¿Puedo echar un vistazo?”. Según narra en Reconciliación, el pintor le permitió curiosear entre las obras apiladas y le regaló un pequeño lienzo de Mallorca, en su azul característico, que el emérito asegura conservar en la Zarzuela.

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