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El lugar histórico donde están enterrados todos los perros de Isabel II: una residencia real para los más de treinta corgis que tuvo la reina de Inglaterra

El cementerio canino, oculto tras un muro de piedra, solo es conocido por los miembros de la familia y el personal más cercano

Perros de Isabel II
El cementerio de los perros de Isabel II. (Grosby Group)
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Entre los muros de la finca Sandringham, en Norfolk, se encuentra un cementerio histórico reservado a los compañeros más fieles de la familia real británica: los perros de la reina Isabel II. Este espacio, inaccesible al público pese a las visitas permitidas a los jardines y la residencia, guarda el recuerdo de una relación entrañable que la monarca mantuvo desde joven con sus corgis. Para Isabel II, estos animales no eran simples mascotas, sino una parte fundamental de su vida privada y familiar, acompañándola en momentos clave de su historia personal y de la propia monarquía.

La tradición de enterrar a los perros reales en Sandringham se remonta a la época de la reina Victoria, quien ya destinaba un rincón de la finca a sus diversos compañeros caninos. Isabel II, a lo largo de su vida, crió más de treinta corgis, la mayoría descendientes de Susan, su primera perra, regalo de sus padres por su decimoctavo cumpleaños en 1944. Susan la acompañó en su luna de miel con el príncipe Felipe y permaneció a su lado durante sus años como heredera, joven esposa y, finalmente, como soberana. Tras casi quince años de convivencia, Susan fue enterrada en Sandringham, donde una lápida aún la honra como “fiel compañera de la Reina”.

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El cementerio, rodeado de vegetación y protegido por la privacidad de la finca, alberga también las tumbas de otros corgis y dorgis (cruces de corgi y dachshund), cada uno con una inscripción sencilla que resalta el vínculo entre la reina y sus animales. Las lápidas tienen escritos los nombres como Sugar, hijo de Susan y nacido poco después del príncipe Carlos; Heather, bisnieta de Susan, y Candy, una de las favoritas de la soberana, que alcanzó la avanzada edad de 18 años y falleció en 2022, poco antes que Isabel II. Cada una de estas inscripciones lleva la frase “Fiel compañera de la Reina”, sin especificar a cuál reina se refiere, perpetuando una tradición familiar que trasciende generaciones.

Sandringham: el refugio final de los corgis reales

Sandringham no solo es una residencia de descanso para la familia real, sino el escenario de los momentos más íntimos de Isabel II con sus perros. Allí, la reina compartía paseos y juegos con sus corgis, quienes la acompañaban incluso en los desplazamientos oficiales. El cementerio canino, oculto tras un muro de piedra, solo es conocido por los miembros de la familia y el personal más cercano, manteniendo intacta la privacidad y el respeto hacia los animales que marcaron la vida de Su Majestad.

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La primera lápida es la de Susan, la perra que la reina recibió en la adolescencia y que la acompañó durante el inicio de su reinado. Junto a ella descansan Sugar y Heather, así como otros descendientes directos. La última perra de la estirpe, Willow, murió en 2018, poniendo fin a una línea genealógica que Isabel II había decidido no continuar para evitar dejar la responsabilidad de sus animales a terceros tras su fallecimiento. Sin embargo, tras la muerte del príncipe Felipe, la familia York le regaló dos cachorros, Muick y Sandy, que la acompañaron hasta sus últimos días.

El legado emocional y la vida actual de los corgis

Tras la muerte de Isabel II, Muick y Sandy recibieron cuidados especiales en Windsor por parte de los ayudantes de cámara, especialmente el día del funeral de su patrona. Ahora, ambos viven muy cerca del cementerio de Sandringham, compartiendo el entorno con los restos de sus ilustres predecesores y bajo la protección de la finca privada de Norfolk. La ubicación de este cementerio, inaccesible incluso para los visitantes de Sandringham House and Gardens, refuerza el carácter íntimo y familiar del lugar, un refugio que escapa a la exposición pública y alude a la especial relación de la reina con sus perros.

Perros reina Isabel II
El cementerio de los perros de Isabel II. (GROSBY GROUP)

Las lápidas no solo evocan nombres y fechas, sino también historias compartidas: desde la luna de miel de Isabel y Felipe con Susan, a los veranos en Balmoral y las despedidas en los años recientes. La prohibición de gatos en la finca es una curiosidad más que subraya la predilección real por los perros, especialmente los corgis. El cementerio de Sandringham permanece como testimonio de un afecto discreto y perdurable, donde la reina Isabel II quiso que sus fieles compañeros descansaran para siempre junto a ella y a la historia de la monarquía británica.

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