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La expectación por el eclipse de 1905 que dejó de lado el interés científico: una competición por la atención del rey Alfonso XIII, globos aerostáticos y un impulso al turismo

Aunque los grandes científicos se desplazaron por Europa y América para estudiar si habría un posible “planeta por descubrir cerca del Sol”, en España la ciencia se transformó en fiesta

Elevación de globos en el Cuartel de Fernán González durante las fiestas celebradas con motivo del eclipse solar (Archivo municipal de Burgos)
Elevación de globos en el Cuartel de Fernán González durante las fiestas celebradas con motivo del eclipse solar (Archivo municipal de Burgos)
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A pocas horas de ser testigos de un eclipse solar histórico, las ganas crecen exponencialmente. Debido al gran interés que suscita este fenómeno astronómico, se han movilizado grandes investigadores de la comunidad científica, así como ciudadanos, tanto nacionales como internacionales. Pero la expectación que se nota en el ambiente, al presenciar un eclipse total por primera vez en más de 65 años, puede no ser tan grande como la que se vivió con el del 30 de agosto de 1905.

El evento, que también formó parte de un ‘Trío de Eclipses’, solo que en una secuencia diferente (1900, 1905 y 1912), pudo presenciarse desde distintos puntos españoles. Pero también se extendió por países como Francia, Reino Unido, Italia, Suiza, Portugal, Países Bajos, Rusia, Hungría, México y Estados Unidos. Cada uno de ellos, como subraya el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), se ocupó de “distintas tareas para avanzar en el conocimiento de la física solar, así como la posibilidad de que quedara algún planeta por descubrir cerca del Sol”.

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Visita de S.M. el Rey Alfonso XIII, la Infanta Maria Teresa y otras personas de la familia Real, a Burgos (Archivo municipal de Burgos)
Visita de S.M. el Rey Alfonso XIII, la Infanta Maria Teresa y otras personas de la familia Real, a Burgos (Archivo municipal de Burgos)

En paralelo a este interés científico, y como en cierta parte sucede hoy, “se desató una verdadera competición entre numerosas localidades para erigirse en el lugar más destacado para observar el eclipse”, recuerda el IAC. La contienda se luchó con fuerza en Burgos, Guadalajara, La Rioja y Soria, pero solo la primera de ellas fue la elegida por el rey Alfonso XIII y su familia para disfrutar del evento.

La fiesta solar que no se pudo desaprovechar

La rivalidad entre localidades para atraer la atención de las autoridades y el público fue intensa. Según el IAC, “el programa de festejos por el eclipse incluía incluso corridas de toros con los mejores espadas de la época”, en un ambiente que los periódicos impulsaron con una amplia cobertura en los meses previos.

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Eclipse solar total en Burgos, a las 13 h. 8 m. 45 sg. (Archivo municipal de Burgos)
Eclipse solar total en Burgos, a las 13 h. 8 m. 45 sg. (Archivo municipal de Burgos)

Así, las autoridades locales aprovecharon la oportunidad de promoción turística, tanto de visitantes como de científicos extranjeros, a los que pidieron un trato de deferencia y respeto. Además, el Ejército desplazó a oficiales políglotas para facilitar la labor científica.

Pero lo que realmente llamó la atención del público fueron los avances tecnológicos. “Los globos aerostáticos representaban el mayor símbolo de la conquista del aire, pues la aviación apenas daba sus primeros pasos”, asegura el IAC. El Parque de Aerostación de Guadalajara organizó vuelos históricos, destacando el globo Júpiter, pilotado por el reconocido aeronauta Berson, el Urano, bajo el mando de Kindelán, y el Marte, con el español Jesús Fernández Duro y Emilio Herrera Linares a bordo.

Telescopio manejado por clérigos para observar el eclipse solar (Archivo municipal de Burgos)
Telescopio manejado por clérigos para observar el eclipse solar (Archivo municipal de Burgos)

Este último, pionero de la aeronáutica y la astronáutica española, realizó dibujos sobre el aspecto del eclipse desde las alturas y dejó una crónica en la que describió “cómo la oscuridad se extendía bajo sus pies mientras el Sol arrancaba reflejos de las nubes”. Esta descripción se convirtió en la primera referencia a los reflejos generados por la reaparición del Sol en las capas altas de la atmósfera, un fenómeno que impresionó tanto a científicos como a observadores.

Aquel eclipse “cambió la percepción de estos fenómenos, que pasaron de ser vistos como portentos supersticiosos a convertirse en acontecimientos científicos, sociales y turísticos de gran impacto económico”. Así, aunque la tecnología y la perspectiva social han evolucionado desde 1905, la influencia de los eclipses, originada desde entonces, permanece intacta.

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